Al descubierto / JULIO 11 DE 2020 / 1 mes antes

Yudy Pauline, la patrullera que no le teme a los retos

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Yudy Pauline, la patrullera que no le teme a los retos

La patrullera de la Policía Quindío, Yudy Pauline Cifuentes Marín, cuenta con 47 felicitaciones por sus buenos resultados.

Está convencida de que hizo su mejor elección al ser policía. Asegura que siempre se ha parado firme y eso le ha permitido seguir viva. 

Yudy Pauline Cifuentes Marín asegura que le gustan los retos, pero más que decirlo, lo demuestra con lo mucho que ha hecho con su esfuerzo y valentía a lo largo de sus 35 años de existencia. Ella es la única mujer que hace parte de un grupo de operaciones especiales, conocido como Gama 2 de la Policía Quindío y conformado por 12 agentes, quienes se dedican a enfrentar a la delincuencia en La Tebaida, Calarcá, Montenegro, Quimbaya y Circasia, los municipios del departamento en los que el orden público es más complejo. 

Como si llevara con exactitud el cálculo de cada cosa que ha hecho en su vida o por lo menos, esas que más han marcado su trayectoria, Yudy Pauline afirma que en esa fuerza armada lleva 15 años, 9 meses y 9 días, pero que desde hace 3 años y un mes asumió, quizás, el mayor reto de su vida: ser parte del mencionado grupo de reacción. 

Atender a los 2 hijos que tiene, de 9 y 13 años de edad, no ha sido impedimento para que ella cumpla a cabalidad con su compleja y peligrosa labor policial porque asegura que son labores complementarias. Aunque a veces se le intercambian los roles y cuando sus hijos se le ponen necios, a esta sonriente, pero firme mujer le toca esconder a la madre que hay en ella y sacar a flote a esa policía, que también es ama de casa, para ponerles ‘bajo arresto’ la indisciplina. 

Nació en Cali, Valle del Cauca, pero se graduó como bachiller técnica de construcciones en el colegio Jorge Robledo de Calarcá. Aunque por aquel tiempo llevaba puesto el uniforme de colegiala, en su mente siempre portó el verde de la fuerza pública, ese que también llevaba un tío que ahora es retirado del Ejército y que le sirvió de inspiración para ser lo que ella es hoy. Otro de sus deseos era estudiar arquitectura. 

Sin embargo, la necesidad que tenía de trabajar para conseguir dinero hizo que esos anhelos, que le brotaban de lo más hondo de su corazón, se quedaran quietos, al menos, por un tiempo. Al terminar sus estudios secundarios se fue para Cali, donde administró una chaza de dulces que tenía el abuelo, laboró en un almacén de ropa y hasta fue empleada del servicio doméstico. También vendió jugos de naranja en un semáforo de día y por las noches estudió sistemas. 

Ella hizo muchas otras labores propias del rebusque, pero sin perder de vista sus 2 sueños. Esa lucha constante por la subsistencia, poco a poco fue moldeando su personalidad y la convirtió en una dama con un carácter tan firme como el de un roble, para asumir los vaivenes de la vida. “Lo que uno hace con esfuerzo se valora más”. 

Siempre con una buena actitud

Aunque en muchas ocasiones ocupó cargos en los que desconocía los meollos de sus funciones, ella siempre mostró actitud, la misma hoy le ha hecho ganarse el respeto entre sus compañeros hombres de la Policía. Llegaba a los lugares con su mente vacía para llenarla de conocimientos y los absorbía con la misma facilidad que tiene una esponja para atrapar el agua. A ella nada le quedaba grande y Dios le tenía escondido un regalo que la sorprendió. 

Dice una ley de atracción que “uno se convierte en lo que piensa”. Al terminar los trabajos mencionados se devolvió para Quindío y una amiga del colegio con la que siempre mantuvo una relación de mucha cercanía la invitó a presentar los papeles para ingresar a la Policía. 

Aunque no contaba con el dinero suficiente para costear esos trámites ‘lo que es para uno, es para uno’, augura un adagio que a ella la cobijó con su sabiduría popular. 

Esa amiga del alma, que hoy sigue laborando con la Policía, la invitó, con gastos pagos, a seguir el proceso para cumplir con ese sueño de portar el uniforme verde oliva. “Me dijo vamos y yo le copié”. 

Aunque un capitán de la Policía no le dio muchas esperanzas, ella insistió en presentarse porque nunca dudó de sus capacidades. “Comencé con todo ese proceso, pero alterno a eso mi abuelo estaba enfermo y tenía que cuidarlo. A veces me iba trasnochada a hacer las pruebas físicas a Manizales”.  

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Al poco tiempo, por medio de una llamada, le llegó esa noticia que sus oídos deseaban escuchar: la habían seleccionado para hacer el curso de patrullera. Entonces la alegría la invadió, pero también la incertidumbre, porque como cosa rara, no tenía dinero para asumir los gastos que aquel sueño, que estaba a un paso de alcanzar, le implicaban. 

Sin embargo, al que le van a dar le guardan y el tío militar le tenía guardado un premio mayor: le regaló la plata para que cumpliera su meta en la escuela para mujeres policías de Fusagasugá, Cundinamarca. Como por arte de magia, ese anhelo de ser policía iba tomando forma. En septiembre de 2004, Yudy Pauline inició ese camino junto con otras 539 colegas. Aquella fue la incorporación más grande que Colombia ha tenido de mujeres en esa fuerza uniformada a lo largo de su historia.   

Viéndole la cara al peligro 

Su primer trabajo en la Policía fue el de patrullar por las noches la vía que de Riohacha conduce a Valledupar, una tierra lejana a la suya en la que le tocó resguardar una zona en la que los piratas terrestres despojaban de sus pertenencias a los que por allí transitaban. Pasado un tiempo llegó a la Policía Metropolitana de Ibagué y de allí la trasladaron para Quindío, donde encajó como anillo al dedo para el grupo de reacción. 

Ella es muy consciente de que cada que sale a cumplir con su deber corre peligro, porque  ser policía es una profesión de alto riesgo, pero este se incrementa con su función, ya que le toca enfrentarse a la plana mayor de los delincuentes en el departamento. 

“Me han llamado a casos de gente haciendo disparos, a uno le corresponde ir con todas las medidas de seguridad porque no se sabe cómo van a reaccionar. Me ha tocado actuar ante homicidios. Una vez un tipo me tiró al piso, pero yo tiré los brazos para atrás porque la moto iba andando. Me dijo: nos vamos a matar los 2 y en ese momento me empujó. Me gusta el tropel, estar siempre en la jugada”, aseguró. 

“De los riesgos salen cosas maravillosas. Creo que si de una explosión sale un universo, por qué de mí, con mis actitudes, no pueden salir cosas buenas

La patrullera Yudy Pauline Cifuentes Marín es una prueba palpable, de carne y hueso, que demuestra que para lograr lo que se quiere en la vida no se necesita plata, sino actitud.



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