Ciencia y Tecnologí­a / OCTUBRE 10 DE 2021 / 1 mes antes

Latinoamérica, ausente de los Nobel

Autor : Diego Arias Serna

Latinoamérica, ausente de los Nobel

“La complejidad de los sistemas climáticos, agravada por las amenazas de la crisis climática, continúa desafiando a los científicos del clima en la actualidad”, Martin Juckes.

La semana que terminó, todos los medios de comunicación del mundo dieron un amplio despliegue informativo a las noticias relacionadas con los galardonados con los 6 Premios Nobel. Entre los posibles nombres de los científicos propuestos, solo se acertó en el caso de ciencias naturales, con uno de los laureados, el físico Giorgio Parisi. Lo anterior indica que la investigación científica es muy fértil y que fueron varios los investigadores que compitieron por los premios más importantes cubiertos por dinero heredado de Alfred Nobel. 

El lunes se supo que el descubrimiento de los receptores de temperatura y tacto gana el Premio Nobel de Medicina o Fisiología 2021. Galardón que recayó en los investigadores David Julius y Ardem Patapoutian. El martes, el mundo de la física se iluminó al conocerse los nombres de los científicos Syukuro Manabe, Klaus Hasselmann y Giorgio Parisi, a quienes se les concedió el Premio Nobel de Física 2021, por sus contribuciones pioneras para entender sistemas físicos complejos. 

Asimismo, el miércoles se anunció que Benjamin List y David MacMillan, ganaban el Nobel de Química, al reconocer sus trabajos sobre una nueva herramienta para obtener una química más limpia y mejorar la investigación farmacéutica.  

Las letras también escribieron el Nobel de Literatura, que en esta ocasión señaló a Abdulrazak Gurnah como su ganador, al reconocérsele su obra literaria sobre los efectos del colonialismo y señalar la difícil situación de los refugiados.  

Por último, el Nobel de la Paz, según el Comité Noruego del Nobel, fue concedido a los periodistas María Ressa, y Dmitry Muratov, por el valor que han mostrado en aras de la libertad de expresión en Filipinas y Rusia. 

Como siempre sucede en este evento de octubre, ningún científico latinoamericano estuvo entre los Nobel, en el caso de las ciencias naturales. Lo que aún refleja la clase de gobernantes que siguen teniendo estos países, la mayoría de ellos interesados en el atraco al erario, la entrega de los recursos naturales a las grandes potencias y sus empresas, haciendo muy poco por la salud y la educación. Como diría Gabo, nuestro Nobel de Literatura, estas naciones parecieran seguir condenadas a otros cien años de soledad y pobreza, si sus ciudadanos no deciden tener otros empresarios y políticos. En esta entrega dominical se ampliarán las ideas relacionadas con los Nobel de ciencias naturales. 

Tacto y la temperatura 

Cualquier ser humano, o las plantas y animales, sienten calor y frío, pueden percibir -tocando un objeto- sentir presión, etc., es decir, son parte de la manera como se está en contacto con el mundo exterior, lo cual se logra con los cinco órganos de los sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Precisamente, el Nobel de Medicina o Fisiología, tiene que ver con esos fenómenos que permiten percibir la naturaleza. El sentido del tacto logra que los organismos vivos perciban cualidades de los objetos. Su órgano, que se extiende por todo el cuerpo, es la piel, que emite señales hasta el sistema nervioso e informa sobre las agresiones mecánicas, térmicas, químicas, etc. 

Sin este sistema de alarma, los organismos no podrían darse cuenta de que están siendo atacados. Los estímulos los captan receptores repartidos por la dermis y la epidermis, especializados en uno o varios tipos de sensaciones. Conocer este mecanismo fue uno de los aportes de David Julius y Ardem Patapoutian. El Instituto Karolinska justificó el nombre de los ganadores por las contribuciones que han realizado en el campo de la fisiología de los sentidos, en particular, desvelando los mecanismos que permiten sentir el tacto y la temperatura, transformando los estímulos del mundo exterior en impulsos eléctricos que viajan desde la piel al cerebro. 

Los Nobel identificaron elementos que faltaban en la comprensión de la compleja interacción entre los sentidos y el entorno. El bioquímico de EE. UU. Julius utilizó la capsaicina, un compuesto picante del chile que induce una sensación de ardor, para identificar un sensor en las terminaciones nerviosas de la piel que responde al calor. Por otra parte, el libanés Patapoutian utilizó células sensibles a la presión para descubrir una nueva clase de sensores que responden a estímulos mecánicos en la piel y los órganos internos. 

Estos descubrimientos permitieron aumentar rápidamente la comprensión de cómo nuestro sistema nervioso percibe el calor, el frío y los estímulos mecánicos. Además, Patapoutian utilizó células mecanosensibles cultivadas para identificar un canal iónico activado por la fuerza mecánica. Apreciar la temperatura, el tacto y el movimiento es esencial para nuestra adaptación al entorno en constante cambio. 

El martes, los físicos celebraron cuando se supo que Manabe, Hasselmann y Parisi fueron los galardonados. El anuncio fue hecho por el secretario de la Academia Sueca de Ciencia, Göran Hansson. Este Premio Nobel de Física reconoce los nuevos métodos para describir sistemas complejos y predecir a largo plazo su comportamiento. Uno de ellos, de vital  importancia para la humanidad, es el clima de la Tierra. 

El italiano Giorgio Parisi fue premiado especialmente por el descubrimiento “de patrones ocultos en materiales complejos y desordenados. Sus revelaciones se encuentran entre las contribuciones más importantes a la teoría de sistemas complejos”, según la Academia Sueca. Asimismo, el japonés Syukuro Manabe y el alemán Klaus Hasselmann fueron galardonados por su aporte “fundamental” en la creación de los modelos climáticos. Manabe, demostró cómo el aumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera conduce a un incremento de las temperaturas en la superficie de la Tierra. Este trabajo sentó las bases para el desarrollo de modelos climáticos actuales. 

Parisi analizó una aleación de metal llamada vidrio giratorio, en la que los átomos de hierro se mezclaban al azar en una rejilla de átomos de cobre, y con unos pocos átomos de hierro, cambiaban las propiedades magnéticas del material de una manera radical y desconcertante. Por ello, la Academia Sueca vio el vidrio giratorio como un microcosmos del complejo comportamiento del clima de la Tierra y de los estudios que hicieron Manab y Hasselmann años después. 


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