Al descubierto / SEPTIEMBRE 01 DE 2020 / 1 año antes

Llegó a enamorar en la Cruz Roja y terminó enamorado de la institución

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Llegó a enamorar en la Cruz Roja y terminó enamorado de la institución

El ingeniero civil Carlos Hernán Arias Betancourth nació en Cali, pero se crió en Montenegro.

Carlos Hernán Arias Betancourth lleva 41 años en el organismo de socorro. 
 

Carlos Hernán Arias Betancourth tenía apenas 13 años cuando con un grupo de jóvenes, compañeros de estudio en Montenegro, se sintió tentado a ingresar a la Cruz Roja en esa localidad. Pero en ese momento las ganas de pertenecer a esa entidad no eran precisamente impulsadas por un altruismo de servir a la población, sino porque todos iban detrás de una voluntaria que les parecía muy bonita. Competían entre ellos para conquistarla. 

Ninguno se ganó el amor de la joven, pero el ingeniero civil Arias Betancourth sí se enamoró de esa entidad de socorro. Lleva 41 años en la seccional Quindío. Empezó como socorrista voluntario en el ‘Emporio Cafetero’, fue miembro de la directiva nacional y por su capacidad de liderazgo, en 2009 fue nombrado como presidente de ese organismo en el departamento, labor en la que lleva 11 años. En sus manos está la dirección de 46 funcionarios y casi 300 voluntarios que hacen diversas labores humanas y sociales en favor de la sociedad quindiana. De su vida, de sus obras, de sus experiencias, aprendizajes y  logros, el presidente de la Cruz Roja seccional Quindío, de 55 años de vida, dialogó con LA CRÓNICA.  

¿Cómo fueron sus comienzos como voluntario en la Cruz Roja? 

Fuera de prestar servicios de asistencia humanitaria, la Cruz Roja tiene un valor agregado que es formar buenos ciudadanos en cada sitio donde hace presencia. Tuve la fortuna de que cuando cursaba el bachillerato, con apenas 13 años, me acerqué a esta entidad de socorro y a partir de ese momento me enamoré de este movimiento y terminé liderándolo. He estado en todas las líneas desde la infantil, directivo de la seccional Quindío y tuve el honor de ser parte de la junta directiva nacional. Más que un oficio, es un estilo de vida, una forma de hacer las cosas. Los que tenemos contacto con la Cruz Roja nos enamoramos de ella y no nos queremos ir. 

¿Cuánto tiempo diario le invierte a sus labores como presidente de la Cruz Roja seccional Quindío? 

La mayoría de presidentes de la Cruz Roja del país somos voluntarios ad honorem, no nos pagan por nuestro trabajo porque el pago nos lo da la sonrisa de la gente cuando queda satisfecha con nuestras labores. Lo otro que hacemos son trabajos particulares, con los que nos lucramos para poder cumplir con nuestras obligaciones económicas con la familia. Soy ingeniero civil y trabajo por fuera del departamento con obras civiles, tengo una oficina en la que presto esos servicios. La otra línea de trabajo es la Cruz Roja en la que estoy conectado todos los días las 24 horas, usualmente de manera no presencial, sino manejando las cosas por celular y tomando decisiones. 

¿Qué hechos le han producido alegría durante este tiempo de servicio? 

Hay muchos, cuando a veces podemos ayudar a un niño y sacarle una sonrisa, eso nos genera alegría y nos carga de energía para seguir trabajando. Es lo que nos sucede a todos los voluntarios, que con una simple carcajada nos sentimos pagos. Una de las últimas dichas fue poder acreditar al grupo de rescate, que fue un trabajo de más de 2 años, un esfuerzo grande de los voluntarios, junta directiva y de muchas personas que hicieron posible tener en el departamento a un grupo de rescate acreditado a nivel internacional. Solo 3 regiones lo tienen. Cada que conseguimos materializar algo valioso nos ponemos felices de lo que estamos haciendo. 

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¿Qué lo pone triste? 

Me produce tristeza estar limitados y no poder hacer más cosas, hay circunstancias de la vida que nos encantaría cambiar con los más vulnerables, ver a un niño agobiado, saber  que se quita la vida, eso nos da mucha tristeza y otras cosas en las que nos vemos imposibilitados para actuar. 

Hubo un caso reciente que nos dio impotencia y dolor, un voluntario nuestro, de 13 años, que decidió ponerle fin a su existencia en Pijao. Se llamaba Jaime Alexánder Vera y cuando las vidas se apagan a esa edad  da tristeza porque sentimos que no hicimos lo suficiente. Él no quería que lo sacaran de la Cruz Roja porque estaba contento con nosotros. Nuestro movimiento no solo atiende emergencias humanitarias, sino que le damos prioridad a los jóvenes y tratamos de formar buenos ciudadanos para el mañana. 

¿Cuáles cree que han sido sus mayores logros en la Cruz Roja seccional Quindío? 

Creería que son los mismos de todos los presidentes de la institución, que es poder mantenerla en firme. En los 12 años que voy a cumplir como presidente he logrado que la entidad permanezca en el departamento, eso me parece que es un logro importante porque es un reto mantener un ícono que todos queremos, pero que debe producir sus recursos para perdurar en el tiempo. Hay un logro que es muy relevante y es el centro de entrenamiento de búsqueda y rescate, porque es el único en Colombia y el segundo en América Latina para capacitar al personal en el trabajo en estructuras colapsadas. Otro asunto que nos hace sentir bien es poder ofrecerle al Quindío un banco de sangre con altos estándares de calidad, que a pesar de las complejas condiciones sigue suministrando hemocomponentes a la ciudadanía. Las cosas, lastimosamente, las valoramos cuando no están. Contamos con un banco capaz de producir y de entregar plaquetas, sino fuera así tocaba traerlas de Manizales o de Cali. Es importante recalcarle a la gente que done sangre allí. 

¿De qué manera ha logrado mantener la entidad? 

Nosotros hacemos convenios, de hecho ahora terminamos uno para migrantes venezolanos en el que les ofrecíamos asistencia en salud, apoyo sicosocial, contacto con sus familiares, algo de dotación y en algunos casos, hasta ayuda alimentaria. Cuando tenemos un proyecto generalmente resultan muchos donantes que nos apoyan, pero siempre deben ser labores con la comunidad. Como hay múltiples necesidades siempre aparecen patrocinadores, pero para asuntos esenciales de la sostenibilidad como pagar recibos de servicios públicos y el vigilante, para eso no se consiguen convenios, entonces me toca arrendar espacios y cobrar por algunos servicios para poder cumplir. 



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