Al descubierto / MAYO 09 DE 2020 / 1 año antes

Los moteles de Quindío quedaron parados con la COVID-19

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

 Los moteles de Quindío quedaron parados con la COVID-19

Con las entradas bloqueadas, así lucen muchos de los moteles de Armenia.

LA CRÓNICA dialogó con un administrador de 3 sitios de estos y con un empleado, quienes revelaron pormenores de lo que están padeciendo. 

 

Una canita al año no hace daño y si es en estos días de encierro obligatorio no caería nada mal para muchos que necesitan, como pan para el desayuno, liberar esos deseos reprimidos. Esos menesteres libidinosos se tornan muy complejos para aquellos que no cuentan con espacios propicios, con privacidad, para disfrutar de su intimidad, ya sea con la 'oficial' o con la 'sucursal', o como diría una reina 'muy inteligente': “hombre con hombre, mujer con mujer, o en sentido contrario”. 

Esas aventuras se complicaron para muchos desde el pasado 20 de marzo, cuando se decretó la cuarentena nacional. Desde entonces no se pueden pegar la voladita a ninguno de los 64 moteles, que según la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío, tiene el departamento. A todos esos lugares, que para muchos son un asunto tabú, les dieron la orden de cerrar preventivamente. La llegada del coronavirus le dañó la 'salidita' a más de uno.  

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Esto, a pesar de que, según Julio César Tamayo Gallón, quien administra 3 moteles en Armenia, los sitios no son un foco de contagio, “porque no tenemos contacto con los clientes, ni siquiera para cobrarles el dinero, no los vemos y siempre están en privacidad. Nuestros negocios no tienen el problema de que las personas deben trabajar a determinada distancia, porque espacio es lo que tenemos. Los clientes llegan en su carro, se cierra el garaje y luego se les abre la puerta para que salgan”.  

Pero si a los clientes se les dañó la 'salidita', a los trabajadores de los moteles, de los cuales dependen 300 familiares en Armenia, según Tamayo Gallón, se les afectó todo.  Por ejemplo, de los 14 empleados con los que cuenta uno de estos sitios en la vía Armenia – Montenegro, solo 2 están ejerciendo labores de vigilancia y cuidados de las instalaciones. Los 12 restantes están en su casa, cruzados de brazos. 

Aunque no reciben el sueldo completo, el administrador aseguró que está haciendo el mayor esfuerzo para garantizarles el salario mínimo y las prestaciones sociales a todos. Sin embargo, si la cuarentena continúa, los dueños de estos lugares de placer se van a reventar, porque las reservas monetarias se les van a agotar. A los administradores les va a tocar tomar medidas más drásticas con sus trabajadores, porque tienen muchos gastos y nada de ingresos. 

“Pagamos el IVA, el predial, la valorización, la energía, el agua, el internet, Sayco y Acinpro y cámara de comercio, todo lo legal. En total suman en promedio $20 millones los gastos fijos mensuales”, aseguró. 

Este hombre reveló que aunque ha solicitado préstamos a los bancos para poder subsanar sus obligaciones, se los han negado, al parecer, porque el negocio está frenado y porque lo que hacen “está satanizado. Nos tratan como a un bicho raro”. Por eso, a él le ha tocado recurrir a préstamos con personas cercanas. 

Fechas especiales como el día del Amor y la Amistad y todo diciembre son de bastante movimiento para estos sitios. Aunque en febrero y marzo, antes de la emergencia sanitaria, la cantidad de visitantes había disminuido. 

“El 95 % de las personas que entran son parejas. La mayoría son esposos o novios. Personas normales como usted o como yo, que simplemente están buscando algo de privacidad, de tranquilidad o quizás un lugar donde puedan estar un rato desconectados del mundo o quieran tomarse algo y no conducir hasta la casa, se quedan y al otro día se van tranquilos. Acá no hay los riesgos que pueden generarse en cualquier esquina consumiendo licor y expuestos a un accidente u otras cosas”, detalló Tamayo Gallón. 

Por sus habitaciones, explica, han pasado desde las personas más humildes hasta el más encopetado’ de los políticos o profesionales de ‘dedo parado’. “Todos lo hacen, pero calladitos”. 

Tamayo Gallón aseguró que todos los que hacen parte del gremio firmaron una carta para pedirle a la alcaldía de Armenia que les permita reiniciar sus labores lo más pronto posible. “Dios quiera que nos den permiso de abrir rápido para poder mejorar nuestros ingresos porque de lo contrario esto se va a poner muy duro”. 


Empleado con los ingresos reducidos 

Juan Andrés Delgado tiene 46 años de edad, de los cuales lleva 20 años como trabajador de un motel. Asegura que da gracias a Dios y a sus jefes que al menos recibe un salario mínimo, cuando hay empleados de otras empresas que hoy no cuentan siquiera con eso porque los han despedido. 

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Tiene una esposa y 2 hijos para sostener, porque un tercero, que es el mayor, trabaja y no depende de él. Los pocos ingresos que ha recibido durante este tiempo de cuarentena los ha destinado a lo que prima: la alimentación. Los servicios públicos y la cuota de la casa quedaron en veremos. Su familia también ha comprendido la situación y ha pasado estrictamente con lo básico. Aunque a uno de sus pequeños, que entrenaba fútbol 4 veces a la semana, le ha dado muy duro el encierro. 

Delgado no volvió a ver esas propinas ocasionales que dejaban esos clientes que se iban satisfechos, tanto por el servicio como por lo que acababan de hacer. 


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