Ciencia y Tecnologí­a / ENERO 30 DE 2022 / 5 meses antes

Cambio climático y hambre: “en el filo de la navaja”

Autor : Diego Arias Serna

Cambio climático y hambre: “en el filo de la navaja”

Un futuro muy árido les espera a las nuevas generaciones si se agudiza el cambio climático y por consiguiente su impacto directo y negativo en la agricultura, que se traduce en millones de bocas hambrientas.

“En 2020, los gobiernos invirtieron 2 billones de dólares en sus ejércitos, lo que representa el 2,4% del PIB mundial, otros 2,4% del PIB mundial se gastan cada 2 años en alimentos que se desperdician”: Yuval Noah Harari.

The Conversation es una red de medios de comunicación, sin fines lucrativos, dedicada a publicar noticias e informes de investigación en línea, acompañados de opiniones y análisis de expertos. El 27 de septiembre 2021, divulgó un documento titulado “La gran encrucijada: hambre y cambio climático”, en el que reporta que “en 2020 nuestro planeta tenía, según datos de la FAO, 768 millones de personas subnutridas, aproximadamente un 10% de la población mundial. Y la pandemia de la Covid-19 ha agravado esta situación”.

Explica también que la desnutrición tiene su origen en diversas causas: el cambio climático es una de ellas, debido a que afecta al rendimiento agrícola según el cultivo y la región. El aumento de las temperaturas globales ha provocado una reducción de la productividad agrícola en un 21 % desde 1961, en comparación con un escenario sin cambio climático. Esto ha supuesto una considerable reducción de la producción mundial de alimentos básicos como el arroz y el trigo.

Plantea asimismo que la relación entre producción alimentaria y cambio climático también se da de forma inversa. La intensificación agrícola genera un daño ambiental serio. Algunas de sus manifestaciones son la deforestación de las tierras de pastoreo, la contaminación por pesticidas y la liberación de gases de efecto invernadero. Asimismo, la agricultura genera entre el 19 % y el 29 % del total de esas emisiones de gases de efecto invernadero.

Para The Conversartion, las conjeturas no son optimistas: “Si se mantiene el ritmo de crecimiento actual de las emisiones de gases de efecto invernadero no parece viable limitar el aumento de temperatura según lo acordado en el Tratado de París”, es decir, 1,5 grados Celsius. Superar el hambre podría ser fácil si, entre otras cosas, no se botara el 40 % de la comida lista para ingerir; si la agricultura se tecnifica en todos los países; si gobiernos corruptos son reemplazados por otros que le pongan freno al robo del dinero de los contribuyentes, si se acaban con los paraísos fiscales y las guerras, etc.  

Es posible frenar la hecatombe 

El documento de este domingo tendrá un peso específico que recaerá en apartes del artículo: “Crisis climática: la solución del 2%”, cuyo autor es un historiador e intelectual de influencia internacional, el israelita Yuval Noah Harari. Sus libros: Sapiens. De animales a dioses, y 21 lecciones para el siglo XXI, por citar 2 textos muy conocidos, le han dado un gran reconocimiento. Según su propuesta, un 2 % más del Producto Interno Bruto (PIB) mundial bastaría para frenar el calentamiento global. El artículo fue publicado en el periódico El País de España, el 23 de enero pasado.

El peligro del flagelo del hambre y el cambio climático, que como el filo de una navaja está penetrando en el cuerpo de la sociedad y acabando vidas es tan real que, si no se toman medidas de contención, la devastación seguirá aumentando. Por eso Harari, en la portada del artículo, resalta que “frenar el cataclismo no cuesta tanto. La desesperación es tan mala como el negacionismo, e igual de engañosa. Una pequeña fracción del PIB mundial servirá para frenar la crisis climática. Actuar sale a cuenta”. A lo cual agregaría que detenerlo ayudará a detener la hambruna.  

Narra el historiador que “a medida que la crisis climática se agrava, hay demasiada gente que está pasando de negar la evidencia a la desesperanza. Hace unos años era habitual oír a personas que negaban el cambio climático, restaban gravedad a la amenaza o alegaban que era demasiado pronto para preocuparse por ella. Ahora son muchos los que dicen que es demasiado tarde. Se avecina el apocalipsis y no podemos hacer nada para evitarlo”. 

A su juicio “la humanidad dispone de recursos inmensos y, si los utiliza de forma sensata, aún puede evitarse el cataclismo medioambiental. ¿Cuánto costaría exactamente detener el apocalipsis? Si la humanidad quiere prevenir un cambio climático catastrófico, ¿cuánto dinero tendría que pagar? Como es natural, nadie la sabe a ciencia cierta. Mi equipo y yo hemos dedicado semanas a estudiar distintos informes y documentos académicos inmersos en una nube de números. Los modelos en los que se basan los cálculos son de una complejidad abrumadora, pero el resultado es alentador”.  

Consumir más vegetales

En palabras de este experto, “según la Agencia Internacional de la Energía, para lograr una economía con cero emisiones netas de carbono bastaría con invertir un 2 % del PIB mundial anual más de lo que ya gastamos en nuestro sistema energético. En una encuesta llevada a cabo recientemente por Reuters, entre economistas especializados en el clima, la mayoría coincidió en que alcanzar la neutralidad en carbón no costaría más que entre el 2 % y el 3 % del PIB mundial anual”. Harari enfatiza que otras estimaciones indican un valor un poco por encima o por debajo; es decir, el costo es bajo para quitarle filo a la navaja.

Acorde con los datos que él maneja, “estas cifras están en consonancia con las valoraciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, que en su histórico informe de 2018 afirmaban que, para limitar el calentamiento a 1,5 grados Celsius, las inversiones anuales en energía limpias debían aumentar hasta aproximadamente el 3 % del PIB mundial anual. Dado que la humanidad ya invierte alrededor del 1 % del PIB mundial en energía limpias, no necesitamos más que un 2 % adicional”. Asimismo, aclara que esos costos se centran en transformar la energía y el transporte, que son los más caros.           

 Recuerda que hay otras fuentes de emisiones, como el uso del suelo, la silvicultura y la agricultura, pero la buena noticia es que muchas de estas emisiones pueden reducirse de forma barata sólo con cambios de comportamientos, por ejemplo, disminuyendo el consumo de carne y leche, así como aumentando el de vegetales en nuestra dieta. Comer más verduras no cuesta nada y puede contribuir a que vivamos más, al igual que los bosques tropicales. Esa inversión del 2 %, implica invertir en tecnologías e infraestructura, por ejemplo, baterías avanzadas y redes, para almacenar la energía solar y distribuirla, enfatiza Harari. 

En criterio suyo, “estas inversiones crearán numerosos puestos de trabajo y nuevas oportunidades económicas y es probable que sean económicamente rentables a largo plazo, en particular por la reducción de gastos sanitarios y por evitar que millones de personas caigan enfermas debido a la contaminación atmosférica. Podemos proteger a las poblaciones más vulnerables de las catástrofes relacionadas con el clima, dejar un mejor futuro a las generaciones venideras y, de paso, crear una economía más próspera”. 

¿Cuál es el PIB mundial?

Yuval Noah Harari hace una necesaria aclaración: “Si en la actualidad el PIB mundial asciende a unos 85 billones dólares, el 2 % suma alrededor de 1,7 billones de dólares. Esto significa que, para salvar el medio ambiente, no es necesario arruinar por completo la economía, ni renunciar a los logros de civilización moderna. Sólo tenemos que fijar como es debido nuestras prioridades. No pensemos que firmar un cheque por el 2 % del PIB mundial es la panacea, ni mucho menos. Esto no resolverá todos nuestros problemas medioambientales, como el plástico que invaden los océanos o la pérdida continua de biodiversidad”.   

Hace la siguiente advertencia: “Incluso para evitar un cambio climático catastrófico, tendremos que asegurarnos de que los fondos se inviertan en partidas adecuadas y de que las inversiones no causen nuevos daños medioambientales ni sociales. Si destruimos una serie de ecosistemas al extraer metales raros necesarios para la industria de las energías renovables, podría decirse que perdimos tanto como ganamos. Además, tendremos que cambiar algunos comportamientos y modos de pensar, desde lo que comemos hasta nuestra forma de viajar”.

Recuerda que en 1945 EE.UU. dedicó casi el 30 % del PIB a ganar la Segunda Guerra Mundial. Durante la crisis financiera de 2008-2009, ese gobierno gastó alrededor del 3,5 % del PIB en el rescate de las instituciones financieras consideradas “demasiado grandes para quebrar”. ¿Quizá la humanidad debería tratar también la selva amazónica como un ente “demasiado grande para quebrar”? Nos preguntamos nosotros.

Analiza que teniendo en cuenta el precio actual de las tierras de bosques tropicales en Sudamérica y el tamaño de la selva amazónica, comprarla en su totalidad para proteger los bosques, la biodiversidad y a las comunidades humanas frente a los intereses empresariales destructivos costaría 800.000 millones de dólares, es decir, una cantidad inferior al 1 % del PIB mundial. Otros datos que aporta Harari son: “En 2020 los gobiernos invirtieron 2 billones de dólares en sus ejércitos, el 2,4 % del PIB mundial. La Unión Europea calcula que el dinero oculto por los ricos en paraísos fiscales son unos 10 billones del PIB mundial; y las empresas, cada año, esconden 14 billones de dólares”. ¿Están las autoridades invidentes?

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