Al descubierto / SEPTIEMBRE 23 DE 2020 / 1 mes antes

Francis, el mariachi que une corazones distanciados con sus cantos

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Francis, el mariachi que une corazones distanciados con sus cantos

Desde hace 11 años decidió comenzar a trabajar como solista para cumplir varios objetivos que tenía.

 

“Francis es un cantante con pasión y con una propuesta honesta de mostrar a la gente la música mexicana con su auténtico sentimiento de raíces colombianas. Gracias a su timbre vocal fusiona las 2 culturas dando como resultado una experiencia única”.

Así describió el maestro Enrique Herco, quien fue baterista y percusionista del mariachi Azteca de Vicente Fernández, a su colega cuyabro Francis Lotero Restrepo, a quien conocen en el mundo artístico como el Potrillo de Colombia.   

Desde que era tan solo un niño, Lotero Restrepo se contagió de la pasión por la música romántica cuando escuchaba las rancheras que ponía su padre en una radiola, en la que vibraban con las melodías de grandes cantantes como Pedro Infante y Javier Solís. Además, uno de sus tíos cantaba en un grupo musical, por lo que el protagonista de este texto aseguró que su amor por cantar lo lleva en la sangre.

El Potrillo de Colombia, de 40 años de edad, reveló que durante su infancia también veía películas mexicanas, razón por la que esa cultura siempre ha marcado sus preferencias y ha definido lo que ha hecho durante 21 años de trayectoria, en los que su arma más potente ha sido su prodigiosa voz. Con esta, ha hecho de su talento una pasión con la que se ha ganado la vida, ha amenizado eventos y hasta ha propiciado la unión de parejas que estaban distanciadas.

¿Por qué decidió ser solista?

Hace 20 años inicié con varios mariachis en Armenia y trabajé cantando con ellos durante 10 años. Pero hace 11 años quise independizarme porque había cosas que quería hacer y solo las podía lograr como solista, entonces tomé esa decisión, en la que mi esposa me apoyó.

Aparte de las rancheras, ¿qué otros géneros canta?

Desde los 8 años empecé a vestirme de mariachi e inicialmente solo cantaba rancheras. Aunque siempre me gustó la balada de los años 60 y los boleros, cuando me independicé la gente me empezó a preguntar por otros géneros musicales y me vi en la necesidad de ampliar el repertorio, ahora tengo unas 550 canciones con baladas como las de Joan Sebastian, Marco Antonio Solís, Leo Dan, Nino Bravo, entre otros. Pero también canto música colombiana.  

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¿Qué ha sido lo más grato de cantarle a la gente?

Es muy bonito cuando las personas me dicen que canto parecido a Alejandro Fernández y por eso me surgió la idea de ponerme como apelativo artístico el Potrillo porque Alejandro es el Potrillo de América, pero lo de agregarle Colombia fue después. Tuve una experiencia muy bonita que fue haber visto en Cali al mariachi Azteca de Vicente Fernández. Me acerqué al ensayo y me invitaron al próximo evento que iba a ser en Pereira para que hiciera una prueba de sonido con ellos. En pleno concierto los acompañé en la carpa. A pesar de que son tan experimentados son muy amables y lo fueron conmigo porque hasta me invitaron a México. No conocí a Vicente porque el objetivo de ellos era que yo me metiera al camerino con él, pero ese día un borracho lo tumbó en la primera canción. Estábamos Jorge Celedón, Pipe Bueno, Nelson Velásquez y yo, pero con ese incidente la logística de México nos hizo bajar a todos de la tarima.

¿Con su música pretende ayudar a las parejas a consolidar su amor?

A eso me dedico. No trabajo en cumpleaños, ni en celebraciones como los días de la Madre o del Padre. Las serenatas mías son las románticas que incluyen la pedida de mano, aniversario de casados, cantos de amor o también las bienvenidas y despedidas, dicen que hasta para despedirse de una mujer hay que hacerlo de manera amorosa. Participo con frecuencia en reuniones sociales o familiares, pero siempre me he destacado por dar serenatas de amor. Algunos mariachis están incursionando en vallenatos, incluso cantan reguetón, pero jamás me sentí cómodo con eso. Ahora puedo manejar mi cancionero y entonces me encargo de buscar los temas más bonitos de Javier Solís, Pedro Infante, Vicente, Alejandro, Mercedes Mejía y de montar un repertorio antiguo, para rescatar las serenatas de antes.

¿Es posible vivir de cantar en la manera en la que usted lo hace?

Aunque la situación ha sido muy complicada, siempre he tenido trabajo desde mi casa. Como he prestado servicios a escuelas y empresas, donde me he ganado el cariño de las personas, con frecuencia me han tenido en cuenta. Al principio de la pandemia pensé que iba a colgar mis trajes por mucho tiempo, pero de un momento a otro empezaron a resultar contratos y me han llamado hasta de otros países para que les amenice eventos virtualmente. Gracias a Dios he podido vivir de la música.

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¿Qué ha sido lo más duro que ha vivido en su trayectoria como cantante?

Lo más duro fue empezar a ejercer como solista, eso fue un reto para nosotros porque trabajando con el mariachi era conocido, uno solía tocar 10, 12 y hasta 15 serenatas en un mes. Pero cuando empecé solo llegué a pasar hasta ese mismo tiempo sin dar una, me tocó iniciar sin sonido, sin clientela y hasta pidiéndoles a las personas un equipo de sonido para poder cantar. A veces me lo prestaban pero sonaba maluco, no tenía buen volumen, no tenía puerto para conectar la memoria y yo dependía de eso. Eso fue muy tenaz, pero con el tiempo empecé a recoger dinero para comprar mis propios elementos de trabajo. Fueron muchos años ahorrando y trabajando en ventas porque siempre he vendido productos de aseo y hasta miel orgánica, como una manera de tener ingresos adicionales porque en la música hay ocasiones en las que salen muchos contratos, pero hay épocas en las que no se hace nada.

¿Ha presenciado alguna historia en la que haya logrado con su música unir a parejas que estaban distanciadas?

A las serenatas siempre llego con mi esposa, que me maneja el sonido, y con mi hija, que canta algunas canciones. Un señor me dijo una vez que quería reconquistar a la esposa porque hacía más de 15 años que no vivían juntos. Yo le contesté que era mucho tiempo para reconquistar a una pareja con una serenata, pero lo hice. Para gratificación nuestra, en la tercera canción la señora le dio un beso a él, se reconciliaron y volvieron. Eso fue muy bonito porque los hijos estaban grandes y miraban a los papás, se sonreían y se veían felices. Con la música que les canté logré ese milagro.

 

 



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