Al descubierto / DICIEMBRE 03 DE 2020 / 1 mes antes

La creación del Festival Quindiano de Cine y Video fue toda una película

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

La creación del Festival Quindiano de Cine y Video fue toda una película

Alejandro Herrera, su fundador, contó la historia del evento y los retos que enfrentaron para hacerlo durante esta pandemia. Foto : Jhon Jolmes Cardona Núñez.

Alejandro Herrera, su fundador, contó la historia del evento y los retos que enfrentaron para hacerlo durante esta pandemia. 

El Festival Quindiano de Cine y Video culminó su versión 16 el pasado 28 de noviembre  y en esta ocasión, obligados por la pandemia, algunos eventos fueron virtuales y otros presenciales con los debidos protocolos de bioseguridad. 

El creador y director de este certamen, que expone un séptimo arte crítico y alternativo en el departamento, es el docente de comunicación social-periodismo de la Universidad del Quindío, Alejandro Herrera Uribe, quien desde el año 2004 y con el apoyo del reconocido cineasta Víctor Gaviria, se enfocó en contribuir a la formación de públicos y para cumplir con ese objetivo no solo proyecta películas, sino que realiza conversatorios, va a los parques principales de los municipios acompañado de actores y de directores para que los quindianos conozcan más de la magia y de los secretos que hay detrás de cada creación audiovisual. 

¿Cómo fueron los inicios del Festival Quindiano de Cine y Video?

Nació hace 16 años como consecuencia de un proyecto que ejecutamos con Comfenalco Quindío llamado Cine Subterráneo, que se creó con la intención de que personas que no eran cercanas a la academia y que fueran vecinas del centro de Armenia, se acercaran a este cineclub que comenzó a funcionar en el sótano de la caja de compensación familiar, en el auditorio Los Fundadores. 

Allí el invitado principal fue el cineasta Víctor Gaviria, quien se acercó a la creación de esta actividad, que nacía como inspiración de un cineclub que había en Medellín en los 80, que fue donde se formó él y se llamaba cinemateca El Subterráneo. Este fue la cuna de los directores de cine antioqueño. 

Allí empezamos con pocas personas. Comfenalco hacía toda la edición de las sinopsis, conseguíamos las películas y nos reuníamos a verlas con un trasfondo académico, conversábamos, hacíamos foros y demás. 

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Luego de eso, como vimos que el público empezó a llegar de manera masiva y el auditorio nos quedó pequeño, trasladamos la actividad al Sena del barrio Galán. 

Allí logramos una mayor audiencia con espectadores que no tenían una formación académica, pero que querían disfrutar del séptimo arte, entonces les presentábamos cine de autor, que es diferente al comercial, y esto empezó a calar mucho entre el público. 

Se mostraba una película de cierta exigencia en materia interpretativa y a los 8 días se presentaba una más ‘suave’, entonces la gente empezó a aficionarse, a amar este arte y a ir cada vez más. Eso se convirtió en un centro de apreciación de la cultura audiovisual. 

En ese último lugar que le mencioné empezamos a ver ese tipo de propuestas de formación de público. 

Más adelante fui al Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia, ahí surgió en 2003 la idea de hacer en el Quindío algo igual atado al Cine Subterráneo. Víctor fue nuestro primer contacto para traer a los directores, actores, los luminotécnicos y a los guionistas. A partir de ahí empezaron a pasar por el departamento los personajes más importantes del cine colombiano. Víctor Gaviria siempre venía a nuestros festivales y de alguna manera es su director honorario. 

Comunicadores sociales de la Uniquindío entraron este año a organizar el Festival Quindiano de Cine y Video. ¿Ahí surgió la idea de convertir el evento en una industria cultural? 

El festival ha ido ganando una vida y una personalidad propia y eso se fortificó este año con la entrada de los comunicadores sociales que lo comandaron. 

Tuvo 15 versiones en las cuales estuve al frente, pero en este 2020 los jóvenes de esta carrera, graduados y algunos estudiantes, decidieron echarse al hombro el festival y decir que lo van a convertir en una industria cultural independiente. 

Eso fue una iniciativa de Juliana Vanegas, en la dirección general, y de Carlos López, en la programación. Ellos le han inculcado un espíritu nuevo. La idea es que la universidad siga siendo aliada y las empresas que se quieran vincular, pero el festival quiere tomar un rumbo autónomo, siempre con el respaldo del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad del Quindío.  

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¿Cómo fue la experiencia de hacer este año el Festival Quindiano de Cine y Video en medio de la pandemia? 

Juliana Vanegas fue la encargada de conseguir los derechos de exhibición  con la Corporación de Cultura y Turismo de Armenia y se presentaron las películas tanto presencial como virtualmente. Ahí se unió la subsecretaría de Cultura de Calarcá y logramos que nos dieran un espacio en el teatro de la casa de la cultura de la ‘Villa del Cacique’ y allá se proyectaron unas 7 películas de cine clásico español con los derechos cedidos por la Embajada de España. 

El público no fue tan numeroso, pero sí significativo y se aplicaron todos los protocolos de bioseguridad para que pudieran verlas presencialmente. 

Por medio de las plataformas virtuales hicimos los conversatorios con destacadas figuras del cine como de la antropología y de las comunidades afrocolombianas y originarias del departamento y del país, que fue el tema de esta versión, la identidad visual y el territorio étnico. 

Durante toda la semana presentamos películas a las que la gente podía acceder gratuitamente desde las 10 a. m. hasta la medianoche. Cada día había hasta 2 diferentes en plataforma. 

A las 7 p. m. iniciaban los conversatorios para que las personas comprendieran mejor el contexto de lo que apreciaban, cuáles eran sus personajes, sus características y demás. 

¿Qué tanta cultura del cine tienen los quindianos? 

Ha habido un movimiento cineclubista muy fuerte desde la época de El Mohán, a finales de los 70 y 80. 

Este espacio movió la escena durante mucho tiempo, Cine Subterráneo tuvo una importante movida como independiente, pero también el que hubo en la Universidad La Gran Colombia. 

Han sido muy importantes los cineclubes de la Universidad del Quindío, que siempre han estado funcionando con una excelente curaduría y han contribuido a formar varias generaciones en cine alternativo y de autor. 

Pero eso es de minorías, sería muy interesante que las salas de cine comercial también abrieran sus puertas para presentar otro tipo de muestras, que algunas películas colombianas no duraran tanto tiempo en cartelera y tuviéramos más opciones porque hay un círculo vicioso muy tenaz y es que a las personas les gustan historias fáciles y es lo que presentan en las salas para que sigan comprando la boleta. No nos hemos dado cuenta de que hay relatos complejos que son muy interesantes, educativos y divertidos, pero no los programan en este tipo de cinemas comerciales. Así no es posible formar público masivamente. 
 



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