Ciencia y Tecnologí­a / JULIO 18 DE 2021 / 2 meses antes

Cambio climático: ¿Peor que la pandemia? 

Autor : Diego Arias Serna

Cambio climático:  ¿Peor que la pandemia? 

Estudios recientes sobre el cambio climático indican que las temperaturas extremas están causando muchas defunciones. Una publicación de la revista Lancet Planetary Health, revela que más personas habían muerto ya sea por bajas temperaturas o por el aumento de estas. Los investigadores encontraron que el 9.4 % de los fallecimientos mundiales cada año son atribuibles a la exposición al calor o al frío, es decir, más de cinco millones de personas mueren cada año en el mundo debido a tales situaciones. 

Para llegar a estas cifras, los investigadores tomaron los datos de las diferentes temperaturas óptimas para las personas que viven en diferentes regiones. Adicionalmente analizaron las cifras de mortalidad de 750 lugares en 43 países entre 2000 y 2019 y, con modelos matemáticos establecieron que la temperatura diaria promedio aumentó en 0.26 ° C por década. Este fenómeno debería llamar la atención de los gobiernos y las instituciones oficiales y privadas, porque los episodios extremos son cada vez más frecuentes. Por ejemplo, actualmente en Canadá y algunas zonas de Estados Unidos se han registrado temperaturas récord que se aproximan a los 50oC. 

  Los resultados publicados en la revista mencionada muestran que la mayor tasa de mortalidad excesiva relacionada con el calor tuvo lugar en Europa oriental, mientras que en África subsahariana está la tasa de mortalidad más alta relacionada con las bajas temperaturas. Estos eventos podrían provocar, principalmente, ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. 

  Yuming Guo, profesor de la universidad de Monash, Melbourne, Australia, y uno de los investigadores principales del estudio, aseguró que esta tendencia continuaría debido al cambio climático, advirtiendo que las tasas de mortalidad total podrían aumentar. Entonces, es lógico afirmar que si más de cinco millones de muertos por año, por temperaturas extremas no llaman la atención y no se plantean teorías conspirativas ¿por qué las muertes por la Covid-19, que es una cifra inferior, sí generan especulaciones con explicaciones simplistas? En el primer año de la pandemia, hasta el 12 de marzo del 2021, fueron unos 2.6 millones de decesos. 

Cambio climático, un problema que arde 

Para conectar la pandemia con el cambio climático, es pertinente aludir al caricaturista canadiense Graeme MacKay, quien se volvió más popular, cuando con una caricatura recreó cómo tras la ola de la pandemia viene una ola más grande, formada por la recesión económica; y detrás de esta sigue una ola más amenazante como es la del cambio climático. Ese ultimátum la incrementó cuando usuarios de redes sociales alteraron la imagen del caricaturista agregándole una ola mayor, vinculada con la de la pérdida de biodiversidad. 

Cambio climático y biodiversidad evidentemente se retroalimentan, pues la biodiversidad es afectada por alteraciones del clima y si esta mejora, favorece a la biodiversidad. El ejemplo más sencillo puede ser la de los bosques y la vida. Es bien conocido que derruir árboles afecta las aguas, la fauna y la vegetación. Por supuesto, también perturban la biodiversidad: las explotaciones minera y petrolera, así como la agroindustria mal manejada, hidroeléctricas construidas sin importar el daño ecológico y la ‘enfermedad’ del consumismo. 

Ese vínculo entre el clima y la vida, fue lo que permitió que el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (Ipcc) y la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativo sobre la Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (Icbes), difundieran por primera vez un informe conjunto. En ese reporte, los expertos de las dos plataformas alertaron: “La capacidad de adaptación de la mayoría de los ecosistemas y los sistemas socioecológicos será superada por el incesante cambio climático antropogénico”. Así que es una voz de aliento, ante la destrucción del planeta por el hombre. Pero, la resiliencia tiene un límite, si la destrucción supera la capacidad de recuperación de la Pachamama. 

Otro factor que indica la destrucción de La Tierra es lo que está pasando con los suelos. En el Atlas Medioambiental, editado por Le Monde diplomatique, edición española, en el artículo titulado: ‘Está degradada la mitad de los suelos cultivables’, se afirma que la agricultura intensiva, deforestación, contaminación industrial, así como las actividades humanas, son la principal causa de degradación de los suelos en todo el mundo. Su composición química y física se altera se erosiona por efecto del agua y del viento. Y termina por perder su capacidad de producir alimentos. 

La luz, otro contaminante 

La luz, asociada con la vida y el progreso, es asimismo una fuente de contaminación. Así lo indica el artículo: ‘Los estragos de la contaminación lumínica’, publicado en mayo de este año por los docentes de la universidad de Lyon I (Francia) Nathalie Mondy, Thierry Lengagne y Emmanuel Desouhant en la revista Investigación y Ciencia, versión en español de Scientifica american. Allí se afirma: “El resplandor de las aglomeraciones urbanas dispersado por la atmósfera y las nubes crea un halo luminoso visible a decenas o incluso cientos de kilómetros. Esta contaminación lumínica afecta a los entornos naturales, incluso los alejados”. 

El artículo también resalta: “La luz artificial nocturna afecta los mecanismos hormonales, el comportamiento, las interacciones y la orientación de los animales. Es probable que sea un factor importante de pérdida de biodiversidad. Para limitarla son posibles diversas líneas de actuación”. Esa inquietud sobre esos daños, no es nueva. Así lo indican los investigadores: “(…) desde hace un siglo la oscuridad de la noche cede terreno ante la iluminación artificial, que gana tanto en extensión como en intensidad. La generalización de la luz nocturna plantea una pregunta fundamental: ¿en qué medida perturba a los organismos vivos, a sus poblaciones y sus interacciones?”. 

Agregan igualmente: “En Norteamérica existe constancia de la mortandad de aves que se producen en las cercanías de los faros marítimos desde la década de 1920. Y los astrónomos llevan alertando desde los años setenta del siglo pasado que la expansión de la luz artificial nocturna dificulta sus observaciones. Pero ha habido que esperar al último decenio para que los científicos se dieran cuenta cabal del fenómeno y se interesaran resueltamente por las consecuencias en la fauna y la flora. Desde entonces los estudios se han multiplicado”. 

También manifiestan los investigadores: “La percepción alterada de la duración del día repercute notablemente en la reproducción estacional al desregular la producción de las hormonas sexuales. En numerosas especies la duración del día marca la señal de inicio para la actividad reproductora en primavera y, dado que la luz artificial nocturna aumenta la duración percibida, la estación de cría se adelanta. Así se constata en numerosas aves que habitan en las zonas urbanas, con relación a sus congéneres rurales”. 

La degradación ambiental mata 


En la revista Atlas Medioambiente, ya citada, en el artículo titulado ‘De Norte a Sur, enfermos por el medio ambiente’, se señala: “La degradación del medio ambiente por factores tóxicos, infecciosos o sociales origina una cuarta parte de las enfermedades y causa 13 millones de muertes anuales en el mundo. Esta carga se torna particularmente pesada en los países del Sur, más expuestos a los riesgos de infecciones y contaminaciones”. 
Llamando la atención sobre la importancia de la salud pública se menciona en el artículo: “Las políticas de salud pública aplicada en los países occidentales han eliminado casi totalmente las enfermedades infecciosas que hace un siglo representaban el 20 % de las causas de muerte. Estas enfermedades provocan hoy apenas el 2 % de las defunciones. Los países del sur, en cambio, sufren por infecciones, intoxicaciones crónicas y falta de cuidados médicos. La causa es, en primer lugar, la mala calidad del agua ingerida, lo que provoca diarreas, disentería, cólera, fiebres tifoideas, y enfermedades por lombrices intestinales”. 

Continúa: “La insalubridad que causan la gran cantidad de charcos de aguas estancadas propicia la reproducción de insectos que transmiten parásitos de efectos graves: enfermedad de Chagas, oncocercosis, dengue, leishmaniasis, fiebre hemorrágica y chikungunya. El paludismo por sí solo mata a casi un millón de personas al año. A estas amenazas se suman ahora las sustancias contaminantes que se arrojan a la tierra, a los alimentos o al aire. En las ciudades, los habitantes respiran óxido de azufre, residuos de ploma (que en los centros del norte han sido eliminados) y micropartículas provenientes de los vehículos y de las fábricas”. Esa insalubridad es subdesarrollo y mata. 
  



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