Al descubierto / ENERO 03 DE 2017 / 3 años antes

Miguel Lesmes Gómez, un niño de Caldas que vio nacer al departamento del Quindío

Miguel Lesmes Gómez, un niño de Caldas que vio nacer al departamento del Quindío

Miguel Gómez Lesmes ha trabajado incanzablemente en pro del bienestar de los niños.

En su casa del tradicional barrio El Recreo de Armenia, acompañado de su esposa y de dos de sus hijos, me recibió amablemente uno de los personajes más emblemáticos y queridos de Armenia y el Quindío, el cabo segundo de la Policía Nacional, Miguel Lesmes Gómez.

Ya creía saber mucho de él, gracias a las reseñas publicadas y a las lecturas de muchos ejemplares de su revista El Niño, la única publicación de variedades sobreviviente de Armenia, que ha llegado al número 400 y cuya primera salida fue el 20 de febrero de 1954.  O sea, casi 63 años de los 93 de vida que tiene este “roble” humano, pues su figura está incólumne y su fortaleza está a prueba, a pesar de tantas adversidades que ha sufrido en los últimos meses, un accidente casero que lo ha inmovilizado y la muerte repentina de su hijo, Jorge Arturo, de 68 años, el pasado 14 de octubre.

Desde muy pequeño, en Fresno,  su tierra natal, sin cumplir los 16 años, comenzó el trajín laboral, desempeñando oficios varios con entereza, pues, según él, “los obreros éramos orgullosos”, ansiando siempre cumplir con la costumbre de vestirse bien el domingo, para enaltecer más la condición de sus oficios.

Recorrió municipios del Tolima y de Caldas, a pesar de su corta edad, recogiendo frascos para envasar aceites y esencias, que luego volvía a vender, siempre bajo la tutela de un comerciante, don Antonio, quien lo lanzó a ese mundo del negocio.

También se desempeñó como hornero de pan en Bogotá, pero  aburrido y decepcionado regresó a la capital de Caldas donde la sastrería lo catapultaría para ingresar a la institución policial. 

Su mentor, don Antonio, le permitió convertirse en sastre de tiempo completo. Lo hizo en la estación de Policía de Manizales, donde debía hacer “briches” para la indumentaria de la Policía montada.

No fue fácil, pues se requería recomendación y certificado de pertenencia a uno de los dos partidos tradicionales. Fue finalmente don Pedro, su jefe en la sastrería, quien se convirtió en la carta de recomendación porque ni siquiera el examen odontológico le había servido para acceder.    

Estudió en la escuela Jiménez de Quesada de Bogotá, donde se graduó en 1953.  Allí fue donde comenzó su trabajo por la protección de la niñez desamparada. 

Luego de escuchar jornadas de instrucción en las mañanas, iban a los parques de Bogotá, donde atendían y cuidaban los juegos de niños. Entre juegos, cantos y enseñanza de normas de urbanidad, el cabo Lesmes aprendió la tarea que había transmitido en ese curso otro ejemplar profesor, el sargento Luis A. Torres.

Desde 1954, cuando regresó a Manizales, comenzó la verdadera acción de protección infantil en parques, albergues y en su más encomiable obra, la granja de Villamaría, donde fue el director.  Allí aprendió otro talante de su acción, ser pedagogo.  Sin proponérselo forjó el propósito de brindar formación integral para niños de escasos recursos.  Casi 52 años después desapareció esa obra por cuenta de la politiquería.

En febrero de 1954, se gestó su producto de escritura: la revista El Niño, que nació después de proyectarlo en sus planes de vida.  “Uno con la mente es creador de todo”, fue su consigna principal, que al ser comentada a otros propulsores, salió a la realidad.    

No ha parado de escribir y eso explica la prodigiosa memoria, su agradable locuacidad y el tenerme amarrado al sillón de su pequeño vestíbulo con sus anécdotas e historias.

Fue trasladado a la ciudad de Armenia en 1961, donde continuó su tarea con la niñez. En Manizales y Armenia ha recibido múltiples homenajes y condecoraciones y conserva álbumes en su casa, repletos de menciones de prensa, fotos y reconocimientos. 

Los apoyos a su labor en el Quindío se han recibido, entre muchos, de instituciones cívicas como son el Club Rotario y la Sociedad de Mejoras Públicas de Armenia.  De él lo que más se recuerda es la creación de un recurso para la diversión de los infantes, el teatrino de títeres, algo que hoy replica su hijo Adriano.

Fue colaborador de varios periódicos:  La Patria, con su sección “Radar” en 1974 y 1975.  En la sección “La Patria del Quindío”, con “Armenia a la vista”, en los años 80.  “Armenia a la mano” en el Diario del Otún (1983) y un programa radial diario, de media hora de duración, titulado “La Policía en un minuto”.

Uno de sus sueños quedó trunco, la creación de la estampilla nacional pro infancia.  Sus ejecutorias en albergues o granjas bien podrían replicarse en varias regiones de Colombia.  

Es uno de los pocos que puede tener dos capitales tan diferentes en su corazón, Manizales y Armenia, donde nacieron sus 10 hijos, 12 nietos y 2 bisnietos. De su esposa Cleotilde Mendoza Alape me afirmó de corazón:  “con ella me ocurre una cosa muy peculiar, la quiero mucho”.

Esa noche de mi visita corroboré de nuevo que, en nuestra existencia, siempre el otro ser que escuchamos es el más especial.

 

Por:  Roberto Restrepo Ramírez



COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net