Al descubierto / DICIEMBRE 01 DE 2020 / 1 mes antes

Maleta de distanciamiento, la creación de Maximiliano y Antonia

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Maleta de distanciamiento, la creación de Maximiliano y Antonia

Sara Catalina Arbeláez Gómez se siente orgullosa del ingenio de sus hijos, Maximiliano y Antonia Mikaela Bolla Arbeláez, quienes portan la maleta para alertar a las personas que no estén cumpliendo el distanciamiento. Foto : Cortesía

Trabajarán para reducirle peso a esta herramienta que busca prevenir el contagio de coronavirus y para que las baterías se puedan recargar con energía solar. 


Ver el sensor que usan los carros para retroceder les sirvió a los pequeños hermanos, Maximiliano y Antonia Mikaela Bolla Arbeláez, de 10 y 12 años de edad, respectivamente, como fuente de inspiración para usar ese mismo mecanismo en los morrales y contribuir al distanciamiento social, tan necesario para cuidar la salud de la Covid-19. 

Él pasa a quinto de primaria y ella, a séptimo de bachillerato en el colegio Gimnasio Santo Rey y allí crearon una maleta que cuando las personas no cumplen los 2 metros de distancia genera un ruido que a mayor acercamiento aumenta su intensidad. 

Sara Catalina Arbeláez Gómez, madre de estos 2 chicos, asegura que Maximiliano es amante de los videojuegos,  mientras que Antonia Mikaela ha desarrollado una pasión y talento para el dibujo y le encanta el animé. Sin embargo, cuando ambos están juntos les empiezan a fluir grandes ideas. “La imaginación les vuela demasiado”. La madre de los pequeños innovadores  y Antonia Mikaela dialogaron con LA CRÓNICA.  

¿Dónde surgió este proyecto?
Este nació en la Feria de la Ciencia del colegio, pero lo bueno es que se podían juntar para hacerlo con niños de cualquier grado, no tenía que ser del mismo salón y como los 2 se entienden tan bien entonces se hicieron juntos en el proyecto y eran todo el día hablando de lo que iban a hacer hasta que tuvieron la idea. Vimos que era algo muy factible y las ocurrencias nacen de locuras y de los niños, ellos siempre tienen esa capacidad de imaginar y de crear, somos los adultos los que matamos eso. En el colegio les dijeron que sería muy bueno que crearan algo que ayudara a menguar los efectos de la pandemia, pensaron en el tapabocas, en el lavado de manos y en muchas otras ideas. Un día estábamos con mi esposo y él empezó a dar reversa en el carro y ellos se fijaron en el sonido que hacía y Maximiliano preguntó qué era eso. Mi esposo les explicó que al retroceder sonaba así y a uno de ellos se le ocurrió: ¿Por qué no ponerle eso a los maletines para que la gente no se nos acerque?  Así nació la idea y la fueron mirando por todas partes e inicialmente la quisieron implementar en un chaleco, pero vieron que eso daba mucho calor y no le veían bastante utilidad, en cambio, al usarlo en la maleta les podía ayudar para cuidarse en el colegio en medio del virus. Esto surgió 2 meses después de la  emergencia sanitaria. 

¿Hace cuánto materializaron esa maleta con el sensor de distanciamiento? 
Hace aproximadamente un mes, porque primero investigaron mucho, yo les digo a ellos que no se trata de hacer las cosas y ya, entonces se pusieron a averiguar cómo funcionaban los sensores, por qué existían, indagaron por los ultrasonidos y el electromagnetismo. A comienzos de noviembre ensamblaron las cosas, ensayaron con muchas baterías que no les cuadraban hasta que pudieron encontrar una que encajó. Cuando se la pusieron y funcionó los gritos de emoción de ellos fueron impresionantes porque se dedicaron mucho para que todo les saliera bien. 

¿En la práctica como es el funcionamiento de la maleta de distanciamiento? 
Funciona exactamente como los sensores de reversa de un carro, usted tiene puesta la maleta y va caminando y si alguien se acerca a 2 metros empieza a emitir un leve sonido, pero a medida que la persona se va acercando más empieza a sonar y a prender las luces de esos mecanismos tecnológicos. Cuando hay una distancia de 10 centímetros deja de sonar, pero con la idea de que puedan cargar sus útiles, escribir o estar sentados en una silla, porque de lo contrario sería muy incómodo haciendo ruido todo el tiempo. Es a los 50 centímetros y a los 2 metros que el dispositivo emite sonido. El sensor funciona no solo para personas, sino para cualquier objeto que esté en una superficie. Es una tecnología que ya existe y lo que se hizo fue aplicarla a otro elemento con un fin similar, favoreciendo el distanciamiento social. 

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¿Han contemplado la posibilidad de producirlos para la venta? 
Pensarlo sí, hacerlo todavía no. De hecho, ellos quieren mejorar el prototipo porque es muy pesado y están mirando a ver si le pueden agregar carga solar con un panel, ese es el plan que tienen para estas vacaciones y aliarse con alguien que les pueda ayudar con la comercialización, lo que sería muy bueno y apoyaría a que realmente los niños el año entrante vuelvan a estudiar, porque ahora se habla de que van a ir en alternancia, pero realmente sigue todo y la mejor forma de regresar a clases sería hacerlo  con seguridad  y la idea es que esto sea algo útil para todo el mundo. 

¿Cómo se sienten con esta innovación?
A mí me gusta mucho la parte de creación.  Estoy muy orgullosa con esto porque este prototipo podría ayudar a muchas personas a prevenir el coronavirus. 

¿Tienen alguna persona que los vaya a apoyar con las mejoras? 
No, a nadie, pero queremos buscar a alguien en las universidades que nos pueda ayudar. 
 


 


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