Ciencia y Tecnologí­a / JULIO 11 DE 2021 / 3 meses antes

Otra vacuna con ‘rostro’ de mujer

Autor : Diego Arias Serna

Otra vacuna con ‘rostro’ de mujer

Científicas como la vacunóloga británica, Sarah Gilbert, tienen la mirada fija en investigaciones de gran alcance social y humano, que demuestran su relevante papel y aporte en ese campo.

La ciencia, desde tiempos inmemorables, ha estado contribuyendo con sus investigaciones a salvar vidas cuando la humanidad es atacada por enfermedades y pandemias.  

Las mujeres científicas siempre han encontrado obstáculos para desarrollar sus propuestas investigativas. Los hombres, a pesar de que ellas han mostrado su inteligencia para obtener resultados en todas las áreas de las ciencias, a lo largo de la historia, todavía - en pleno siglo XXI - se les sigue menospreciando sus iniciativas en ese campo. Y aunque la Covi-19 acorraló a la humanidad en el 2020, los proyectos de varias científicas fueron “mirados por encima del hombro” por sus homólogos científicos. Sin embargo, ellas persisten con sus iniciativas y obtienes frutos científicos.

En el futuro la humanidad tendrá que agradecerles por su aporte para salvar vidas con las vacunas, al ser inmunizadas millones de personas contagiadas con la covid-19. Chen Wei ha liderado el proyecto de la vacuna en China; Kizzmekia Corbert y Sarah Gilbert la han impulsado en Inglaterra. Obviamente también se debe mencionar a la húngara Kathrin Jensen, jefe de investigación y desarrollo de la vacuna en la farmacéutica Pfizer, quien fue destacada por la revista Nature, como una de las personas que realizó una de las 10 mejores investigaciones del 2020, ocupando el quinto lugar.    

Además de las citadas, hay centenares de científicas en todo el mundo que han dedicada muchas horas investigando cómo producir una vacuna contra la Covid-19. En esta ocasión se destaca a Gilbert, porque ha estado al frente de la investigación de la vacuna Oxford/AstraZeneca. Su equipo, conformado por 300 investigadores de la universidad de Oxford, está asociado con la multinacional farmacéutica británica-sueca AstraZeneca. A finales de julio del año pasado, su nombre se hizo famoso en los medios de comunicación, cuando se conocieron los primeros resultados, ya que su vacuna se mostraba segura y activaba una respuesta inmune contra el nuevo coronavirus. 

Esta vacuna tiene la ventaja de poderse almacenar en un refrigerar de uso común, además de tener un valor de unos 4 dólares, porque la empresa se comprometió a venderla a costo de producción durante la pandemia. Obtener la vacuna por Gilbert y su equipo, se logró en poco tiempo, porque ella ha dedicado dos décadas a la investigación en laboratorios, obteniendo vacunas y ganado una vasta experiencia que facilitó su investigación con la Covid-19.

Científica joven y madre

Cuando se anunció la obtención de la vacuna el año pasado, salieron voces críticas, afirmando que en tan poco tiempo era imposible. Por eso, los ‘contagiados’ con las teorías de la conspiración, decían que la vacuna de AstraZeneca era falsa –lo mismo dijeron de las otras-. Pero la científica aclaró a la BBC News Mundo, por qué lograron la vacuna en tiempo récord. También hay que decir que la vacuna fue sometida a las fases de prueba que deben seguir, para poder darle uso en humanos. 

“Hemos tenido que trabajar muy, muy rápido”, expresó la profesora Sarah Gilbert a la BBC el 28 de julio 2020. La científica de la universidad de Oxford sabe que va a contrarreloj. Está intentando conseguir una vacuna que frene al coronavirus, el patógeno por el que a principios de esta semana ya se habían confirmado más de 16,3 millones de infectados y más de 650.000 muertos. Pero Gilbert y su equipo de 300 investigadores de la universidad de Oxford se las han arreglado para “avanzar muchos de los pasos del desarrollo de una vacuna que normalmente toman unos 5 años”. “Y lo hemos hecho en 4 meses”, manifestó. 

Gilbert asegura que, aunque siempre quiso trabajar en la investigación médica, a los 17 años no sabía por dónde empezar. Su primer paso fue obtener la licenciatura en biología en la universidad de Anglia del Este, en Norwich, este de Inglaterra. Luego completó un doctorado en bioquímica. Enseguida enfocó sus investigaciones en la industria de la biotecnología, donde aprendió sobre la fabricación de medicamentos. En 1994 obtuvo un puesto postdoctoral sénior en la universidad de Oxford, en el campo de la genética, parásitos y la malaria. Su labor investigativa la llevó a trabajar en el desarrollo de vacunas.

Su producción científica también se manifestó como madre. En 1998 dio a luz trillizos, lo cual no fue motivo para hacer un paréntesis en su actividad académica.  Después de un año de la llegada de sus hijos, ocupó una plaza como profesora universitaria. “Es muy difícil equilibrar trabajo y vida personal”, explicó. “Parece imposible cuando no tienes apoyo. Las tarifas de la guardería eran más altas que mi salario”. “Solo tuve 18 semanas de baja por maternidad. Tenía que cuidar de 3 bebés prematuros y fue muy estresante”, dijo la científica.

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Sus hijos, voluntarios para la vacuna

Por fortuna, para ella y la ciencia, su pareja le dio su apoyo cuando decidió interrumpir su carrera y cuidar de los niños. Ella afirma que fue difícil en aquel momento. También contó a la BBC, que una de las mejores cosas de ser científica es que no siempre hay que trabajar largas horas, aunque a veces las cosas se complican. Pero también cuenta que una de las mejores cosas de ser científica es que no siempre se debe trabajar largas horas, aunque a veces las cosas se complican. A medida que pasaba el tiempo, ella se posesionaba mejor como docente. 

En 2004 era profesora adjunta de una universidad y 3 años después comenzó a trabajar en un proyecto de vacuna contra la gripe para la asociación Wellcome Trust de Londres, la cual financió su propio equipo de investigación. Al crecer los hijos, los asuntos domésticos se hicieron más fáciles y a los 21 años deciden, como su madre, estudiar bioquímica, y se interesan en el estudio de la vacuna contra la Covid-19. Los 3 fueron voluntarios para participar en los ensayos de Oxford. “Tenemos que inmunizar a jóvenes sanos entre 18 y 55 años”, cuenta Gilbert a la BBC.  

Como se necesitaba una buena cantidad de voluntarios, aceptó de buen grado la ayuda de su familia, pues no le asustaban los posibles efectos adversos de los ensayos, manifestando al respecto: “Hemos usado este tipo de vacunas en varias ocasiones en el pasado, así que no esperamos sorpresas”. “Lo más importante – concluye - es concentrarse en los ensayos clínicos y acelerar la producción tanto como sea posible para detener el crecimiento de la pandemia. Gilbert ha dado una gran lección para los escépticos, que todavía persisten en sus ideas anticientíficas, y niegan la validez de la vacuna. 

Después de las pruebas de Oxfor/AstraZeneca, June Raine, jefe de la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios, anunció el 30 de diciembre que el biológico descubierto había superado los estrictos análisis y pruebas para poder ser utilizado en humanos. Ella ya había dado el visto bueno el 2 de diciembre, para el uso en el Reino Unido de otra vacuna, la de Pfizer/BioNTech. Raine, con una labor maratónica de estudios y pruebas, permitió que ese país se convirtiera en el primero en occidente en aprobar la vacuna contra la Covid-19. 

Prueba en otros países

Nuevamente el 22 de marzo 2021 la BBC News Mundo anunció que los resultados de los ensayos clínicos de la vacuna de Oxford/AstraZeneca, llevados a cabo en Estados Unidos, Chile y Perú, confirmaron que no sólo es segura sino también altamente efectiva. Más de 32.000 voluntarios tomaron parte en las pruebas, la mayoría de EE.UU., e incluso pacientes de los 2 países latinoamericanos mencionados. La vacuna mostró ser 79% efectiva contra la infección sintomática de covid-19 y 100% efectiva en prevenir casos graves de la misma.  

De acuerdo con la BBC, estos resultados son considerablemente mejores que los que Oxford/AstraZeneca obtuvo en Reino Unido el año pasado, que mostraron 62% de efectividad. Además, en las pruebas de EE.UU. no se presentaron problemas de seguridad con respecto a coágulos de sangre. Eso debería recobrar la confianza de ciertos países de la Unión Europea que recientemente suspendieron el uso de la vacuna por temor a que estuviera relacionada a unos limitados casos de trombosis.

Igualmente, algunos países reiniciaron la aplicación de esta vacuna después de que la Agencia de Medicamentos Europea completara sus análisis y concluyera que es segura y efectiva. Por otra parte, los datos de los ensayos en EE.UU. - conducidos por expertos de las universidades de Columbia y la de Rochester, en colaboración con AstraZeneca- también podrían resultar útiles en asegurar qué tan bien actúa la vacuna en la protección de pacientes mayores contra la covid-19. Así que, con las investigaciones realizadas y los resultados encontrados, sólo queda confiar en la ciencia, que desde hace varios siglos ha salvado muchas vidas. 


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