Al descubierto / NOVIEMBRE 28 DE 2020 / 1 mes antes

Jorge González, el calarqueño que transforma jóvenes y lugares con el arte

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Jorge González, el calarqueño que transforma jóvenes y lugares con el arte

Jorge González Vega ha sido promotor de grandes cambios sociales por medio del arte en la ‘Villa del Cacique’. Foto : Cortesía

Ha logrado sacar de las garras de la drogadicción, del delito e impedir la deserción escolar de ciudadanos en condiciones de vulnerabilidad.

Si algo impera en la vida artística de Jorge González Vega, director de la Corporación Teatro Libre Calarqueño, es la capacidad que tiene de transformar seres humanos y espacios por medio del arte, ya sea de las tablas o  de la pintura.

Hace 20 años que dirige el Encuentro Municipal de Teatro en el que participan actores del Quindío, norte del Valle del Cauca y Risaralda, también coordina el Festival Estudiantil Departamental de Teatro, en el que actúan niños y jóvenes de distintas instituciones educativas y este año, del 1 al 19 de diciembre, realizará su décima sexta versión.

Además, en la actualidad lidera el montaje de 10 murales pintados por 3 artistas y algunos estudiantes en una zona aledaña al polideportivo de Calarcá. Con ellos ha logrado darle vida a un sitio que por décadas ha sido frecuentado por drogadictos, habitantes de calles, jíbaros y delincuentes. Allí se rinde un homenaje a Segundo Henao, fundador de la ‘Villa del Cacique’, y también al cacique Calarcá. Sobre su trayectoria en el mundo de las tablas y este proyecto de muralismo renovador dialogó con LA CRÓNICA.

 

Cuéntenos un poco de su formación

Desde muy joven me encantó el teatro, pero en 2006 viajé al Festival Iberoamericano de Teatro y empecé a capacitarme con grandes maestros, como Javier Sánchez y Jorge Saura de España e hice varios talleres de escritura y de pedagogía teatral. En 2008 la secretaría de Cultura del Quindío empezó los primeros diplomados y empecé a formarme con distintas universidades. En 2009 participé con el ministerio de Cultura y la Universidad de Antioquia en una convocatoria que hicieron para homologar conocimientos a quienes teníamos una trayectoria en esto y me gradué como licenciado en educación artística, cultural y artes representativas con énfasis en teatro.

¿Cuándo y en qué circunstancias empezó a organizar los festivales de teatro?

Eso se dio después del fatídico terremoto del 25 de enero de 1999, muchos jóvenes, niños y adolescentes, desde ese mismo día, fueron a buscarme para que les prestara equipos o los acompañara en esas noches de soledad y ahí fue creciendo, poco a poco, la escena del teatro y esa entrega y deseo de apoyar a los otros.

Durante unos 4 años estuve tratando de ayudar a todos estos movimientos que había en Calarcá, eran unos 3 grupos, igual que en Armenia. En 2001 empecé con el Primer Encuentro Municipal de Teatro con 7 colectivos y ahí fui trabajando año tras año con constancia, disciplina, perseverancia y este año pude realizar su vigésima versión.

 

¿A quiénes se enfocan las clases de teatro de la Corporación de Teatro Libre Calarqueño?

Se centran en niños y adolescentes que estén en alto riesgo y que tienen alguna vulnerabilidad como los desplazamientos, que sean víctimas de maltrato en la casa, que tengan mala convivencia con los compañeros, inadecuada utilización del tiempo libre y deserción escolar. Para identificar personas con estas características tengo muy buena relación con el sector educativo y por eso puedo visitar los colegios y estoy pendiente de qué niños necesitan constantemente del apoyo por medio del arte.

 

¿Cómo ha sido ese proceso de usar el arte para rescatarlos de esos flagelos?

El arte en todas sus  manifestaciones es capaz de crear herramientas y otras alternativas para que los muchachos vean otro mundo. Manejamos un proyecto con el ministerio de Cultura que se llama Teatro en la escuela. Hemos logrado sacar de las garras de la drogadicción a muchos de estos chicos.

Cuéntenos de la creación de los murales que lidera en Calarcá.

La idea nació porque el próximo año se están cumpliendo 105 años de que el primer dramaturgo quindiano y fundador de Calarcá, don Segundo Henao, haya puesto en escena su primera obra de teatro llamada La pastora, eso fue en 1916. Las escalas donde se están haciendo estaban igual que Segundo Henao: en el olvido.

Busqué un lugar dónde empezar a plasmar unos murales y ya venía en esa labor y le había puesto especial atención a un lugar que está a 2 cuadras de la plaza Bolívar, al frente del polideportivo, que tenía más de 40 años en total abandono. Allí quise plasmar estas obras y cuando me di cuenta de que algunos concejales locales habían empezado a pintar en blanco y solicitaron el apoyo de la comunidad, me puse al servicio de ellos y les dije que quería liderar la creación de varios murales en homenaje a nuestro fundador Segundo Henao para visibilizarlo a él y a esas escalas. En esas labores empecé a buscar  el apoyo de pintores y di con la maestra Cristina Torres del corregimiento de La Virginia, quien se vinculó y así fue como empezó la idea de ir plasmando en esas obras, por ejemplo, el momento en el que Segundo Henao firmó el acta de fundación de la ‘Villa del Cacique’ sobre un tronco y en medio de un cañaduzal que acababa de comprar. En otro de los trabajos tenemos al cacique Calarcá, como un tributo que le rendimos porque Segundo Henao fue un profundo enamorado de él, lo investigó y buscó mucho sus tesoros.

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¿Qué otros pintores participan?

También estuvo el maestro Serni y llamamos a un pintor muy reconocido en el municipio, el popular Baquiro, que viene haciendo un mural allí, entonces tenemos 3 pintores y 2 estudiantes que la maestra Cristina preparó para ayudar a plasmar estos murales.

De los 10 programados, nos faltan 4 por terminar y estamos a la espera de que la alcaldía nos dé un apoyo que prometió para ayudar al embellecimiento de este sitio. La Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío, CCAQ, también piensa vincularse, los vecinos del sector han estado muy activos para apoyar este cambio.

Algo que me ha dejado muy sorprendido es que cuando empezamos este proceso encontrábamos hasta 50 colillas de cigarrillo, papelillos donde guardan bazuco, tarros de pegante, excremento, orines por todas partes. Pero ¡vaya sorpresa!, tan pronto empezó a plasmarse el arte en estos muros, todo eso comenzó a desaparecer.



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