Al descubierto / AGOSTO 16 DE 2021 / 5 meses antes

Transformó su finca ganadera en una reserva ambiental

Autor : Alejandra Vergara

Transformó su finca ganadera en una reserva ambiental

Como ingeniero civil siempre se inclinó por el tema ambiental, en busca de propuestas para impactar positivamente el mundo.

José Manuel Patiño Gómez es un cuyabro que decidió apostarle a la conservación ambiental en el departamento del Quindío y tiene como objetivo convertir la finca familiar en una escuela de formación en producción sostenible.

En la reserva La Rivera, con jurisdicción en Salento y Filandia, abrió la oportunidad de generar un escenario enfocado a la sostenibilidad y el equilibrio ambiental.

José Manuel decidió formarse en el extranjero en una escuela de Permacultura —el arte de diseñar espacios de vida, territorios funcionales, profesiones y vidas ricas en significado, inspirados en la naturaleza— con el fin de traer esas buenas prácticas en el Quindío e inspirar a productores locales.

¿Cómo se define José Manuel Patiño?

Soy quindiano, nací en Armenia, acá crecí y luego me fui a vivir a Bogotá donde estudié ingeniería civil en la Pontificia Universidad Javeriana, hice mi énfasis en ambiental y trabajé un tiempo en la capital. Luego me salió la opción de irme a hacer la maestría en Holanda en temas de aguas.

¿Cómo inició toda esta idea en torno a la producción sostenible?

Todo empezó en el año 1974, cuando a mi abuelo, que era médico, le dio por incursionar en la agricultura y compró la finca. Eso fue contra viento y marea, la familia se opuso mucho y mi abuelita solo la visitó por primera vez en el año 1985. Mi abuelo con la ayuda de los vecinos de las otras fincas empezó a construir la carretera de la vereda. En los años 90 llegó la Reforestadora Andina o Cartón de Colombia a comprar todos estos predios por acá, le ofrecieron comprarle y él no quiso. Mi abuelo murió en 1997 y ya le quedó la finca en administración a un tío y él estaba acostumbrado a la ganadería extensiva que fue lo que se hizo siempre acá.

Ya en 2004 empezó todo lo de la declaración de zonas de protección ambiental, por eso yo fui uno de los que no quiso que esta finca se vendiera.

Ellos decían que si se hacía algo, la multa valía más que la finca y todos decían que era mejor donarla; yo les dije que sí se podían hacer muchas cosas, solo que no se podía hacer lo mismo que antes, era necesario hacer una reconversión hacia otros tipos de modelos productivos que propendan por el medio ambiente.

Esta finca son 180 hectáreas, cuando mi abuelo la compró el 90% era potrero, ahora solo quedan 40 hectáreas de potrero con un modelo silvopastoril y hay una regeneración natural en potreros y bosques.

¿Cuándo conoció la permacultura?

Me puse a investigar por mi cuenta y encontré muchos modelos como el silvopastoreo en los animales, la agricultura regenerativa, y llegué a un tema que me gustó mucho y es que la revolución verde, no solo es el trabajo en la tierra, sino el trabajo con las comunidades, como volver a la espiritualidad del ser humano.

La permacultura tiene 7 “pétalos”, entre los cuales están las técnicas de construcción en materiales naturales, trabajo en la tierra, recuperación de trabajos ancestrales, economía comunitaria — trueque—. Entonces empecé  a investigar y como estaba terminando mi maestría podía escoger dónde hacer mi tesis y me fui para Tailandia, hice el curso de permacultura, finalicé mi tesis y viví un año y medio en una ecoaldea, donde un personaje americano que trabajó siempre en petróleo, decidió montar una escuela de permacultura junto a su esposa tailandesa. 

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¿Cómo llega la permacultura a la reserva La Rivera?

Cuando estuve en la aldea en Tailandia el trabajo era: en las mañanas clase y en la tarde prácticas, tenía bosque de comestibles, huertas, manejo de agua, animales, y debíamos hacer un plan maestro y yo era el único que tenía tierra con información e hicimos una zonificación de la finca con información hidrológica y con el Igac.

Esto permitió que planeáramos este territorio desde Tailandia y actualmente tenemos la zona cero alrededor de la casa, zona de huertas, compostera y biofábrica, hicimos una investigación con más de 70 especies de hortalizas desde hace 3 años, tenemos 2 hectáreas de bosque de comestibles de diferentes especies, venimos haciendo una transición hacia una producción orgánica.

En ese escenario de sostenibilidad ¿Cómo manejan el tema de la generación de energía?

Esta finca no está conectada a la red eléctrica nacional, sino que tenemos 3 sistemas de paneles, un eólico para la casa, que nos permite encender bombillos, cargas celulares y computadores; el de la cerca que nos instaló el proyecto de la fundación Natura que es con un pánel solar y otro sistema que recoge aguas lluvias con una capacidad de almacenamiento de 60.000 litros para el tema de ganadería, invernadero y la vivienda.

¿Qué otras actividades realizan en la finca?

Actualmente, trabajamos una vez al mes con un agrónomo y hacemos talleres sobre agricultura orgánica, además, han venido estudiantes de la Universidad del Quindío a hacer recorrido en materia de investigación sobre la fauna, especies y ecosistemas que tenemos en la finca.

Igualmente tenemos alianza con la Universidad Eafit que también viene a la finca en salidas académicas.

Por otro lado, la alcaldía de Filandia puso unas cámaras trampa en la  reserva y se han identificado varias especies, entre estas el tapir y una cantidad de fauna impresionante acá, en la finca.

¿Cuál es la meta para José Manuel?

Yo deseo que la reserva La Rivera sea un centro de educación fortalecido en producción regenerativa en conservación y turismo de naturaleza donde buscamos concientizar y educar a las personas sobre la importancia de amar y cuidar la naturaleza para el futuro de todas las generaciones venideras. La meta es salir el otro año con todos los permisos a ofrecer cursos y talleres y ya estamos trabajando en eso, queremos presentarnos para el proyecto de Negocios Verdes de la CRQ, estamos en el fondo Emprender.

¿Por qué desea replicar esta experiencia?

Esto es un tema muy educativo, hemos visto que hay deficiencia  en centros de educación sobre modelos de producción sostenible, encontré en Catataima en la cordillera una escuela agroecológica y cursos de plantas medicinales en la Universidad del Quindío, pero no vi un modelo de educación y es lo que queremos hacer acá, montar esa escuela de formación sobre cosecha de agua, producción de energías limpias, compostera, cultivos. Escuelas de permacultura hay muy pocas en Colombia sé que hay en Santander y en el Huila.

¿Qué opina su familia hoy?

La familia está muy contenta, yo tengo un primo que está estudiando biología, hay otro primo que se graduó ya y le gusta el tema de avistamiento de aves, mi hermano vive en Australia y tiene ganas de venirse para acá, este es un proyecto familiar muy bonito.



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