Al descubierto / ENERO 28 DE 2021 / 1 mes antes

Wilson Rúa, el locutor y político que se hizo a pulso en el Quindío

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Wilson Rúa, el locutor y político que se hizo a pulso en el Quindío

A Wilson Rúa Bedoya le otorgaron el Cordón de los Fundadores en La Tebaida. Foto : Cortesía

Una labor bien hecha lo llevaba a otra y supo servir desde la locución y la política.

El veterano periodista tebaidense, Wilson Rúa Bedoya, tuvo una infancia en la que le tocó ser todero, pero nunca le faltó nada gracias a la lucha que mantenía por ganarse la vida con honradez: fue acólito, catequista, voceador de periódicos, vendedor de helados, maletero e intentó hasta ser sacerdote.  De esa experiencia, asegura, que le quedó una gran espiritualidad. 

Hacer perifoneo para algunos almacenes de Armenia le sirvió como plataforma para exhibir sus grandes dotes de locutor, pues al mostrar su grandiosa voz llamó la atención de distinguidos directivos de las principales emisoras de la ciudad, quienes lo invitaron a que participara de sus programas y él, ni corto ni perezoso, ante esas bendiciones que le daba la vida, aceptó. 

Su escuela del periodismo radial fueron: la práctica, que hace al maestro, y mentores de mucha talla que se encontró en el oficio y lo ayudaron a pulir.   

Durante más de 25 años, Rúa Bedoya madrugó a presentar las noticias y a hacer transmisiones deportivas en Caracol Radio, Radio Ciudad Milagro y en La Voz de Armenia. Desde el año 2011 se pensionó, pero sigue ejerciendo el oficio de informar con 3 programas que coordina en el canal Visión TV.

Su sonora voz es para muchos quindianos tan familiar como lo es él, un hombre que hoy asegura que le debe todo lo que es al periodismo y que su paso por la política como concejal de Armenia y como diputado del Quindío en 3 periodos, fue algo circunstancial, pero también, como la radio, le sirvió para ayudarle a la comunidad a resolver sus problemas. 

Cuéntenos de esos oficios que le tocó ejercer de niño para ganarse la vida

Nací en un hogar muy humilde conformado por 10 hermanos, 5 hombres y 5 mujeres. Mi padre nos sostenía con lo que se ganaba de sus labores en el campo. 

Él tenía que laborar para sostener 12 bocas, una situación alarmante porque La Tebaida no tiene ahora fuentes de trabajo y en ese tiempo menos. Sin embargo, Dios ha sido muy generoso conmigo y a los 7 años laboraba con la iglesia como acólito. Ahí tenía un sueldo y me ganaba un porcentaje de dinero adicional por cada sepelio, que en ese tiempo había todos los días, por la violencia. Eso me ayudaba para llevarle platica a mi mamá para que apoyara a mi papá. Los domingos me iba a la misa de 9 con mi familia y de allí salía corriendo a vender periódicos.  Me ganaba otro dinero. Terminaba de hacer eso y me iba a ayudarle a comercializar helados a don Alfredo Ortiz y de esa manera me rebuscaba. 

¿Cuando se pasaron para Armenia les cambió la situación? 

Sí, mis hermanos y hermanas entraron a laborar. Al llegar me fui a visitar a un tío en el famoso Cafetín, que quedaba en la carrera 15 con calle 20. Allí iban todas las figuras del Deportes Quindío, abogados, jueces, magistrados y demás personalidades a tomar aguardiente, iba mucha gente. Le dije a mi tío que me diera trabajo. 

Ahí estuve 3 meses y me salí porque don Joselino Gómez, del almacén Cavalieri, me llevó a trabajar con él porque yo era muy formal al atenderlo, siempre llegaba amablemente y con las manos atrás, como todo un mesero. Yo podía lavar la loza, pero no ir a las mesas porque era menor, pero al verlo llegar corría a atenderlo porque siempre me dejaba de propina una moneda de $5. Me fui a laborar a ese negocio con un sueldo que era como el triple de lo que me ganaba donde mi familiar. 

Empecé con los domicilios y después en el mostrador. Luego estuve en el almacén El Carretero, de zapatos, en plena bonanza cafetera. Más adelante llegó el Ley a la ciudad, el gerente iba a comprar el calzado y yo lo atendía muy atento porque las ventas me han gustado toda la vida. Él escuchó un comercial con un altoparlante que le hice a Humberto Ramírez Gómez, el dueño de El Carretero, porque pasaba mucha gente por la carrera 17, y me preguntó que si me gustaría trabajar en el Ley y eso fue como si me abrieran las puertas del cielo. Gané un buen sueldo y me sirvió como plataforma para que me llamaran de las emisoras. 

¿A partir de ese momento empezó su carrera como locutor de distintos medios radiales? 

Sí, me fui para La Voz de Armenia porque don James Padilla Motoa me invitó a grabar unos comerciales en acetato. Me pagaron para publicitar a Miguel Ángel Cubillos, a unos billares y a un café de la ciudad. Era necesario grabar de noche porque la luz era muy deficiente en el día. En esas, don James me preguntó que si me gustaba el deporte y le dije que sí, por lo que me dijo que le ayudara a hacer unos remotos en los juegos nacionales deportivos. Fui fundador de los barrios La Unión, en donde programaban partidos de fútbol y yo los narraba. Eso quedaba grabado y un casete de esos llegó a Édgar Giraldo, conocido como Trapitos, que fue director de deportes de Caracol Radio y ya murió. Yo vivía en el barrio Cincuentenario y él residía al frente de mi casa. Un día me preguntó que si esa voz era mía, le contesté que sí y me dijo que yo qué esperaba, entonces me llevó a unas caravanas deportivas que se hacían en los barrios, la primera fue una ciclística en El Placer. 

Llegué, llovía y no había nadie, llamé a los estudios y me dijeron que me consiguiera prestado un teléfono bien ubicado, me soltaron esa transmisión y desde el estudio me acompañaban como si estuvieran sentados conmigo. 

Apenas terminó la narración el gerente de Caracol en la ciudad me pidió que fuera a los estudios. Creí que la había embarrado y cuando fui me indagó que sí quería laborar con ellos y acepté sin pensarlo. Después estuve en la emisora Ciudad Milagro. 

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¿Qué ha sido lo más grato de su carrera como periodista y locutor? 

Lo más grato fue haber laborado con una cantidad de personas valiosas que me ayudaron a formar en medio de la práctica y, en especial, la audiencia, el pueblo quindiano, lo que soy se lo debo a esos oyentes, Dios me bendijo permanentemente, pero también está esa gente que siempre me apoyó en los programas que hacía cuando fui empresario artístico. Luego por asuntos circunstanciales, terminé en la política y el pueblo también me respaldó.



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