Al descubierto / SEPTIEMBRE 29 DE 2020 / 3 semanas antes

Rocío Hernández, el ángel de la población vulnerable en Quimbaya

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Rocío Hernández, el ángel de la  población vulnerable en Quimbaya

Aunque ha sido difícil, Rocío Hernández Giraldo se siente feliz brindándoles apoyo a los abuelos que habitan las calles.

Le brinda atención social a los abuelos que habitan la calle y tiene proyectos productivos para mujeres de bajos recursos. 

¿Qué hace la gente sin poder comer y sin tener en dónde dormir? Esas inquietudes siempre le dieron vueltas en la cabeza a Rocío Hernández Giraldo y sintió el impulso de que algo tenía que hacer para cambiar esas crudas realidades en Quimbaya. 

Desde 2015 se dio a la tarea, con recursos propios, de darles comida en las noches a los habitantes de calle, especialmente a los adultos mayores abandonados que, como se dice popularmente, no tenían dónde caer muertos. Aunque solo estudió hasta séptimo de bachillerato, para ayudar a las poblaciones vulnerables de la localidad ella no ha necesitado títulos universitarios. De eso pueden dar fe las mujeres a las que les hizo un proyecto productivo de reciclaje. 

Aunque asegura que no cuenta con recursos, lo que sí ha tenido es sensibilidad, voluntad e interés para gestionarlos y sacar a varios ‘abuelos’ del flagelo de las drogas. En esa loable labor social ha involucrado a sus 3 hijas: Stefanny, Katherine y Laura  y también a su sobrino, Jhonni Hernández. Esta mujer, de 52 años, le abrió su corazón a los lectores de LA CRÓNICA, como lo hace con los desamparados de su comunidad. 

¿De dónde surgió su sensibilidad por ayudar a la población vulnerable? 

Pasados los años, cuando tenía familia y administraba un asadero, les daba a los habitantes de calle la comida que quedaba. Eso fue de 2015 a 2016. Después me junté con un grupo de mujeres y empezamos a ayudarlos en el terreno, a ir donde se mantenían. Nos fuimos para el polideportivo de la estación y comenzamos con 30 almuerzos que los financiaba del bolsillo mío. Después nos reunimos con otras 6 compañeras a pensar cómo le íbamos a seguir dando esas comidas a los ‘abuelitos’ porque ya eran muchos y varios estaban solos. Nos pusimos a vender tamales, rellena y arroz especial y las ganancias las destinábamos para ayudarles a los adultos mayores habitantes de calle. Muchas personas empezaron a regalarnos las verduras, los fríjoles y demás insumos para completarles la comida.

¿Luego empezó a hacer jornadas sociales?

En 2017 empezamos con las motiladas, que las donaba una academia de belleza y yo los bañaba y les daba una tarde de recreación, ese día se olvidaban  del consumo y se ponían a cantar, a bailar y nos integrábamos con ellos. Ahí conocimos a todos los ancianos que deambulan por el pueblo. El dolor más grande que siento es verlos completamente solos, abandonados en piezas y en cualquier rincón, dan mucho pesar. A los de la calle les empezamos a gestionar mercados, me iba para donde las amistades y les decía que me regalaran arroz y panela y también nos donaban para el pago de una habitación.

¿Usted tiene sede para albergarlos?

No tengo sede ni recursos. Ahora casi nadie nos da, pero seguimos gestionando para ayudarlos. Con unas mujeres que reciclan formé una asociación y de las ganancias sacamos dinero para apoyarlos.  

¿Cuántos adultos mayores ha logrado atender?

Hemos logrado atender unos 50 ciudadanos, a unos los hemos logrado ubicar con sus familiares y a otros les hemos ayudado para  que se rehabiliten de las drogas. 

¿Qué historias de ellos la han marcado?

Conozco casos muy tristes de niñas que han sido violadas por sus familiares y por eso cayeron en la indigencia. Un adulto mayor que me ha marcado mucho y es de los que más cariño le he brindado porque le mataron a toda la familia y a él le tocó huir y quedó solo acá. Logramos desintoxicar en una clínica de Armenia a varios. No es fácil gestionar recursos para ellos, pero también hemos sacado del consumo de las drogas a 4 personas mayores. 

¿Qué ha sido lo más positivo de trabajar con esta población? 

Tengo uno que me dijo que me agradecía con el alma lo que había hecho por él, porque ya no era de la calle. 

Me llevé la sorpresa porque le insistí demasiado para que se saliera de esa vida. Por su propia cuenta se internó. De un momento a otro se había desaparecido y no supimos más de él. Cuando volvió dijo que unas personas que tenían mucha plata lo estaban apoyando. Que se había ido para una finca y allá se había puesto mal, pero ellos no lo dejaron morir y le pagaron la entrada a un ancianato. 

Desde ese día no consume. Él decía que tenía que llegar nuevo donde mamá Rocío porque así me dicen. La historia de él siempre me ha impactado porque logramos sacarlo de ese laberinto de las adicciones. 

¿De qué se trata el proyecto de reciclaje con mujeres vulnerables de Quimbaya?

Desde 2018 tenemos un proyecto de fomentar el reciclaje y trabajar con mujeres, adultos mayores y habitantes de calle. Un amigo que se llama Francisco Javier López fue el que me sembró la semilla cuando me dijo que por qué no hacía un programa de reciclaje. Actualmente hay 26 mujeres involucradas en este proceso. 

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¿Cuáles son sus sueños para ayudar a estas personas? 

Mi sueño es tener un hogar de paso para cambiarles a los abuelos la mentalidad que tienen de estar en la calle, donde tengan un sitio en el que puedan trabajar y sostenerse. A ellos les hemos conseguido medicamentos y hasta ropa. 

También tenemos un proyecto que se llama la casa campesina, en el que queremos que las mujeres puedan cultivar sus productos agrícolas y transformarlos para venderlos. Ahí están las artesanías en fibras naturales como una buena opción de negocio.  



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