Al descubierto / SEPTIEMBRE 19 DE 2020 / 1 mes antes

Un amor que no pueden ver, pero sí lo sienten

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Un amor que no pueden ver, pero sí lo sienten

Alexánder Ruiz Morales y Vivian Vannesa Rodríguez aman compartir su tiempo libre rodeados de la naturaleza y acompañados de Kaira, la perra labradora que le sirve de lazarillo a él.

Aunque suene contradictorio, Alexánder Ruiz Morales y Vivian Vannesa Rodríguez se ‘vieron’ por primera vez en una plataforma de encuentros virtuales entre ciegos. 

Dicen que el amor es ciego porque muchas veces nos aferramos a personas que no nos convienen y por más que nos abran los ojos, estamos tan cegados por ese otro, que ignoramos cualquier observación externa que nos alerte. 

Sin embargo, el amor que nació entre Alexánder Ruiz Morales y Vivian Vannesa Rodríguez abarca la literalidad de la frase ‘el amor es ciego’ porque ambos, residentes en Calarcá, carecen de esa capacidad de ver que tenemos la mayoría de las personas. 

Alexánder, quien hace 29 años nació en Marulanda, Caldas, es un comunicador social que trabaja para la Secreatría de Educación de Pereira, donde apoya académicamente a estudiantes con discapacidad visual. Además, es un apasionado por los trabajos audiovisuales y otros han ‘visto’ sus pinitos en algunos proyectos de Telecafé. 

La bogotana Vivian Vannesa, de 31 años, es asistente administrativa. Hace 5 años laboró en un call center en Bogotá. Pero en la actualidad está desempleada y se rebusca la vida vendiendo productos por internet y a ratos se va para la carrera 14 de Armenia a cantar con la esperanza de ganarse algo que le ayude a sobrellevar la sequía monetaria que muchos sí han ‘visto’. 

Su historia como pareja se remonta a noviembre del 2017, cuando ambos, inicialmente, no tuvieron la necesidad de ‘verse’, pues se conocieron en una plataforma de internet especializada en encuentros de personas como ellos. “El 16 de diciembre decidimos empezar la relación de manera virtual y en enero de 2018 él fue a Bogotá a visitarme. Vamos para 3 años de relación, de los cuales el primero fue a distancia, porque él me visitaba y yo también venía a verlo”, recordó Vivian Vannesa, quien aclaró que viviendo juntos en la Villa del Cacique llevan un año y 7 meses. 

Por fortuna para ellos, sus familias no le han visto problemas a la relación y, por el contrario, los han apoyado desde la distancia, quizás, porque ven que se quieren y se trata de un amor en el que ambos son sanos y laboriosos. 

No les ‘ven’ los talentos ocultos

Mientras tanto, aseguró Alexánder, algunas personas que se acercan a ellos suelen percibirlos como incapaces por su nula visión, pero están muy equivocados porque tienen su propia autonomía para cocinar y para valerse por sí mismos en todas las cosas. Por ejemplo, ambos conocen, de memoria, el edificio en el que viven y no necesitan guía para recorrerlo. Aunque él cuenta con una perra labradora, llamada Kaira, que le sirve como lazarilla para andar en la calle, pero extrañamente no hace lo mismo con Vivian Vannesa, situación que, según explicaron, se debe a que a ellos los educan para ayudar a una sola persona. 

Ella asegura que de Alexánder “me encantó su forma de expresarse, me pareció un chico inteligente, centradito, distinto a tanta gente superficial y que con él se pueden sostener muy buenas conversaciones, eso fue lo que me llamó la atención”. Mientras que a él le gustó de Vivian Vannesa que “es muy tierna, muy brillante y que tiene una forma muy especial de tratarme”.   

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Entre los asuntos positivos de la relación ella resaltó que en este tiempo han compartido muchos momentos juntos, tanto en lo afectivo, como en lo laboral, lo que les ha permitido apoyarse. Sin embargo, como en cualquier contacto humano, no han faltado los desacuerdos, que siempre se arreglan tratando de buscarle salidas a las formas distintas que tienen de entender sus mundos. A la hora de tomar decisiones, aseguran que se apoyan. “A pesar de que cada uno haga sus cosas siempre buscamos del otro un consejo o una opinión para saber si lo que estamos haciendo está bien”. 

En resumen, el dialógo permanente ha sido una de las claves para mantenerse, porque ella confiesa que otra ha sido el bullying ‘sano’ que él le practica con regularidad porque para darle algo de ‘picantico’ a la relación y salir de la monotonía, Alexánder suele ser un bromista de tiempo completo con Vivian Vannesa. Al hablar de anhelos comunes, Alexánder no duda en afirmar que lo primero es tratar de sostener la relación, tener cada uno un empleo estable y adquirir una casa propia. En ese momento interrumpió ella para decir que sueñan con poder tener una ‘casita de campo’. Él añadió que, si Dios se los permite, tienen como meta también compartir juntos en muchos lugares. 

Un amor que viven y sienten 

Más adelante detallaron que en esos primeros días de conquista, Salento siempre fue como su refugio de amor, como ese remanso en el que ambos encontraron un especio propicio para conocerse y quererse, teniendo como fondo de inspiración la tranquilidad local y el verde del paisaje. Ahí ella descubrió que él cocinaba muy rico y a diferencia de otras parejas, él le hace de comer. Por su parte, Vivian Vannesa lo apoya a él en asuntos de redacción, para lo que Alexánder, reconoce, siempre ha sido flojito. De esa manera se complementan y compaginan el uno con el otro, como anillo al dedo, aunque pocos lo ‘vean’. “La gente cree que una persona ciega no tiene sexo, le preguntan a uno que cómo lo hace o que si tiene un hijo. ¡Ay, no, usted bien ciego y con un hijo!”, le dicen a uno y no es que los ciegos nos quejemos, es que la sociedad no ha entendido que nosotros no somos menos que nadie. Aunque uno tiene una discapacidad también tiene la capacidad de adaptarse a las circunstancias porque si usted pierde algo busca la manera de reemplazarlo”, subrayó Alexánder. 

En sus ratos libres a ellos les encanta hacer cosas diferentes, salir a comer algo que los saque por un momento de lo cotidiano y que cada uno tenga sus espacios para compartir, por separado, con sus amigos, aunque ella es más sociable que él, por lo menos en las redes sociales. 

Alexánder y Vivian son el ejemplo perfecto de que en el amor no siempre  prima lo físico y lo que mantiene viva su relación es la admiración por esas cualidades que han descubierto el uno del otro. En su caso, el amor no se ve, pero sí se siente.



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