Al descubierto / ENERO 08 DE 2021 / 1 semana antes

Mario Ramírez Monard, el hombre que canta, escribe y defiende la paz

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Mario Ramírez Monard,  el hombre que canta, escribe y defiende la paz

Recientemente publicó el libro titulado P’ arriba es p’ allá: La Manigua, una novela en la que intenta explicarle a sus lectores el origen de la violencia en Colombia. Foto : Cortesía

Recientemente publicó el libro titulado P’ arriba es p’ allá: La Manigua, una novela en la que intenta explicarle a sus lectores el origen de la violencia en Colombia. Ama la soledad para pensar. 

Mario Ramírez Monard asegura, sin sonrojarse y sin importar lo que otros piensen, que él es de Caicedonia, Quindío, porque nació en ese municipio del norte del Valle del Cauca, pero la mayor parte de su vida intelectual, académica y artística la ha desarrollado en esta tierra cuyabra. 

En Armenia fue por más de 30 años director de práctica docente de historia en la Universidad del Quindío y fue uno de los fundadores de la emisora UFM Estéreo de ese centro de estudios de educación superior. En sus venas lleva la sensibilidad de un hombre que, desde que era niño, le tocó presenciar la crudeza de la violencia y, quizás, eso lo llevó a cursar un máster en derechos humanos y a ser un promulgador de la paz, un ser que busca despertar conciencias para que sean los jóvenes los que tomen las riendas de la sociedad, libres de los viejos vicios de la política tradicional. 

Es amante y conocedor de la zarzuela, de la ópera y de los boleros. Su fibra social ha estado muy ligada a su vibración con el arte, especialmente con la música, pues canta tan bien este tenor, que le han otorgado el privilegio de entonar los himnos del Quindío, de la Uniquindío, de Montenegro, de Quimbaya, así como otras canciones de corte social y reflexivo. 

¿En qué se basó su nuevo libro P’ arriba es p’ allá: La Manigua? 

Es una historia de una familia que sufre todo el impacto de la violencia, la trama se desarrolla en el Eje Cafetero, en un pueblo que es de ficción, se llama La Libertad, aunque mucha gente lo relaciona con Caicedonia, pero puede ser Sevilla o Salento. Tiene que ver con la guerra de mediados del siglo XX y habla de cómo las familias llegan desplazadas desde Antioquia. Le hago un homenaje al Quindío con su verdor, a la guadua, a los pobladores y a sus casas. Hablo de algunos personajes que han pasado por ahí, pero no se les ha hecho un reconocimiento, como el médico Tulio Bayer, quien tenía un libro que se llama Carta abierta a un analfabeta político y se lo envió a un médico que fue su compañero y es profesor de la Universidad de Caldas. Bayer criticaba a los gobiernos, denunciaba a las empresas farmacéuticas y la forma como los ministros se robaban la plata de la salud; fue muy perseguido en Colombia y se tuvo que asilar en Venezuela, pero allá también lo atacaron. 

Regresó al país, donde lo metieron preso y por la presión de la gente se fue a París, donde murió, pero era un hombre muy especial por su forma de escribir y de enfrentar al Estado. Traté de rescatar mucho ese tipo de personajes que han pasado por la historia de una forma casi que opaca. El libro tiene mucho componente musical porque uno de los protagonistas es cantante y le gusta mucho el tango. Uno de los personajes es de Abejorral, Antioquia, y conoce a la que sería su esposa en el departamento de Caldas. Todo termina con la toma del Palacio de Justicia. Como soy especialista en derecho internacional humanitario y estudié en Washington, tengo mucha documentación sobre lo que ha sido el conflicto interno. 

¿Cuál es el objetivo del escrito? 

Que conozcan la historia de Colombia, pero no contada desde la perspectiva de un partido político, sino desde el análisis histórico de lo que realmente pasó. Quiero resaltar los valores de la unión familiar, pero en especial los que tienen que ver con la paz. 

¿Ese interés suyo porque la gente conozca sobre las raíces de la violencia en Colombia tiene relación con sus vivencias de infancia? 

Sí, quedé muy marcado desde niño cuando hubo una masacre en Caicedonia en una zona que se llama La Rivera, ahí mataron a 28 personas. A mí no se me olvida una mamá que tenían sobre una mesa, de esas de carnicería, en la que pusieron a todos los muertos. Los bandidos le abrieron el vientre y tenía 8 meses de embarazo. Le preguntaba a mi papá por qué pasaba eso. Él me daba una explicación, pero los otros daban otras. Eso marcó mucho mi vida y me llevó a formarme en historia y en derechos humanos. Mi función ha sido la de trabajar por la paz.  

¿Y su amor por cantar? 

Me subía a un escenario a cantar cuando tenía 7 años. Cuando estaba en la universidad estudié en el conservatorio de música. Los himnos del Quindío, de la Uniquindío, de Quimbaya y de Montenegro fueron grabados en mi voz, igual que el de Caicedonia. En la gobernación de 1995 recogí todos los del departamento e hice un libro titulado Los himnos del Quindío y puse a los amigos míos a que grabaran en las voces de ellos para que eso no saliera tan costoso. La Tebaida no tenía himno y se grabó en la voz de Patricia Quiceno, el maestro Kirlianit Cortés cantó el de Circasia. Eso lo hice siendo el primer director del Instituto de Bellas Artes. Como en el Quindío no me apoyaron en eso, en Caicedonia monté el Concurso Nacional de Intérpretes Solistas del Bolero y ya va en la versión 16, porque a mí me encanta la música y en eso tuvo mucho que ver mi paso como director de la UFM Estéreo. 

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¿Por qué es importante que la juventud tome las riendas de la sociedad? 

Se tiene que formar un liderazgo nacional con gente joven y muy capacitada, pero en especial que no tengan esos entornos politiqueros de esas familias tradicionales y que no sean esos clanes que han acabado con el país. 

Mire que siempre han montado a los hijos de los políticos tradicionales, el caso de los Char en Barranquilla y muchos otros. Todos llegan por los créditos que da el poder. 

Lo que pasó en Estados Unidos fue que combinaron la gobernanza con los intereses empresariales y eso es muy grave, pero no contamos con una juventud preparada profundamente para esto, sino que se pegan de todos los partidos políticos. Los niveles de corrupción solo se pueden cortar si hay denuncias claras y creo que los medios de información han jugado un papel muy importe en ese aspecto. El libro mío puede servir para que los jóvenes estudien la historia de la violencia y a partir de ahí planteen cambios trascendentales. 



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