Al descubierto / SEPTIEMBRE 24 DE 2020 / 1 mes antes

"Me preocupa que la política es sinónimo de enriquecimiento personal"

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

“Me preocupa que la política es sinónimo de enriquecimiento personal”

Juan Carlos Flórez se dedica a escribir un libro desde que se retiró como concejal de Bogotá.

Juan Carlos Flórez Arcila, historiador y politólogo por adopción, como él mismo lo dice, predice un panorama sombrío por la polarización que vive Colombia.  

“Hoy en Colombia huele a sangre, hay una atmósfera que está electrizada y puede estallar en cualquier momento”, dijo Juan Carlos Flórez Arcila, un reconocido historiador quindiano, quien hizo su vida pública en Bogotá, donde fue concejal por 4 periodos. El pasado 31 de diciembre decidió retirarse de esa corporación porque aseguró que estaba ‘hastiado’ de evidenciar que la política dejó de ser un servicio público y se convirtió en un medio para lograr el enriquecimiento personal sin que él pudiera hacer nada para evitarlo. 

Pocos saben que a muy temprana edad se fue para el exterior a prepararse y a conocer el mundo. Al regresar a Colombia, con una maestría en historia, se radicó en la capital del país. Tiene posiciones moderadas, pero críticas y acertadas de la realidad política y social. Quizás eso llevó a que, sin ser periodista, ejerciera como editor del periódico El Tiempo de Bogotá en 1998. También fue entrevistador en programas radiales con Julio Sánchez Cristo y María Elvira Samper e hizo lo mismo en La Noche de RCN televisión. 

Aunque muchos creen que es politólogo, reveló que no lo es por estudios, pero sí por adopción, pues tuvo mucha cercanía con profesores de ciencias políticas en la Universidad de los Andes y sus campañas fueron, según él, sin maquinaria y sin clientelismo. 

 Su interés por la historia está ligado al amor que tiene por la naturaleza. Curiosamente se crió entre la biblioteca de su padre y el jardín de su madre. Tiene como un dogma de vida el cuidado del medio ambiente, por lo que adora caminar y montar en bicicleta, medio de transporte que fue bandera de sus campañas al concejo de Bogotá y también a la alcaldía. Por esa coherencia entre lo que piensa y hace decidió no tener carro. Flórez Arcila le contó a los lectores de LA CRÓNICA su visión sobre asuntos actuales nacionales. 

 

¿Qué lo motivó a retirarse del concejo de Bogotá? 

Pienso que uno tiene derecho a tener ambiciones, en mí usted no encuentra a una persona que censure al que hace riqueza,  pero lo que sí le pido es que tenga algo de responsabilidad cívica. Tampoco censuro al que se mete a la vida pública, es un campo de acción extraordinario, pero me preocupa que cada vez más la política es sinónimo de un enriquecimiento personal, es un instrumento para forrarse en plata y la parte de intentar mejorar la vida de los ciudadanos se ha reducido dramáticamente. Lo que yo decía en el caso del concejo de Bogotá es que se está volviendo un cuerpo totalmente irrelevante, porque muchos alcaldes llegan con pocas opciones y entonces disponen de una cantidad de gabelas para los concejales y ellos terminan vendiéndose por un plato de lentejas, se callan. 

Cuando el político deja de representar los intereses de los ciudadanos empieza a buscar los suyos o los de otros más poderosos. El colombiano necesita justicia, seguridad, salud y educación y cada vez menos los políticos inciden sobre esos aspectos porque están centrados en el exclusivo beneficio personal. 

No quiero estar ganándome un salario extraordinario con la sensación de que no estoy cumpliendo con mi labor. A mí me decían que tenía la reelección asegurada y había hecho una campaña sin gastarme nada porque no se justifica meterle la mano al Estado para pagar las campañas. Al mismo tiempo hay que buscar cómo cambiamos este estado de cosas y sentí que ya no podía modificarlas desde el concejo de la capital. 

Vea ademas: El crimen de Ancízar López López quedó en la impunidad

 

¿Usted cree que se debe reformar a la Policía? 

Desde el primer día que fui elegido me comprometí a no tener guardaespaldas ni carros blindados. Gané las elecciones sin eso, ¿por qué tengo que meterme en un carro blindado para que los ciudadanos no me vean? Y malgastar ese servicio que tanta falta le hace a las personas. Pero sí conversaba mucho con los policías del concejo e hice grandes amigos allí. La Policía está sometida a un estrés terrible, le asignan todo tipo de tareas porque aquellas personas que tienen servicio de escoltas creen que los uniformados son unos mandaderos. ¡Lleve a mi mujer a la peluquería! ¡Traiga a mi hijo del colegio! Casi que les dicen que vayan a comprar el mercado. Además de eso es el estrés de estar todos los días en la calle con las innumerables tareas que se les asignan.

Recordarán el famoso Código de Policía, que les ordena cobrarles multas a los vendedores ambulantes. ¿De qué van a vivir?  ¿Se acuerdan de la señora de las empanadas en Bogotá? Con ellos ha ocurrido que una clase dirigente, incapaz de realizar las reformas que el país requiere, enfrenta a la sociedad a punta de represión y le ha entregado esa tarea a la Policía. Prohíbe las ventas ambulantes en Transmilenio, ¿pero cómo no va a darse esto allí si en Colombia de cada 10 trabajos 7 son informales? Si no salen al rebusque diario, no sobreviven, igual que en los municipios de Quindío. Hay barrios enteros en Armenia en los que la gente vive del diario y si alguien tiene un puesto formal es un privilegio inmenso.

Como lo dice la Corte Suprema de Justicia: “No se puede reprimir la protesta social a punta de tiros, ese no es el camino”. La Policía debería ser un cuerpo cívico, pero hay que reconocer que en el país hay fuerzas muy peligrosas frente a las cuales no podemos quedarnos cruzados de brazos. Si reformáramos hoy la Policía, pero no se hacen cambios sociales de fondo, nuevamente a los agentes los tendrían que echar a la calle cada vez que la gente sale a exigirle a los políticos que hagan reformas. Una de las necesidades en este sentido es dignificar el trabajo de la Policía porque a los uniformados que están en la calle los tratan como a un trapero y les ponen tareas en extremo difíciles. Bogotá tiene un poco más de 7.000.000 de habitantes y tiene un turno de policías que es apenas una tercera parte de los que tiene Nueva York, que cuenta con unos 40.000 para cada turno. Los agentes de acá tienen condiciones de seguridad más duras que los de allá. No estoy en el grupo de personas que crucifican a los policías. Por supuesto, hay unos que han cometido desmanes, la noche del pasado 9 de abril, hace una semana en la capital, los policías usaron armas de fuego contra los manifestantes y eso produjo unos problemas muy serios en la ciudad.


Temas Relacionados: Juan Carlos Flórez

COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net