Al descubierto / MARZO 05 DE 2020 / 5 meses antes

Un quindiano es el que lleva las riendas de Q'hubo Bogotá

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Un quindiano es el que lleva las riendas de Q’hubo Bogotá

Carlos Andrés Jaramillo Palacio tiene a su cargo a 12 profesionales, entre periodistas, diseñadores y un reportero gráfico en una ciudad que cuenta con 20 localidades y con nueve periódicos, que son su competencia.

Carlos Andrés Jaramillo lleva 9 años como editor general del medio. 

Aunque Carlos Andrés Jaramillo Palacio, de 44 años de edad, nació en Medellín, su esencia es quindiana. A los 2 años de vida sus padres lo trajeron a vivir a Armenia, de donde son naturales.

En esta ciudad creció y disfrutó en la infancia y la adolescencia rodeado del hermoso paisaje del departamento. Por eso se considera más quindiano que paisa.

Aunque cursó algunos semestres de derecho en la Universidad La Gran Colombia, renunció para irse a estudiar comunicación social - periodismo en la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá.

Este año cumplirá 9 años como editor general del periódico popular Q’hubo en la capital del país. Su responsabilidad es tan grande como esa ciudad, pero la premisa de trabajo periodístico que impera en su profesión es el respeto por la gente. Eso le ha permitido ser exitoso en el arte de dirigir periodistas, diseñadores y fotógrafos en una megaciudad. Sobre estos y otros asuntos personales dialogó con LA CRÓNICA. 

¿Cómo es eso de que nació en Medellín y a los dos años lo trajeron a vivir a Armenia? 
Si me preguntan de dónde soy, digo que de Armenia. Mi papá nació en el corregimiento de Barcelona, Calarcá, y mi mamá es de la ‘Ciudad Milagro’. Mi papá laboraba con los almacenes LEY en Medellín y estando allá nací yo. Pero cuando el trabajo se le acabó, como a los 2 años, nos devolvimos para Armenia. Allí crecí y estudié. Entonces de paisa no tengo ni el 0,1 %. 

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¿Qué recuerdos tiene de su infancia en Armenia? 
Nosotros vivíamos en una urbanización que está en el camino de Armenia a Circasia, llamada El Paraíso. Tengo muchos recuerdos de una finca que mi familia tenía por Calarcá. 
Fue una infancia muy linda, creo que muy poca gente ha gozado de una niñez tan chévere, tan tranquila y con tantas opciones de actividades para hacer. 

¿Qué de esa infancia lo llevó a convertirse en periodista? 
A mí siempre me gustó mucho leer y escribir. Sin embargo, estudié dos años de derecho en la Universidad La Gran Colombia, pero sentía que eso no llenaba mis expectativas. Aquello fue antes del terremoto de 1999. 
Pero me salí de esa carrera y vi que la comunicación era lo mío y me vine para Bogotá a estudiar comunicación social - periodismo en la Universidad Sergio Arboleda. Por futuro profesional y proyección, me pareció que la capital en el asunto de los medios y de la comunicación era más amplia y tenía más oportunidades que en Armenia. 
Era despegarse de la casa, estar solo, salir, ser independiente sin duda eso lo forma mucho a uno. Llevo 22 años viviendo en Bogotá. 

¿Cómo fueron sus comienzos como periodista? 
Cuando estaba en segundo semestre, en el 2000, entré a EL ESPECTADOR a hacer prácticas, porque el profesor Víctor Diusabá me convidó para que me familiarizara con las labores de una sala de redacción y viera cómo eran los cierres. Inicialmente era durante 6 meses, pero me quedé como 6 años. Gran parte de mi carrera la hice con ese periódico. Yo tenía claro que la prensa escrita era la que me gustaba, siendo la radio y la televisión muy buenos medios. El docente me dijo que hablara con el jefe de redacción para ir de vez en cuando, pero me fui involucrando y me quedaba en los cierres hasta las 3 o 4 de la mañana y con el tiempo me fue atrayendo más esa labor. 

¿Cuáles son las mayores dificultades que ha tenido como editor del Q’hubo Bogotá? 
La responsabilidad es muy grande, porque es la capital. Nosotros tenemos una circulación de 55 mil periódicos diarios, entonces más que dificultades es como una presión interna, pero chévere, no es que me sienta desesperado. Lo que hago es tratar de llevarle a la gente un muy buen producto y que llegue bien a todos los rincones de Bogotá, que la información sea veraz. 
El área judicial hay que manejarla con pinzas, porque además de la veracidad y de la credibilidad, que es la razón de ser de nuestro oficio,  también hay unas implicaciones legales, entonces buscamos que no nos vayan a demandar. 
A veces, cuando los periodistas van a hacer reportería, no faltan por ahí los casos malucos, pero eso finalmente no es tan frecuente. 
Nuestro lector es exigente con el producto, así uno crea que es popular, exige cada vez más un mejor impreso, que la información sea útil para que, por ejemplo, tenga cuidado al pasar por ciertos sitios.  

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¿Qué tantos reclamos llegan al periódico por las notas judiciales? 
Sí llegan quejas, pero no tantas para la circulación que tenemos. El dolor de los familiares de las víctimas es algo que uno no va a entender y ojalá nunca lo sienta. Le puedo decir que hay meses en los que no llegan reclamos y otros en los que puede llegar uno. Eso lo atribuyo a que tratamos de blindarnos desde todo punto de vista, intentamos ser muy cautos en el manejo de la información. Si el implicado es un hombre que mató, pero en audiencias no aceptó cargos, pues eso hay que decirlo. No hay que dar por descontado que el tipo fue el asesino. Obviamente si la Policía captura a un sujeto y dice que es el violador, uno tiene que mirar eso con conocimiento de causa, porque a nosotros no nos consta. Yo siempre le digo a mis periodistas que lo más importante es el respeto por la gente. Eso nos lleva a no divulgar fotos de cadáveres tirados y casi que ni tapados. Siempre pongo a los reporteros en el lugar de los dolientes y les pregunto: ¿Si ese muerto fuera su papá lo publicaría? Creo que el rasero lo tiene que medir uno entendiendo que hay un dolor y que hay gente que está sufriendo por esa información. El respeto por el lector es lo primordial y eso nos ha funcionado muy bien en Bogotá para que los reclamos sean muy pocos.  



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