Al descubierto / SEPTIEMBRE 22 DE 2020 / 1 mes antes

Un empírico que ha recuperado la memoria histórica de Montenegro y Quimbaya

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Un empírico que ha recuperado la memoria histórica de Montenegro y Quimbaya

Carlos Aurelio González Restrepo es autor de manuscritos que recopilan la historia de municipios quindianos.

Es integrante del Centro Local de Historia del 'Emporio Cafetero'. 

No posee un título universitario que lo acredite como periodista, pero con su voz pausada, serena y melodiosa no tiene nada que envidiarle a los mejores locutores de la radio. Desde que empezó la pandemia Carlos Aurelio González Restrepo se dio a la tarea de recuperar las pequeñas historias de los municipios del norte del Quindío para narrarlas en la emisora Quimbaya Estéreo. 

Hasta el momento cuenta con más de 120 audios que también son enviados por medios virtuales y que tratan, entre muchas otras cosas, de la llegada del tren a Montenegro, de la importancia de la palma de cera en el departamento o de cuentos tan cotidianos como los de esos personajes que no pueden faltar en los pueblos: el bobo, el loco y hasta los alcaldes que han dejado huella por sus particulares maneras de  gobernar. 

González Restrepo tampoco es es historiador, pero sus investigaciones del patrimonio cultural y popular de Montenegro y Quimbaya lo han llevado a conocer a fondo el pasado de estos para recuperar memoria histórica. De hecho,  fue presidente del Centro Local de Memoria Histórica del ‘Emporio Cafetero’. Las narraciones de este autodidacta fueron consignadas también en un boletín mensual al que llamó Tertulia y Cátedra Cultural, que se puede consultar en las bibliotecas públicas de esas 2 localidades. Este hombre culto, lector empedernido y catalogado como un gran gestor cultural, dialogó con LA CRÓNICA. 

¿De dónde nació su interés por conocer sobre la historia de Montenegro y Quimbaya? 

Surgió de una serie de inquietudes que he tenido durante los últimos 15 años y de las cuales surgió una investigación que empecé en 2005 para crear un inventario del patrimonio cultural de Montenegro. De ahí nació la idea de realizar una serie de crónicas o de pequeñas reseñas que me han permitido darle más profundidad a la historia del Quindío, de Montenegro, que es donde nací, y de Quimbaya porque en los últimos 8 años he estado muy vinculado con su historia y en este momento vivo en una de sus veredas que se llama Las Partidas. 

 

¿Cómo se fundó el cementerio Libre de Montenegro? 

En estos municipios se daba el fenómeno de que la población era expulsada por las guerras civiles y por las luchas políticas y había sectores liberales o librepensadores, como los llaman otros, influenciados por la masonería. Eso provocó que en varios municipios de la región se fundaran cementerios laicos o libres, como es el caso de Circasia en 1933 y en Montenegro en 1934, donde un grupo de ciudadanos en su lucha por defender las ideas liberales y en contradicción de la posición tan cerrada de la iglesia católica decidió crear ese tipo de necrópolis laicas o libres en un acto de rebeldía frente a las posiciones tan dogmáticas y tan cerradas de los conservadores. El cementerio Libre de Montenegro es oficial porque fue creado por un grupo de concejales y de ciudadanos del municipio. Ahí participaron personas reconocidas como don Luis Carlos Flórez, creador del himno de Montenegro y un destacado líder de esas ideas de librepensadores que llegó a ser representante a la Cámara, y entre ellos se destacaron otros miembros del partido comunista. Los que no aceptaban la posición de la iglesia eran considerados como masones y no eran enterrados en los cementerios católicos y cuando de pronto aceptaban sepultar a una persona de esas, lo enterraban en un rincón del camposanto católico, abandonado y aislado como una forma de discriminarlo. 

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¿Cómo surgieron sus audios radiales sobre historia y patrimonio? 

Siempre mantuve periódicos estudiantiles, publicaciones culturales de Montenegro durante muchos años, logré mantener una revista que se llamaba Tertulia y otra que denominé Cátedra cultural, que está desde 1983. Hasta febrero pasado la entregué. Esa publicación me ha permitido estudiar, escribir y entregarle a la comunidad un plegable en el que narro estas historias que ahora se están conociendo en audios. Estos últimos surgieron como producto de la pandemia. Tengo 66 años y eso me obligó a estar encerrado, pero a la vez me ha permitido meterme más en la investigación histórica y de defensa de la memoria porque vi la necesidad de continuar con la Cátedra cultural, pero en una forma virtual para reinventarme. Hablé con el gerente de la emisora de Quimbaya y él me permitió publicarlos, son pequeñas reseñas históricas de 2 minutos. Las he llamado Cátedra cultural radio. 

 

¿Qué historias populares y de la cotidianidad de esas localidades ha trabajado? 

He hecho varias historias de esas y las he publicado en plegables, revistas y en un libro que salió hace 15 años que llamé Los Relatos del Totumo y que fue producto del inventario patrimonial de Montenegro. En ese trabajo hay historias del loco, del excéntrico, de los apodos y demás. Es muy importante esa recuperación de la memoria porque eso no deja perder las raíces, la pertenencia y la identidad cultural de los pueblos y de sus pobladores. Escribí sobre un personaje al que le decían comandante en mi tierra porque siempre quiso ser bombero, pero nunca pudo serlo porque tenía problemas psicológicos. Sin embargo, se vestía como tal y participaba en los desfiles. Él fue funcionario de la alcaldía y disfrazado de bombero hacía el papel de mensajero de una manera muy eficiente porque era el más constante y donde no lo dejaban entrar se metía uniformado a la brava. Él murió hace como 6 años, fue de la década del 70. 

 

¿Sobre qué otros personajes llamativos ha escrito? 

Hubo un alcalde de Montenegro al que le decían Mérmele porque en esa época apenas estaban llegando los primeros automóviles. Él como inspector de tránsito se paraba en una esquina y le llamaba la atención a los conductores: mérmele y así lo dejaron. Tuvimos otro mandatario al que lo llamaban Llévelo y era porque se paraba con varios policías y si veía un grupo de 4 o 5 personas y no le gustaba alguno le decía a los agentes: llévelo. A otro burgomaestre muy famoso lo apodaron Silo cemento porque cobraba las multas en cemento para pavimentar las calles del pueblo. 

 


 

 

 

 



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