Al descubierto / OCTUBRE 23 DE 2020 / 1 mes antes

Orlay Muñoz, un ingeniero civil con un gran corazón

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Orlay Muñoz, un ingeniero civil con un gran corazón

El ingeniero civil Orlay Muñoz Marín fue gerente de EPA durante 2 periodos. Foto : Jhon Jolmes Cardona Núñez.

Ha sido parte de diversas juntas directivas de empresas que jalonan el desarrollo y promueven lo social y humanitario en la capital quindiana. 

El ingeniero civil Orlay Muñoz Marín ha tenido una vida tan fructífera al servicio de las comunidades vulnerables y de la ciudadanía en Armenia, su tierra natal, que hoy tiene la autoridad moral para servir como asesor en las labores sociales y políticas de la tierra que lo vio nacer hace 74 años. 

En 1985, durante la presidencia en la Sociedad de Mejoras Públicas de la capital quindiana de Fabio Arias Vélez se vinculó con esa entidad y hoy es el presidente de su junta directiva. De hecho, también fue miembro de la de la Cruz Roja del Quindío, pertenece a la de la fundación Anita Gutiérrez de Echeverry, es integrante de la de la Sociedad de Ingenieros del Quindío, fue miembro de la junta directiva de Empresas Públicas de Armenia, EPA, por 7 años, y ejerció como gerente allí en los periodos de 1986 a 1988 y de 1990 a 1992. 

Además, fue catedrático de las asignaturas de instalaciones hidráulicas y sanitarias en la facultad de Arquitectura de la Universidad La Gran Colombia y de hidráulica e hidrología en la facultad de Ingeniería de la Universidad del Quindío.

Muñoz Marín es actualmente presidente del Club de Leones Monarca de Armenia, entidad que ayer, 22 de octubre, celebró 75 años de fundación. Sobre la labor social que ha cumplido la festejada institución y sus obras en EPA, dialogó con LA CRÓNICA. 

¿Cuándo conoció de la existencia del Club de Leones Monarca en Armenia? 

Mientras estaba en el colegio San José pasaba al parque El Bosque, donde estaba la plaza de toros de la ciudad, que se llamaba Circo Teatro El Bosque de Armenia y que fue construido por el Club de Leones.

Siendo niño jugaba con amigos ahí y nos metíamos a la plaza a correr por todas esas graderías y allá veía un escudo con la letra L y leones dibujados a lado y lado. El odontólogo de nuestra familia, que es el doctor Arturo Gómez Botero, era león y tenía ese escudo en su consultorio. Esos fueron mis primeros contactos visuales con el club y poco a poco me fui informando de las gestionesque ejecutaba en todo el mundo. Hace 35 años fui invitado por el coronel José Antonio Báez a pertenecer al Club de Leones Monarca en Armenia y no vacilé en aceptar. Entré como simple socio, luego fui secretario y después presidente durante muchos periodos, cada etapa es por un año y aún lo soy.  

Cuéntenos un poco de las labores que hace el Club de Leones Monarca.

La primera gesta cívica que hizo el club fue liderar todo el proceso con la Aeronáutica Civil para construir el aeropuerto y que llegara a feliz término. Se organizó una semana cívica para recoger unos dineros con los cuales se iniciaron las obras y se terminaron. Se recogieron $45.735 con 39 centavos, eso fue en enero de 1946 y el aeropuerto El Edén fue inaugurado a finales de 1947 por el presidente Mariano Ospina Pérez. 

Mientras que la plaza de toros fue abierta al público el 6 de diciembre 1948. 

En el Club de Leones le ayudamos mucho a los niños desamparados, les llevamos los aguinaldos en diciembre, nos gusta ayudar a los ancianos, el programa bandera del leonismo a nivel mundial tiene el lema que es primero la vista, por lo que colaboramos con el suministro de anteojos a alguna persona que esté necesitada. Hoy en día el gobierno cumple esa labor por medio de las EPS, pero tuvimos una época en la que cada año le entregábamos gafas a los niños de las escuelas populares de la ciudad, el Club de Leones iba y les hacía un tamizaje y se detectaban los problemas visuales en los pequeños y muchas veces nadie se daba cuenta de eso. Estamos apoyando también a los pobres vergonzantes, personas que todo lo tuvieron y que por muchas circunstancias de la vida hoy están en situaciones difíciles producto de la pandemia. 

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¿Cuáles considera que fueron sus logros más importantes durante su gestión como gerente de EPA en 2 ocasiones? 

En 1986 fui nombrado como gerente de EPA por primera vez y al terminar, en 1988,  regresé a mi oficina particular de ingeniería, que aún funciona. 

En 1990 fui nombrado nuevamente en ese cargo por el alcalde César Hoyos Salazar y ahí tuve oportunidad de hacer más obras en favor de los armenios, por ejemplo, le pusimos agua a los barrios del sur porque allí por lo regular ese líquido se iba pasadas las 5 a. m., y regresaba a las 10 p. m., por problemas hidráulicos e insuficiencia en las redes. 

En mi primera gerencia hicimos unos trabajos que solucionaron a corto plazo el problema, pero había que pensar en una respuesta definitiva a mediano y a largo plazo. En mi segundo periodo tuve la oportunidad de instalar más de 5 kilómetros de tubería en hierro dúctil. Inicié las gestiones para hacer esa obra definitiva y cuando regresé a EPA la tubería estaba por mandarse desde Brasil, entonces aceleré esos procesos y tomé la decisión de construir directamente lo requerido porque la empresa no tenía los recursos para hacer una licitación y encargarle eso a particulares. 

Entonces con los mismos obreros de EPA solucionamos ese problema en esas comunidades. En esa misma gestión dejé contratado el plan maestro de acueducto y alcantarillado para Armenia con una proyección de 20 años. Ese proyecto fue el que determinó que la ciudad debería tener 3 Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales, PTAR: La Marina, que ya está lista afortunadamente; Verdún y La Florida, que están pendientes por construir. Están un poco quedadas por las dificultades financieras, pero EPA está trabajando en eso. Por otro lado, también había fallas técnicas por las fugas y los contrabandos de agua, por eso creamos la unidad de control de pérdidas de acueducto, lo que nos permitió rebajarlas, ya que estaban en un 60 % y quedaron en un 32 % en un tiempo de un año. 

Era algo parecido a tener una fábrica de camisas y que de cada 100 hechas, 60 se perdieran. Trabajábamos a pérdida. En ese tiempo la ciudad tenía muchas basuras e hicimos las gestiones y los esfuerzos para que fuera más limpia y para eso compramos nuevos carros recolectores, hicimos un relleno sanitario con todas las de la ley, que fue piloto a nivel nacional y finalizando el primer semestre de 1992 tuve la satisfacción de recibir en Bogotá, de manos del ministro de Salud de ese momento, Camilo González Posso, el título de Armenia ciudad limpia de Colombia. 


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