Al descubierto / MARZO 26 DE 2020 / 2 meses antes

Luis Felipe Orozco, el arquitecto de las letras

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Luis Felipe Orozco, el arquitecto de las letras

La ironía y la burla son recursos literarios usados por Luis Felipe Orozco Orozco en su trilogía sobre la guerra.

El escritor asegura que la poesía es la herramienta más potente que tenemos para despertar la consciencia.

 

El escritor Luis Felipe Orozco Orozco construye sus textos con el mismo cuidado con el que en algún tiempo diseñó muchos edificios en su profesión de arquitecto.

El poeta mexicano José Ángel Leiva, aludiendo a esa particular combinación entre la literatura y la arquitectura, dijo sobre su obra: “sus relatos están tan bien construidos que no se caen”.

Sus padres son naturales de Anserma, Caldas, él nació en Bogotá, vivió 30 años en España, donde ejerció su profesión de arquitecto, pero ya estaba marcado con esa huella imborrable de los escritores y poetas que conoció en la Casa de Poesía Silva.

Hace 7 años, cuando llegó se radicó en Armenia, se convirtió en escritor. De la mano de la poeta quindiana Bibiana Bernal, publicó su primer libro titulado Seré breve, un compendio de narrativa y poesía corta. Este hombre, cuyos relatos están plagados de poesía, dio a conocer sus aventuras por el mundo de las letras.

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¿Cómo una persona que viene del mundo de la arquitectura termina apasionado por la literatura y la poesía?

Cuando era un adolescente tuve la suerte de conocer a escritores y poetas que frecuentaban la Casa de Poesía Silva en Bogotá. Siempre tuve una pasión absoluta por la literatura y por toda la extensión de esta, que incluye el cine, la pintura, la música y la poesía. Mantuve un contacto directo con la literatura, a pesar de que al final me decanté por una profesión técnica, como la arquitectura, que era para lo que me sentía más capacitado. El salto de la arquitectura a la literatura fue mucho más sencillo de lo que parece, simplemente un día descubrí que todo lo que aplicaba en la arquitectura, todo ese proceso de creación del arquitecto, era perfectamente aplicable a la construcción literaria. Es partir de una necesidad, de un concepto, de unas ganas de decir algo, y mediante elementos como la palabra y la estructura del escrito, se llega a un resultado que puede ser compartido con otras personas.

¿Qué otras cosas aplica en la escritura que tienen alguna relación con la arquitectura?

Como arquitecto soy minimalista, lo que significa que solo uso lo absolutamente esencial para construir las obras. En los escritos literarios más que escribir, me la paso borrando, quitándole a los textos lo que no necesitan. Al final solo me quedan los elementos que requiero para que los escritos se mantengan firmes, como las edificaciones.

Su familia fue víctima del desplazamiento forzado en Anserma, Caldas, y usted escribe una trilogía sobre la guerra: Ciudadano Mambrú, Mambrú se fue y Mambrú no volverá. ¿Tiene alguna relación lo uno con lo otro?

Debo aclarar que la vida ha sido muy generosa conmigo. Jamás he vivido un solo día de violencia. La guerra para mí es una referencia. Afortunadamente gracias a mis padres no sufrí la guerra ni estando en Europa. No padecí el hambre, pero mi historia familiar que comparto con la gran mayoría, no solamente con los compatriotas colombianos, sino con los españoles, me hace partícipe de un pasado que no puedo olvidar: venimos de una cultura violenta. Obviamente como escritor y como ser humano puedo abstraerme de esa realidad, pero me decidí por escribir sobre este asunto, que nos toca a todos.

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¿Cómo abordó esas reflexiones de la guerra?

A pesar de que no lo queramos reconocer, nuestra sociedad ama la guerra, la mitifica y la eleva a los altares. Si vemos los juegos de los niños, las películas, las obras de teatro e incluso mucha literatura, antes que criticarla, permanentemente están alimentando ese monstruo. Con lo que hice pretendí ir en contravía, como muchos otros casos, que son excepciones en la historia del arte. En general, lo que han hecho grandes escritores es alimentar el juego del conflicto poniendo a unos en un bando y a otros en otro. Lo que hice fue no caer en la tentación de la pornoviolencia, no alimentar la sangre, al no contar cómo se matan los unos y los otros. Incluso, le dan calificativos a unos de buenos o malos. Considero que la manera más efectiva de luchar contra la guerra es denunciar sus causas, a los que se alimentan y se enriquecen con ella. Además, creo que hay que poner en evidencia las consecuencias de la violencia y el gran dolor que causa en la gente, en su mayoría, seres sencillos e inocentes.

El instrumento que uso se aleja del discurso porque eso es justamente lo que creo, que debemos reevaluar, porque han abusado de él y ha sido muy violento, para eso me remito a Hitler o a Mussolini. Mi herramienta, la que considero más poderosa en este caso, es la poesía. Esta es capaz de decir muchas cosas con muy pocos elementos. Creo que todo lo que tenga sentido lleva poesía, es mi lugar natural. Cuando escribo narrativa obviamente siempre estoy pensando en la poesía. El poeta Gabriel Jaime Franco dice, de una manera muy generosa, que toda mi narrativa es poesía y eso me alegra mucho porque creo que la poesía es la herramienta más potente que tenemos para despertar la consciencia.



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