Ciencia y Tecnologí­a / MAYO 29 DE 2022 / 1 mes antes

‘Democracia’ ¿de poderes económicos y mafias?

Autor : Diego Arias Serna

‘Democracia’ ¿de poderes económicos y mafias?

“En Colombia se ha dicho mucho que es imperativo sacar a las armas de la política. Tan urgente como eso es algo mucho más difícil: sacar el dinero de la política y meter en ella a la gente”, William Ospina.

El domingo pasado se presentó cómo la digitalización estaba afectando la democracia, porque el elector es manipulado con noticias falsas, el miedo y una información que desinforma. Es lo que Byung-Chul Han expone en su texto Infocracia. Para el caso de Colombia, la situación es más peligrosa, porque no solo es el control social que se hace por todos los medios de comunicación, con pocas excepciones, sino que las mafias del narcotráfico, en contubernio con la clase política tradicional, han asaltado todos los espacios de poder: ejecutivo, legislativo y judicial; además de la Procuraduría, la Fiscalía, la Contraloría, etc. 

Para quienes piensan que se está exagerando, cito a la revista Semana -la otra (la del pasado) cuando no desinformaba tanto– en su edición del 16 de septiembre de 2011, publicó la noticia titulada: “El hombre que maneja medio país desde la cárcel”. Iniciaba la nota denunciando: “Cómo un condenado por parapolítica dirige desde la cárcel gran parte de la política regional colombiana. Aspira a elegir 5 gobernadores y 106 alcaldes sin que el Estado pueda hacer mucho por impedirlo”. Pero el problema de la mafia nombrando gobernantes venía desde años anteriores, y el caso tal vez más citado sea el del Innombrable, que llegó hasta la presidencia.

 “Es mejor negocio la política que el narcotráfico” le oyeron decir, hace unos meses, al exsenador Juan Carlos Sinisterra, resaltó en su oportunidad dicha publicación, a lo cual agregó: “Y, con su estilo de hablar escueto, precisó: “La plata que deja una alcaldía no la deja un embarque”; con esa frase resume su vida: Martínez ha hecho de la política uno de los más rentables negocios. El senador, hoy preso en la cárcel El Bosque por parapolítica, tiene cálculos de cuánta plata se le puede sacar a una alcaldía, cuánto a una secretaría de salud y cuánto, por dar otro ejemplo, al manejo de la Dian en el Puerto de Buenaventura”. 

Semana también consignó en sus páginas lo siguiente: “Y por esa razón, desde la cárcel sigue moviendo los hilos del poder. En las elecciones al Congreso en 2010, por ejemplo, cuando ya llevaba detenido un año, aumentó su cuota de tres parlamentarios a siete, y la votación de su estructura política pasó, sólo en el suroriente del país, de unos 100.000 votos a 250.000. (…). La cárcel no le acaba los votos, se los multiplica”. Para que se viera más ‘bonachón’, ‘ilustres’ personajes de la gobernación del Valle del Cauca, un exfiscal, dos congresistas y hasta un notario, lo acompañaron en una fiesta de cumpleaños, dijo ese medio periodístico. Por los lados de la Casa de Nariño ha sido lo mismo. Eso sí, todos niegan que el asalto a la democracia sea cierto.

Grupos delincuenciales: ‘socios’ de políticos

¿Qué hay de la vida política del Negro Martínez? Después de pagar una condena recobró su libertad, y como la clase política tradicional, su hija, Lina, participó de la contienda electoral de marzo pasado, y en el reconteo de votos le alcanzó para llegar a la Cámara, quedándose con una de las dos curules afro en esa corporación. Diciéndolo en términos absolutamente sarcásticos “está muy bien nuestra democracia” cuando los afros tienen una representación tan ‘digna’ en esa corporación. El caso del Negro Martínez es uno de varios de los que hacen presencia a lo largo y ancho de nuestra geografía nacional.

La influencia de grupos ilegales – llámense paramilitares, narcotraficantes, ‘guerrillas’, etc. - en la política colombiana, han venido desvirtuando la democracia. Además, la alianza de la corrupción con esos grupos, han formado un anillo que ha imposibilitado a otras fuerzas políticas acceder, vía electoral, al manejo del poder. Esa raquítica forma de expresión de la vida política del país es aún más mancillada con el asesinato de líderes sociales y defensores de derechos humanos. Grupos que aparecen en la vida nacional con nombres que enmascaran su peligrosidad, como -por ejemplo- “la Oficina de Envigado”. 

Esta ‘oficina’ no es una, es toda una confederación denominada por la Policía “Organizaciones Delincuenciales Integradas al Narcotráfico (Odin). Allí tienen cabida: Los Chatas, Picacho, Caicedo, la Terraza, la Unión, Robledo, Trianon y San Pablo. Hay que recordar que Gustavo Villegas fue capturado en 2017 por sus nexos con la Oficina de Envigado cuando se desempeñaba como secretario de Seguridad para la alcaldía que dirigía el hoy candidato presidencial ‘Fico’. Asimismo, se señala que otro candidato presidencial, Sergio Fajardo tendría vinculación con Villegas.

 Las relaciones de este personaje con la clase política antioqueña se extienden en el tiempo. Según lo pudo establecer Juan Pablo Barrientos de Caracol Radio y publicado en el diario digital argentino Infobae, “el historial de Villegas en las administraciones de la alcaldía de Medellín ha sido larga y cubre más de 30 años, pues en su momento fue designado como secretario de Hacienda por el entonces alcalde de Medellín, Luis Alfredo Ramos, que al día de hoy purga una condena por sus vínculos con la parapolítica, seguido a esto, el gobernador de Antioquia, Juan Gómez Martínez, lo designó como gerente de la Fábrica de Licores de Antioquia”.

 

Casa de Nariño: ¿vinculada a parapolíticos?

Según la nota periodística, Villegas participó en la mesa de negociaciones con el ELN en 1998 y 2002, cuando gobernó Andrés Pastrana. Se resalta también que el vínculo directo con Fajardo se dio en 2004, cuando el mandatario de Medellín lo habría nombrado director del programa de Paz y Reconciliación en la ciudad, en el marco de la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia; luego Villegas ascendería a ser secretario de Gobierno, cargo que manejaba las condiciones de seguridad de esa capital en aquella época. La confianza fue tal que Fajardo lo designó siete veces como alcalde encargado.

La Casa de Nariño no se quedó atrás en sus vínculos con la narcopolítica. En las redes sociales se volvieron virales las relaciones de “El Neñe” Hernández con Iván Duque, sí - así como lo leen - el actual ‘mandatario’ de los colombianos, que por fortuna le quedan pocos días de su mal gobierno. “El Ñeñe”, un narcoparamilitar, quien fuera un ganadero y esposo de una exreina de belleza - María Mónica Urbina - es una de las personas que hizo grandes contribuciones a la campaña presidencial de Duque. Él perteneció a la alta sociedad de Valledupar, “gente de bien”. Las plataformas digitales dan cuenta de una galería de fotos del susodicho personaje con Duque, otros políticos, así como altos mandos del Ejército y la Policía.

 Colombia, y en particular los políticos, se ‘enteraron’ quien fue “El Neñe” cuando se supo de su muerte el dos de mayo de 2019, en extrañas circunstancias, en Brasil. Por supuesto, hubo manifestaciones de condolencias por su muerte por parte de políticos, y la más sentida fue la del Innombrable, jefe máximo del Centro Democrático. “Causó mucho dolor el asesinato de José Guillermo Hernández, finquero del Cesar, asesinado en un atraco en el Brasil donde asistía a una feria ganadera”, manifestó el dueño de la ‘finquita’ El Ubérrimo. 

¿Podrá aguantar más tiempo Colombia con esta forma de gobernar el país en las últimas décadas? ¿Acaso plantear un cambio no será el deseo de una población empobrecida –22 millones de pobres-, de campesinos, sin tierra, porque después de desplazados se las arrebataron? ¿Soportará más esa situación de pauperización de la clase media y unos jóvenes sin posibilidad de conseguir un empleo, después de obtener un título universitario; de una educación que habla dos ‘idiomas’: la que recibe los pobres y sectores en decadencia económica, y la ofrecida para los hijos de las familias pudientes, que forman un porcentaje mínimo de la población?

 Tal vez, la peor imagen que enseña lo pésimo que el país ha sido gobernado, ahora y desde hace varios años, es la desnutrición de la niñez. Según la última Encuesta Nacional de Situación Nutricional de Colombia, 560.000 niños menores de 5 años sufren de desnutrición crónica en el país y 15.600 padecen desnutrición aguda severa. Más de 100 niños fallecieron por esa situación durante el 2021. Esta nación necesita un cambio urgente, y no se les puede creer a quienes han gobernado y han empeorado la situación de pobreza. Con democracia de verdad, no con votos comprados u obligados por defender un puesto, se puede iniciar la transformación del país.

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“Dinero maldito”, cáncer de la democracia

 

William Ospina, en su texto “En busca de la Colombia pérdida”, manifiesta: “se ha dicho mucho que es imperativo sacar a las armas de la política. Tan urgente como eso es algo mucho más difícil: sacar el dinero de la política y meter en ella a la gente. Ese es tal vez el principal cambio que necesita la democracia, para que quepan en ella los manantiales y la salud, la educación y la naturaleza, la familia y la protección de la vejez, el trabajo y el territorio. Como un deber moral, pero sobre todo como un ejercicio de supervivencia, hay que sacar el dinero de la política: poner freno a la plutocracia, al negocio de las curules, al lobby de las corporaciones, al poder antidemocrático del dinero, a la política como negocio”.

En su análisis señala: “Dirán que es imposible, pero lo que hay que decir es que es necesario. La época ofrece posibilidades ilimitadas para la pedagogía y la creatividad, pero por el sumidero de la plutocracia todo va desembocando en la renuncia a cualquier legalidad. Los mayores negocios del mundo se hacen cada vez más a espaldas de la gente. El que ya estemos en poder de las mafias en buena parte del mundo no es un accidente, es el cumplimiento de un sistema que todo lo compra y lo vende. Por eso necesitamos aliarnos con una ley que no se pueda comprar. Esa ley sólo está en la naturaleza, y va a hablarnos cada vez más duramente. Esta pandemia nos lo está demostrando, pero tal vez es sólo el comienzo”.


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