Al descubierto / OCTUBRE 08 DE 2020 / 1 mes antes

La historia de la imagen y el vídeo del Quindío condensadas en Leoncio

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

La historia de la imagen y el vídeo del Quindío condensadas en Leoncio

Leoncio Aristizábal Betancourt es un ícono de la historia de la fotografía y los videos en el departamento.

Hace sus trabajos de manera independiente y lo siguen buscando sus clientes de siempre. 

Leoncio Aristizábal Betancourt estuvo marcado por las imágenes desde su mismo nacimiento, pues en 1954, cuando él apenas llegaba al mundo, también se estrenaba en  Colombia la televisión a blanco y negro, bajo el mandato del presidente Gustavo Rojas Pinilla. 

“Los desarrollos audiovisuales tomaron gran importancia y de alguna manera me contagié de esa actividad”, rememoró. Un simple álbum de fotos que tomó de un matrimonio en La Tebaida, su pueblo natal, le abrió a Aristizábal Betancourt las puertas de la fotografía en el Quindío. La gente quedó tan satisfecha con su trabajo que desde ese momento los clientes le empezaron a llegar como por inercia. 

Aunque al comienzo se deleitaba al dispararle su cámara a los atardeceres, a las aves, a las montañas y a todo este bello paisaje cafetero, al final él se dio cuenta de que el dinero estaba hecho y su realización como ser humano también, pero si se enfocaba en los eventos sociales, que se convirtieron en su plato fuerte para poner en práctica todo eso que empíricamente había aprendido en las revistas que él leía, para terminar formándose de cuenta propia en esos menesteres. 

Cuando alguien de los municipios del Quindío iba a festejar matrimonios, primeras comuniones, grados, cumpleaños o cualquier otro tipo de evento masivo, siempre lo buscaba a él para que fuera la persona encargada de detener esos momentos especiales en fotos, que luego quedarían para el recuerdo familiar, social o empresarial. Sus trabajos son historias que aún se conservan en la memoria de aquellos a quienes les prestó sus servicios. 

Su labor empezó a ser tan cotizada que la gente, por referencia, viajaba desde otros municipios quindianos a buscarlo a La Tebaida. Más adelante Aristizábal Betancourt se dio cuenta de que Armenia carecía de esos servicios y aprovechó ese vacío comercial para montar una oficina con otros colegas en el centro de la ciudad. 

 

Vivencias que grabó en su memoria 

Hoy, cuando su cédula indica que ha trasegado 66 anualidades en estas tierras quindianas, relata que cuando apenas tenía 2 años de edad, el celador del teatro de La Tebaida le permitía entrar a ver cine gratis. La mamá salía a buscarlo y al encontrarlo entretenido allí le dejaba el tetero al vigilante para que se lo diera. 

Cuando tenía 7 años, las imágenes lo seguían persiguiendo, como si fueran su propia sombra. En el portón de su casa decidió proyectar, de manera artesanal, fotos de cómics que salían en el periódico El Tiempo y vendía las boletas a los niños del barrio para que pudieran ingresar a ver aquel espectáculo en el que el párvulo Leoncio era el anfitrión que, a tan corta edad, se daba a la tarea de explicarles a los asistentes el significado de cada figura. 

Como augura un refrán popular: ‘Desde el desayuno se ve lo que será el almuerzo’ y en su caso, siendo apenas un chico ya daba pistas de que su vida iba a estar envuelta por las imágenes. 

Mientras hacía sus primeros pinitos con fotos de paisajes, lo invitaron a exponer sus trabajos en la casa de la cultura de La Tebaida, de la cual es uno de sus fundadores. Allí llegaron unos emisarios de Colcultura, quienes quedaron encantados con sus fotografías y le regalaron una beca para participar de un seminario taller en formación de técnicas audiovisuales en la capital del país. 

Dichas actividades educativas estaban patrocinadas por la Unesco y las clases eran dictadas por maestros como Hernán Díaz —fotografía—, Marta Bocio de Martínez —televisión— y Hernando Martínez —cine—. Al culminar esas clases, Aristizábal Betancourt quedó fascinado con ese mundo y más adelante fue el primero en traer al Quindío la cámara de tres cuartos de pulgadas para la televisión, que para ese tiempo era lo último. 

Al regresar a La Tebaida quiso aplicar todos esos conocimientos que acababa de recibir y paulatinamente lo fue haciendo en cada uno de los roles que ejerció en la vida. 

Muchos de la vieja guardia quindiana recuerdan a Aristizábal Betancourt porque fue el camarógrafo del asesinado periodista Ernesto Acero Cadena cuando este era corresponsal del Noticiero Nacional en el Quindío. 

“En esos años acá no pasaba nada, se vivía en la gloria, esto era un paraíso, no había ni muertos por la violencia. Me acuerdo que Ernesto me dijo un día que ya tenía la noticia y que nos íbamos para Filandia porque allí había un cultivo de champiñones. Eso para nosotros, como simples provincianos, era una situación tan importante como cuando el hombre llegó a la Luna. Emocionados nos fuimos a cubrir esa noticia y todos felices la mandamos al Noticiero Nacional. Después nos contestaron que cultivos de champiñones en Bogotá tenían por miles, que eso no era ninguna primicia”. 

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Fotos de otros roles de Leoncio 

También hizo cámara en las noticias de Telecafé durante 15 años. Además, cada fin de mes, recorría todo el departamento tomándole fotos a los contadores de Telecom para que esa empresa tuviera una constancia de lo que en cada casa gastaban en telefonía, fue el camarógrafo oficial del Deportes Quindío durante 10 años en los que se dedicó a grabar en video los cotejos en el estadio San José. Tomaba fotos para hacer los carnets de los empleados de empresas como LA CRÓNICA, La Edeq, Tinto y muchas más. 

Todos esos trabajos los hacía de manera paralela mientras atendía las labores en la asociación de fotógrafos que operaba en el centro de Armenia. Con el tiempo, la malsana competencia entre ellos por ver quién le quitaba un cliente al otro empezó a producirle malestar a Aristizábal Betancourt y para evitar esos problemas decidió independizarse y montó una agencia en la que prestaba sus servicios llamada Leovisión. 

Allí asegura que le fue mucho mejor porque no tenía que rendirle cuentas a nadie y con la clientela que había acumulado le daba para vivir tan bien que aún hoy, cuando ya trabaja desde su casa, lo siguen buscando sus clientes de siempre para que les haga fotos o videos sociales.  


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