Al descubierto / ENERO 21 DE 2021 / 1 mes antes

Hernando Gómez Buendía, el ilustre pensador quindiano de la realidad nacional

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Hernando Gómez Buendía,  el ilustre pensador quindiano de la realidad nacional

Foto : cortesia

Es hermano de Carlos Alberto Gómez Buendía, quien fue presidente del Comité Departamental de Cafeteros y gobernador del Quindío. 

El quindiano Hernando Gómez Buendía, de 76 años de edad, es considerado uno de los grandes pensadores y analistas políticos de Colombia. Es el director y editor general de la revista digital Razón Pública.

Sus labores son tan polifacéticas como su formación: es licenciado en filosofía y letras, magíster en desarrollo, doctor en derecho y economía, doctor en sociología y sociología rural, entre otros. Es consultor internacional, director del Informe Regional de Desarrollo Humano para Centroamérica, columnista de 14 periódicos colombianos y declarado periodista del año en 2004. 

Ha escrito gran cantidad de ensayos y de libros académicos y su quehacer tiene una relación directa con un periodismo que no se queda en la noticia, sino que hace un análisis más profundo y estudioso de la realidad, como se refleja también en el medio que dirige y en el cual tiene un equipo interdisciplinario de lujo. 

Quienes lo conocen afirman que es un hombre respetado y serio, pero a donde lo invitan como expositor se muestra conversador, profundo y con un gran sentido del humor lleno de ironías, aunque algunos creen que es malhumorado. 

¿Qué recuerdos tiene de su infancia en el Quindío? 

Muy gratos porque las vacaciones las pasaba en una finca llamada La Picota, que queda en Barragán, muy cerca de Buenavista. 

Tengo recuerdos muy felices porque iba con toda mi familia allá, es una tierra muy linda. Entré a preescolar en Bogotá, hace mucho tiempo no voy a mi departamento, no tengo motivos para visitarlo por ahora.

 

¿Qué lo llevó a ser un estudioso de la vida nacional? 

Mi abuela era una gran lectora, muy quindiana, ella murió en el Quindío y de niño me inculcó el amor a los libros de una manera muy intensa. Me fue muy bien en el colegio y además soy inútil, solo sé leer y escribir, yo no pude hacer otra cosa en la vida. 

La formación que tuve en distintas disciplinas me ha permitido tener una visión más integral sobre muchos problemas y por eso he reflexionado y escrito muchas cosas sobre Colombia desde distintos ángulos, aunque al final soy especialista en nada.  

¿Qué les dice a los que lo califican como un gran pensador y un crítico mordaz de la política colombiana? 

Lo que trato es de transmitir mensajes complejos de una manera comprensible, por eso con frecuencia uso afirmaciones que suenan a críticas mordaces, porque es con dureza que hablo de la realidad. Escribo muy corto porque la gente no tiene la obligación de leerme.

 Soy un crítico muy mordaz, pero nunca hago ataques mezquinos ni chismosos porque de eso no sé. Lo mío son críticas, opiniones o comentarios fundados en lo que creo que es la verdad. 

Hace 20 años usted fundó el Instituto de Estudios Liberales, ¿qué logró? 

Hasta 1990 el partido Liberal dominó la política colombiana, que consistía en ciertos vagabundos cuyos copartidarios se reunían cada 4 años para escoger al presidente. En el frente nacional y la Constitución del 91 básicamente la política giraba en torno a la decisión del partido Liberal. Este escogía los candidatos conservadores y liberales. 

En ese momento se creó el Instituto de Estudios Liberales, del cual fui director y al tiempo era el secretario general del partido en mención. Era hasta chistoso tratar de modernizar el liberalismo. A propósito se me viene a la memoria una anécdota del expresidente Turbay. Un día, cuando era joven, estaba en la dirección nacional liberal presentando una propuesta de modernización para ese movimiento. Imagínese mi responsabilidad con un poco de expresidentes y parlamentarios. Como director del instituto me tocó hacer la presentación  y me preparé con mucho cuidado. 

Hablé como 20 minutos para no abusar de las personalidades. El viejo Turbay era ignorante y analfabeta, pero zorro y con esa voz gangosa que tenía me dijo: “Doctor Gómez, no me organice el partido Liberal porque me lo desbarata”. 

Con una habilidad enorme en esa sola frase me dio cátedra, me volvió pedazos y me dijo, de manera resumida, que el partido Liberal era una montonera y una federación de caciques clientelistas, como lo era él. En ese mensaje me enseñó más que lo que aprendí en mi doctorado en política. Para hablarle del Quindío, Ancízar López era un cacique que nombraba gente.  Lo que siguió con la narcopolítica fue peor. Como joven con sueños de Quijote entré a ese partido con mucha gente que no era política profesional, sin votos. Tratar de organizar ese partido era como ser monja en una casa de citas. Allí había movimientos sociales y sectores académicos. Impulsé ideas, reformas, asesoré leyes, otra cosa era que me hicieran caso. 

¿Cómo surgió la creación de la revista virtual Razón Pública? 

La revista es la continuación de ese intento de modernizar la política colombiana. Se fundó hace 11 años, yo soy el director, pero hay 107 miembros de junta directiva que pertenecen a distintas disciplinas del conocimiento y son de diversas regiones. Está dedicada a analizar no solo la política, sino la economía y la cultura de Colombia. Está padeciendo la crisis del periodismo, pero es un espacio completamente independiente y pluralista. Se ha mantenido del trabajo gratis de toda esa gente, han escrito más de 1.300 expertos porque lo que sí tiene Colombia son talentos.      

¿Cómo se han podido financiar? 

Con recursos que los fundadores ponemos  y tenemos algunos apoyos de fundaciones internacionales y ahora estamos haciendo campañas para recolectar fondos. La ventaja de los medios virtuales es que no tenemos que gastar en impresión y distribución. Mantener el buen periodismo ahora es muy difícil. 

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¿Cuál de todos los estudios que cursó disfrutó más? 

La filosofía, porque es una cosa completamente inútil, pero preciosa. Esa área del conocimiento es a todas las cosas como a Kant, excepto a las ideas. Estructura el pensamiento, es un ejercicio de altísimo rigor porque aborda las cosas más fundamentales, pero al fin de cuentas es una confusión mental. 
 



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