Al descubierto / ABRIL 27 DE 2020 / 1 mes antes

¡Ni "˜el putas' las pone en cuarentena!

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

¡Ni ‘el putas’ las pone en cuarentena!

Imagen de referencia Foto : Pixabay.

Trabajadoras sexuales revelaron cómo las ha afectado la emergencia de salud por el coronavirus.

Son las 5:10 de la tarde del 24 de abril de 2020. Hace frío y en los alrededores del Centro Administrativo Municipal, CAM, de Armenia, hay unos 5 policías que dialogan entre ellos, al parecer, para coordinar las acciones de vigilancia en la zona. Habitantes de calle deambulan de un lado a otro, como nómadas que van sin rumbo fijo en medio de la soledad, tan típica durante estos días de pandemia. 

Mientras tanto, al costado izquierdo de la iglesia San Francisco, en un andén, un travesti, con un 1.80 metros de estatura y con facciones de mujer, exhibe sus largas y gruesas piernas mientras está parado al lado de la entrada de una residencia a la espera de un cliente que le traiga algunos pesos a cambio de un rato de placer. Esta persona, con gestos insinuantes mira para un lado, mira para el otro y no ve a nadie. Todo parece indicar que “el día está flojo y no hay clientes pa’ trabajar”, como dice el cantante panameño Rubén Blades, en su canción titulada Pedro Navaja. 

En la acera del frente, en una esquina desierta, está sentada Melisa, una joven que exhibe sus piernas y otras partes del cuerpo, tal vez por aquello de que lo que no se muestra no se vende. Es caleña y tiene 21 años, de los cuales asegura que lleva 2 como trabajadora sexual en Armenia, la ciudad que eligió para no depender más de nadie, así fuera vendiendo su cuerpo. 

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Aunque ella y su colega aseguran que sienten miedo de infectarse del virus, les da más pavor quedarse sin el dinero para cubrir el pago diario del hotel en el que viven y para alimentarse, gastos que resultan prioritarios ahora más que nunca, cuando los lujos dejaron de ser relevantes y se vive con lo básico. 

Las ganancias monetarias de Melisa y las de sus colegas siempre han estado acordes con la cantidad de hombres que atiendan. Ella reveló que en tiempos normales se podía ganar en un solo día, de lunes a viernes, entre $200.000 y hasta $300.000 con 2 y hasta 3 clientes. Los sábados, que son los mejores días, entraban a sus bolsillos hasta $500.000, después de vender un rato de compañía a 6 compradores de placer. Ahora, cuando son las 5:30 de la tarde y le falta poco para irse a descansar al hotel, revela que logró 3 ‘raticos’ que le dejaron $90.000. 

Asegura que eso le alcanza, a lo sumo, para pagar dos días de hotel, la cena de esa noche y el desayuno del sábado. El coronavirus le dañó los jugosos ingresos, pese a que aún cumple con su horario habitual de 8 de la mañana a 6 de la tarde. Para menguar un poco esas afectaciones, esta mujer reveló que recientemente la alcaldía de Armenia le regaló un mercadito.

Un hombre en una moto se detiene cerca de Melisa y con un leve movimiento de la cabeza la seduce hacia él para negociar la propuesta de siempre. Ella, ni corta ni perezosa, atiende el llamado y a los pocos segundos arrima a decir que le salió trabajo, que la espere un momento para seguir con la conversación. 

15 minutos después regresa, pero ahora una patrulla motorizada de la Policía se detiene cerca de las pocas trabajadoras sexuales que hay en el sector y ellas se intimidan con los 2 uniformados que las miran sin pronunciar una palabra. Eso da pie para que Melisa cuente que las autoridades les piden que se vayan cada vez que pasan ronda por allí y hasta las amenazan con una multa, que de hacerse efectiva no tendrían cómo pagarla en estos días de escasez, a no ser de que pactaran un trueque en cómodas cuotas de ‘raticos’ hasta pagar la deuda. 

Esta chica termina de conversar con un hombre y enseguida enciende un cigarrillo de marihuana, según ella, para relajarse un poco en medio de estos oscuros días en los que el trabajo de algunas trabajadoras sexuales continúa, porque si hay oferta, también hay demanda, así esté un poco menguada, pero el negocio no se para. 

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Le tiene más miedo a los clientes que al virus 

Una cuadra más abajo, parada en otra esquina mientras luce un vestido amarillo mostaza ceñido al cuerpo que deja ver sus piernas y una parte de su abdomen, está Zulay Castro conversando por celular con uno de sus 4 hijos, quien está en Tulúa, Valle del Cauca. La trabajadora sexual, de 43 años de edad, asegura que lleva 7 años en este oficio que empezó en Buga, cuando se quedó en la ruina porque su pareja la dejó. 

Fue una amiga, quien al verla tan preocupada y despechada porque no tenía dinero, le propuso que se metiera en el cuento. En la primera noche se ganó $600.000. Contó los billetes una y otra vez. No lo creía. Desde entonces, aunque confiesa que se sintió sucia, no ha hecho nada distinto a vender su cuerpo para ganarse el pan de cada día. Son las 6 de la tarde y asegura que tiene el mismo dinero de Melisa, cuando antes podía tener el doble o hasta más. 

Zulay detalla que aunque por estos días están clausuradas las residencias donde puede tener intimidad con sus clientes, hay unas donde le permiten entrar a escondidas para que la Policía no le dañe el negocio. “Gracias a eso podemos comer”. Asegura que no le da miedo caer en los ‘brazos de la pandemia’ porque antes de empezar sus labores le implora a Dios para que la proteja. Además, reconoce que a veces “es más peligroso el cliente que el virus. Ayer estuve con uno que me causó temor, tenía mal aspecto y pésimas energías”. 

Afirma que su cuerpo ha sido disfrutado por policías, soldados, médicos e ingenieros. Pero, según ella, los que mejor le han pagado han sido los del área de la salud, quienes hasta le han dado consejitos para prevenir el coronavirus: “Un médico me dijo que no usara guantes y que me lavara las manos”. 

Lo cierto es que de las aventuras con ellas no se escapan ni los profesionales más encopetados. Es más, con lo anteriormente narrado se comprueba que no existe pandemia ni autoridad que aísle de la sociedad al oficio más antiguo del mundo. ¡Ni ‘el putas’ las pone en cuarentena!



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