Ciencia y Tecnologí­a / OCTUBRE 23 DE 2022 / 3 meses antes

Hambre y desperdicio de comida: ¡qué paradoja!

Autor : Diego Arias Serna

Hambre y desperdicio de comida: ¡qué paradoja!

La olla totalmente “raspada”. Así amanece también en muchos hogares colombianos, sin que haya nada que echarle. La contradicción de una sociedad deshumanizada: de un lado, toneladas de comida van a la basura; y del otro, millones de bocas hambrientas.

De acuerdo con la ONU, se estima que entre el 8 y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero están asociadas con comida que no se consume.

El pasado 16 de octubre se recordó el “Día Mundial de la Alimentación”, iniciativa promovida por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con el objetivo de disminuir el hambre en el mundo; propósito que también se plantea la Agenda 2030 con su meta de hambre cero.

Asimismo, el 17 de octubre se conmemoró el “Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza”; otro fin por alcanzar en el primer Objetivo de Desarrollo Sostenible, como es el de “poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo”.

Para enfatizar lo mal que va la humanidad, el 18 de octubre se celebra el “Día Mundial de Protección de la Naturaleza”, con el ánimo de crear conciencia sobre la necesidad de cuidar el planeta. Pareciera que el ‘Homo Sapiens’ no logra entender que desperdiciando la comida se está contribuyendo con tres desgracias sociales: propagar el hambre, aumentar la población desnutrida y la destrucción del planeta. El desperdicio de la comida no sólo es en los países ricos, como más de una persona cree; por el contrario, el lamentable fenómeno se da en todas las naciones, incluida Haití, una de las más pobres. 

El “Índice de desperdicios de alimentos 2021” expone cifras aterradoras: en 2019 hubo 931 millones de toneladas de alimentos malgastados. Esto sugiere que el 17% de la producción total en el mundo fue a parar a la basura. ¡Qué horror! detrás de ese hecho, se tienen 690 millones de personas que pasaron hambre en 2019, según informó la FAO. Y, qué vergüenza, 3.000 millones de personas que no pueden pagar una dieta saludable, es decir, cargan con la desnutrición a cuestas, tal vez hasta la tumba.  

Según los resultados del estudio liderado por la ONU, la mayor parte del aludido desperdicio - equivalente a un 61% -, proviene de los hogares. Es decir, de las casas de cada uno de nosotros. Le sigue un 26% que pertenece al rubro de servicio de alimentos, por ejemplo, de restaurantes, hoteles o instituciones educativas. Finalmente, un 13% proviene del comercio, como supermercados o pequeños almacenes. El estudio no da cifras acerca de las pérdidas registradas en el transporte desde el campo hasta la ciudad. 

La humanidad se está suicidando 

Fernanda Paúl, periodista de la BBC News Mundo, en su artículo del 15 de marzo de 2021: Las impactantes cifras que deja el desperdicio de comida en el mundo (y cuáles son sus efectos), recordó: “El Día Mundial de Protección de la Naturaleza se celebra desde el año 1972, fecha en la cual el expresidente de Argentina, el general Juan Domingo Perón, pronunciará en un discurso en Madrid las siguientes palabras: “Ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobreestimación de la tecnología. Es necesario revertir de inmediato la dirección de esa marcha, a través de una acción mancomunada internacional”. 

Paúl complementa la noticia: “Estas palabras llegaron a manos de Kurt Waldheim, entonces secretario de la ONU, por medio de una carta que envió el mismo Perón. Las palabras calaron tan profundamente en el secretario que se hizo eco de las mismas ante la asamblea general de este organismo, logrando que la protección del medio ambiente fuera uno de los objetivos principales de la Agenda 2030”.

La periodista se pregunta “¿Alguna vez te has detenido a analizar cuáles son las consecuencias de desperdiciar alimentos? Si tu respuesta es no, no te preocupes, pues lo cierto es que la verdadera escala del desperdicio de alimentos en el mundo y su impacto no ha sido completamente dimensionada hasta hoy.

Esa es una de las conclusiones del último y más completo informe sobre el tema realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la organización británica sobre residuos Wrap.

Dicha organización tiene como misión, según Wikipedia, “fomentar el uso sostenible de recursos mediante el diseño adecuado de productos, la minimización de residuos, la reutilización, el reciclaje y el reprocesamiento de materiales de desecho. Su nombre en inglés (envoltorio) da una sutil pista al respecto”.

Destaca, además Paúl: “Lo que ahora sabemos es que para los países de ingresos medios el desperdicio de alimentos en el hogar es sustancial. Y esto cambia completamente lo que pensábamos anteriormente de que era solo un problema de los países de altos ingresos”, explicó a BBC Mundo Tom Quested, analista de Wrap y uno de los autores del reporte.

¿Pobres y desperdiciando? ¡Absurdo!

Afirma también Paúl: “Con información del desperdicio de alimentos de 54 países, los investigadores llegaron a una de las conclusiones más llamativas de su estudio: los niveles de residuos a nivel doméstico son similares en los países de altos ingresos, medianos altos y medianos bajos. Por ejemplo, Nigeria es uno de los países del mundo donde más comida se bota, con 189 kilos per cápita al año. Algo similar sucede en Ruanda, donde la cifra alcanza los 164 kilos per cápita. Holanda y Bélgica, en cambio, desperdician 50 kilos per cápita al año, mientras que en Estados Unidos son 59”.

Añade: “La conclusión, entonces, está clara: este ya no es un problema sólo de países ricos, donde los consumidores simplemente compran más de los que pueden comer. Ahora, también es de aquellos países que están en vías al desarrollo”. Para hacer más visible la cantidad de los alimentos que se botan, Paul afirma que es el equivalente a tener 23 millones de camiones de 40 toneladas completamente cargados de alimentos y que puestos en fila darían siete vueltas a la Tierra. 

América Latina (AL) y el Caribe también aportan ‘camiones’ botando alimentos. El informe de la ONU, junto con el de Wrap, al que alude la periodista, reseña: “La mayoría de los países latinoamericanos no tiene información robusta acerca del desperdicio de alimentos. Esto es un problema, pues sin datos es imposible dimensionar el tema. Los investigadores lograron reunir información de siete diferentes puntos geográficos pertenecientes sólo a 4 países de Sudamérica: Belice, Brasil, México y Colombia”.

Menciona ella: “De acuerdo con los resultados, Belice desperdicia 53 kilos por persona al año, mientras que en Brasil fueron 60, en México 94 y en Colombia 70”.

Por su parte, Tom Quested, en ese mismo informe, explica: “Los resultados en América Latina sugieren que existe una cantidad sustancial de desperdicio de alimentos proveniente especialmente de los hogares. El continente tiene todavía un largo camino para abordar el problema pues debe entender lo que está sucediendo en sus fronteras para tomar acciones”.   

Según un estudio de la FAO, publicado en octubre de 2019, el continente es responsable del 20% del volumen global de alimentos que se pierden desde la cosecha hasta que llegan a los minoristas. De las cifras dadas, se infiere que Brasil con casi 216 millones de habitantes desperdicia mucho menos alimentos que Colombia, por persona. ¿Qué le pasa a la nación del mejor café excelso del mundo? 

Colombia: hambre, desnutrición y desperdicio

El 54% de la población sufre inseguridad alimentaria y más de medio millón de niños desnutrición crónica, según una nueva investigación en campo. La Covid-19 y la desigualdad económica lastran aún más el desarrollo infantil. La afirmación anterior es el preámbulo al artículo que escribió el 14 de enero 2022 para el periódico El País, España, Noor Mahtani, reportera de la sección América Futura y que tituló: “El hambre que conoce la mitad de los colombianos”. 

Inicia expresando: “El niño que de los cero a los cinco años no recibió los nutrientes imprescindibles, no solo tendrá tallas más bajas, sino que aprenderá más lento y nunca desarrollará todo el potencial cognitivo, afectivo y personal”. Así describe – por su parte - Daniela Sarmiento, experta de nutrición de Save the Children en Colombia, la desnutrición infantil: “Probablemente, llevarán esta marca en todo su ciclo vital y en su genética; están prácticamente condenados a la réplica en sus hijos”. 

Menciona igualmente Mahtani: “En el país andino, hay 554.000 pequeños con el futuro condicionado, según el último estudio de Red de Bancos de Alimentos Nacional (Abaco) y la Cámara de la Industria de Alimentos de la Asociación Nacional de Industriales (Andi), presentado a principios de diciembre. Los niños son la cara más crítica de los efectos del hambre, un mal que conoce el 54% de la población”. Expone en su artículo que los hogares colombianos que consumían tres comidas al día disminuyeron de un 90% antes de la pandemia a un 70,9%, según lo indica la encuesta Pulso Social del Dane.

Afirma, además, que el último indicador de pobreza monetaria evidencia que el 42,5% de los habitantes dispone sólo de 331.688 pesos (76 euros) para cubrir sus gastos de alimentación, vivienda y otros artículos de primera necesidad. “Y hay siete millones de personas que viven con 145.000 pesos mensuales (33 euros)”, explica – alarmado - Juan Carlos Buitrago, director de Abaco, en relación con las víctimas de la pobreza extrema. “¿Cómo alimenta uno a su familia con eso?”, se pregunta.

Mahtani, después de señalar que hay una tendencia a aumentar la desigualdad en América Latina, subraya la situación del país: “En Colombia, con 21 millones de personas con algún tipo de inseguridad alimentaria, la carestía no es exclusiva de las ciudades vulnerables. “Está en todos lados”, zanja Sarmiento. Es más manifiesta en la Orinoquia y la Amazonia, el Atlántico, con énfasis en la Guajira, la Costa Pacífica – sobre todo Chocó, Cauca y Nariño -, regiones donde se localiza la mayor parte de la población indígena y rural, resalta Mahtani.

Denota que el hambre y la desnutrición contrastan con el hecho de que se tira la tercera parte de los alimentos que se producen, comida que podría acabar con el hambre del país. Lo positivo es que, como dice la nota periodística, la pandemia aumentó la solidaridad de sociedad.    



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