Ambiente / ENERO 02 DE 2022 / 4 meses antes

Crisis climática y  ecológica

Autor : John Elvis Vera

Crisis climática y  ecológica

“Inundaciones, calores extremos, desertificación y sequías son varias de las múltiples señales que nos envía el planeta. O se cambia el sistema económico o desaparecemos”. Nos dice Diego Arias Serna, en su interesante artículo “Capitalismo versus cambio climático”, publicado por LA CRÓNICA DEL QUINDÍO el 2 de agosto de 2015. 

  La presencia humana siempre ha tenido un impacto en el planeta. La ocupación de territorios por las diversas culturas, a través de la historia, ha conllevado a transformaciones constantes en sus respectivos entornos. Pero solo a partir de la Revolución Industrial se comenzaron a dar transformaciones que se han vuelto cada día más impactantes y que hoy tienen a la especie humana al borde del colapso no solo civilizatorio, sino con alto riesgo de nuestra propia existencia. 

  Los gobiernos no atinan hasta el momento a dar los pasos necesarios para frenar tan inmensa catástrofe. Los intereses de los grandes capitales internacionales, como nacionales y regionales, no han permitido tomar las medidas necesarias para garantizar la sustentabilidad de nuestras sociedades. Pareciera que nos quieren llevar al colapso total bajo quizás, el pretexto de garantizar su mezquino y excluyente poder como de sus ganancias acumuladas, como si contaran con otro planeta para ser habitado por la élite y sus elegidos. Nosotros, al igual que Jorge Riechmann -poeta y ecologista español-, afirmamos que preferimos ser “jardineros en la Tierra en vez de mineros en Júpiter”. 

  Llevan alrededor de 50 años celebrando encuentros internacionales donde se reúnen los gobernantes y expertos mundiales para hablar del desplome anunciado, pronunciando a su vez sendas declaraciones y compromisos que nadie ha querido cumplir y que siempre se quedan cortas ante las apremiantes necesidades para no solo conservar el ambiente, sino mejorar lo ya deteriorado o, inclusive, si es posible aún, recuperar lo hasta ahora perdido. 

  Lo que sí se debe resaltar es la injerencia de las grandes corporaciones transnacionales responsables en gran parte del desastre anunciado como la ausencia de la llamada sociedad civil que siente en el día a día el deterioro socioambiental. Las comunidades, quienes son las directas afectadas por esta profunda crisis, son las que no han tenido la voz y el voto en estos encuentros de la diplomacia internacional gubernamental en torno a tan grave problemática mundial.    

Cifras de la crisis 

  Tengámoslo bien claro, los conflictos socioambientales, que hoy nos profundiza en esta crisis climática y ecológica, tienen causas en el modelo económico. Su razón primordial es el saqueo de los territorios, que le han impuesto a los pueblos en cada rincón del planeta. Y, a su vez, debemos resaltar que quienes han sufrido hasta hoy sus devastadores efectos son precisamente los sectores poblacionales y regiones más empobrecidas por este mismo modelo depredador. 

  Ahora bien, repasemos un poco las cifras mundiales alrededor de la misma: 

  La mayor causa del calentamiento global es el CO2 (dióxido de carbono) producto de la quema de los llamados combustibles fósiles: el carbón, el petróleo y el gas.   

  El 1 % de los más ricos del planeta contaminan 30 veces más de lo que todo el mundo debería emitir para que el afamado calentamiento global no superara los 1.5°C para el 2030. Eso lo afirman el Instituto Ambiental de Estocolmo (SEI), el Instituto de Política Ambiental Europea (IEEP) y Oxfam Intermón. Como vamos, ya se asevera que superaremos al menos los 2.4°C y posiblemente pasaremos más allá de los 2.7°C.  

  Mientras un super rico emite más de 70 toneladas de dióxido de carbono al año, un pobre no supera las 2.2 toneladas. La población más pobre del mundo podría aumentar sus emisiones contaminantes en 200 % y con ello no tendría mayor incidencia en el calentamiento del planeta. Mientras los superricos deberían de mermar sus emisiones hasta en un 97 % para estar acorde con el Acuerdo de París.   

Mientras el 90 % de la población mundial nunca ha viajado en avión, en solo EE. UU., el 12 % de sus habitantes toman el 66 % de los vuelos cada año. Datos de la organización británica Possible. 

  El economista francés Lucas Chancel en una publicación del World Inequality Lab de París afirma que la “extrema riqueza viene acompañada de una contaminación extrema”. Según este, el 70 % de las emisiones de los más ricos proviene de sus inversiones en combustibles fósiles. Insiste en que “una pequeña élite parece tener un pase libre para contaminar”.     

  Friedlingstein, del Instituto de Sistemas Globales de la universidad Exeter del Reino Unido, sostiene que son cuatro economías las responsables del crecimiento global de emisiones: China, La India, Estados Unidos y la Unión Europea. Estos dos últimos, son los “responsables históricos de la mayor parte de las emisiones acumuladas hasta la fecha”, asegura el Instituto. Mientras África representa históricamente tan solo el 4 % de las emisiones de gases efecto invernadero, EE. UU. es el 25 %, Europa el 22 % y China el 13 %. 

  Debemos resaltar que la industria militar mundial es una de las mayores emisoras de gases de efecto invernadero. Industria que bajo el ropaje de del secreto militar no brinda dato alguno sobre su actividad contaminante ni sobre sus planes y acciones para disminuirla.  

  En América Latina, Brasil y México son los únicos de la región que figuran entre las 15 economías del mundo más contaminantes. Los diez países más Aportantes de CO2 en Latinoamérica son en su orden: Brasil, México, Argentina, Venezuela, Chile, Colombia, Perú, Ecuador, Cuba, Bolivia.     

  Esta crisis climática y ecológica está provocando, según los diferentes estudios, la sexta extinción a nivel planetario. Las 5 anteriores han saido por causas naturales en un lapso de 450 millones de años y esta es totalmente provocada por acción del hombre. La diversidad biológica está disminuyendo de manera acelerada y hoy al menos 25.000 especies, que son algo así como la tercera parte de las descritas por la ciencia, están en inminente peligro de desaparecer por siempre. 

“La actividad humana, el consumo de combustibles fósiles, la acidificación de los océanos, la contaminación, la deforestación y las migraciones forzadas amenazan formas de vida de todo tipo. Se estima que un tercio de los corales, de los moluscos de agua dulce, de los tiburones y de las rayas, un cuarto de todos los mamíferos, un quinto de todos los reptiles y un sexto de todas las aves se dirigen a su desaparición”. Esta rotunda afirmación expuesta en el libro La sexta extinción (2015), de la periodista estadounidense Elizabeth Kolbert, es un retrato de la situación de la diversidad biológica en la Tierra. 

  La organización Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en su Lista Roja de Especies Amenazadas de 2017, contiene 87.967 especies, de estas están en peligro de extinción 25.062. Anfibios en un 40 %; Coníferas 34 %; Corales 33 %; Tiburones y Rayas 31 %; Crustáceos 27 %; Mamíferos 25 % y Aves un 14 %. 

  La revista Science en el 2015, basada en un minucioso estudio, informaba que, en el 2010, 192 países con costas arrojaron al mar alrededor de ocho millones de toneladas de plástico, afirmando a su vez que en el 2025 serán al menos el doble, es decir 16 millones de toneladas arrojadas irresponsablemente a los océanos del mundo.       

  Científicos europeos aseguran que ya para 1990 se había reducido la masa de insectos voladores en los Parques Naturales en un 75%. Esto como consecuencia del cambio climático y el uso de pesticidas. Por su parte el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, han cuantificado en 2.500.000 colmenas desaparecidas para el año 2015, advirtiendo que, en 1998, ya eran 5.000.000 las colmenas disminuidas. Para ahondar un poco más en sus graves consecuencias, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (Fao), asegura que al menos de las 100 especies de cultivos que proporcionan el 90 % de los alimentos a la humanidad, el 71% de estos es polinizados por las abejas. 

  La ONU en 2019 nos aseguraba que eran no menos de un millón de especies amenazadas de extinción por el impacto de las acciones del ser humano. Esto nos muestra la dimensión devastadora de la sociedad moderna sobre la naturaleza. Esta conclusión fue obtenida a partir de información de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES). 

  La humanidad se ha duplicado desde 1970. La economía mundial se ha multiplicado por cuatro y se afirma que el comercio internacional ha crecido 10 veces. Para atender dicha expansión se han talado los bosques y en especial las selvas tropicales, perdiéndose en solo 20 años, de 1980 al 2000, cien (100) millones de hectáreas de estas. Y sus mayores responsables son la ganadería, el cultivo de palmas productoras de aceite y la producción de cereales precisamente para el ganado consumido primordialmente en el norte del mundo, sin olvidarnos de la expansión urbana. 

  No sobra resaltar que el gas metano del cual se responsabiliza primordialmente a la ganadería es a su vez un factor importantísimo en el calentamiento global. La misma ONU recomienda la disminución drástica del consumo de carne para mermar su incidencia en esta catástrofe.  

  Además, para el mismo año 2000 ya se habían perdido el 87% de humedales del mundo, que se encontraban primordialmente en las selvas tropicales. Al menos el 47% de los ecosistemas naturales se han perdido. Ha disminuido el 82% de la biomasa de los mamíferos silvestres. Sin olvidar que se ha reducido la productividad de la tierra en un 23%. Se votan entre 300 y 400 millones de toneladas anuales de metales pesados, solventes, lodos tóxicos y toda clase de desechos a las aguas del mundo.    

  Leemos que según el Banco Mundial la contaminación del aire es causa o un factor de importancia en ataques cardíacos, derrames cerebrales, cáncer de pulmón, enfermedades respiratorias y provoca la muerte de 7 millones de personas cada año. Que más del 90% de la población mundial vive en zonas donde los niveles de contaminación superan las pautas de la Organización Mundial de la Salud. 

  24.000 millones de toneladas de suelo fértil perdemos anualmente en el mundo entero. En 2025, ya serán las dos terceras partes de la tierra con estrés hídrico. 1.800 millones de habitantes vivirán con una escasez absoluta de agua. Esto será un aporte mayúsculo en la migración mundial qué, como resultado de la desertificación de los suelos, provocará al menos 135 millones de personas desplazadas para el 2045.   

Es necesario insistir en la denuncia de los graves daños provocados por la megaminería: Daños a la superficie de la tierra, contaminación del aire, contaminación de aguas superficiales y daños a acuíferos subterráneos, envenenamiento del agua con metales pesados, graves consecuencia para la salud humana y la diversidad biológica, conflictos entre Comunidades y empresas mineras por el uso indebido de sus tierras y el deterioro de los territorios, impacto negativo sobre el paisaje, etc.     

  La ONU advierte que Latinoamérica “se posiciona como una de las regiones más afectadas en el planeta por el incremento de la temperatura y el nivel del mar”.  

  Alrededor de lo anterior o como complemento de esta compleja y dura realidad, debemos al menos mencionar al turismo masivo, consumista y depredador; la construcción y urbanización desordenada; los monocultivos; los agrotóxicos; la infraestructura vial diseñada sin importar las condiciones ambientales y socioeconómicas de las localidades; la construcción de hidroeléctricas y demás represas; además del desplazamiento forzado de miles y miles de familias campesinas.     

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 Glasgow 

De cumbre en cumbre y de reunión en reunión se llegó a Glasgow, la ciudad más habitada de Escocia. A la COP 26, que ha sido la reunión 26 de la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, acudieron al menos 120 mandatarios de todo el mundo de los 197 invitados. De paso, tengamos en cuenta que la comitiva oficial, que acompañó al presidente Duque, estuvo compuesta por 149 personas incluyendo familiares y eso que el gobierno nacional dice promover la austeridad. 

  Ambientalistas afirman que a pesar del discurso de Emergencia Climática expresado en Glasgow, lo cierto es que los acuerdos logrados dejan en la espera las medidas que se requieren tomar de inmediato, provocando el descontento de no pocos países. No se ha dado el paso necesario para paliar los estragos del calentamiento global que sufren los sectores poblacionales y regiones más empobrecidas.  

  La Organización Ecologistas en Acción de España, asevera que “Se trata de un acuerdo vacío que cualquiera firmaría. Dice que hay que luchar contra la emergencia climática pero no concreta ni cuándo ni cómo se va a hacer ni, sobre todo, con qué financiación”. 

  En las calles de Glasgow, la ciudadanía llegada de diferentes rincones del mundo, se expresaron rechazando los que en los recintos de la cumbre se negociaba. Ciudadanos especialmente jóvenes, pero por igual hubo presencia de obreros, científicos, sindicalistas, artistas, ambientalistas, que reclamaban medidas drásticas para frenar el colapso climático y ecológico.   

  Mohamed Adow, director de Energía y Clima de Power Shift África, ha afirmado sobre los acuerdos logrados en Glasgow: “Las necesidades de las personas vulnerables del planeta han sido sacrificadas en el altar del egoísmo del mundo rico. El resultado es el reflejo de una COP celebrada en el mundo rico y contiene las prioridades del mundo rico”. 

  Y la mejor declaración de la cumbre fue la realizada por el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia Luis Alberto Arce Catacora: “La solución a la crisis climática no se logrará con más ‘capitalismo verde’, o más mercados globales de carbono. La solución es un cambio de civilización, para avanzar hacia un modelo alternativo al capitalismo”.  

¿Qué hacer? 

  Podría seguir exponiendo datos y más datos sobre las graves consecuencias de este desastre ecológico planetario. Las cifras basadas en los estudios, en las investigaciones científicas, son cada día más escalofriantes, más aterradoras, que nos muestran con claridad y precisión las consecuencias de aquello que se inició en la segunda mitad del siglo XVIII en el Reino de la Gran Bretaña, y que históricamente se le ha denominado la Primera Revolución Industrial, con la invención de las máquinas a vapor (1769). 

  La productividad se acrecentó, la población urbana se incrementó exponencialmente, el saqueo de las periferias se extendió y profundizó, nacieron nuevos oficios y nuevas profesiones, nuevas necesidades creadas y nuevos artilugios, nuevos requerimientos y nuevas posibilidades. Se cayeron unos imperios y surgieron otros. Se liberaron nuevas naciones, pero a la vez las convirtieron en colonias de nuevo tipo. Niveles de bienestar alcanzados como niveles de pobreza nunca vistos. 

  Alrededor de 1.000 millones de toneladas de comida se desperdician cada año. Según la ONU, son cerca de 7.800 millones los habitantes del planeta, de los cuales al menos 700 millones padecen hambre y cerca de 3.000 millones no cuentan con una sana alimentación. 

  Comida que sobra y se desperdicia como comida que no llega al plato de cientos de millones de seres que viven su día a día en la miseria. Lujos para unos muy pocos y escasez para poblaciones enteras. Salud para quien la puede comprar, enfermedad para quien vive en la pobreza.    

La pregunta que nos debemos hacer es ¿Qué sigue ahora? ¿Cuáles deben ser nuestras acciones? Las respuestas nos irán indicando de qué lado estaremos. No podemos seguir esperando que quienes han promovido el desastre sean quienes nos indiquen el camino. Si queremos el cambio que enderece el rumbo, debemos buscar con mucho juicio el sendero más viable, la ruta más aconsejable para que la vida misma sea posible en este nuestro único planeta. 

No podemos seguir afirmando como Víctor Hugo cuando decía que “Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha.” 

No puede ser que un grupo reducido de individuos y sus multinacionales, decidan hasta qué punto seguirán apropiándose de lo que es de todos y todas. Hasta qué punto se permitirán seguir deteriorando la vida en el planeta. Hasta cuándo reinará su economía de destrucción y muerte.    

Solo con la participación, beligerante y propositiva de las comunidades en sus territorios, en solidaridad y comunión permanente con los pueblos y naciones del mundo, se podrá lograr que, en nuestra casa, la casa de todos y todas, el planeta tierra, siga floreciendo la vida en todas sus expresiones. Construir la sociedad justa, diversa y en armonía con la naturaleza, debe ser nuestra tarea primordial. Se lo debemos a nuestros hijos e hijas, a nuestros nietos.         

Quiero permitirme cerrar con estas 2 frases pronunciadas el 10 de diciembre de 1982 por el premio nobel de Literatura Gabriel García Márquez: “Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte”.  

Y que “Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”. 


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