Ciencia y Tecnologí­a / OCTUBRE 31 DE 2021 / 2 meses antes

Redes sociales: una nueva adicción

Autor : Diego Arias Serna

Redes sociales: una nueva adicción

Millones de chicos como estos, literalmente se olvidan de interactuar entre ellos, por mantenerse atrapados en las redes sociales, en una fantasía que los aleja de la realidad.

“Facebook -ahora Meta-, Instagram, WhatsApp, Smartphone, son una droga. Las redes sociales y la cocaína están reguladas por la misma hormona, la dopamina, que te da placer y genera adicciones”.

Las nuevas generaciones han recibido denominaciones para resaltar la alta dependencia a la tecnología digital, como, por ejemplo, que “no conocen el sol”, porque cuando van caminando tienen su mirada puesta sobre las pantallas de los teléfonos móviles; también les dicen la generación muda, porque prefieren enviar mensajes que hacer una llamada telefónica. 

Es tanto el tiempo que dedican a estos dispositivos, que las investigaciones de psicólogos sociales coinciden en afirmar que ese ‘matrimonio’ entre estas tecnologías y las redes sociales, ya es un detonante que afecta el cerebro de niños y adolescentes, generando comportamientos adictivos y de polarización.

Neurólogos, psicólogos, siquiatras, filósofos, pedagogos y otras profesiones, llaman la atención sobre los problemas que trae los sistemas digitales, a pesar de sus aspectos positivos. Por algo será que los gurús de estos sistemas lo han tenido muy claro sobre la relación de sus hijos con estos dispositivos. El creador de Microsoft, Bill Gates, ha limitado el tiempo de pantalla de sus hijos e impuso reglas de su manejo: no se usa el teléfono cuando se está comiendo y a sus hijos no les dio móviles hasta cuando tuvieron 14 años. En 2017 manifestó que en casa se limita el uso de la tecnología. 

  No solo Gates controla el uso de la tecnología digital en su hogar, también lo hizo Steve Jobs, creador de Apple. En entrevista concedida a The New York Times en 2010, afirmó que prohibía a sus hijos utilizar su recién creado iPad. Así mismo, en el Waldorf of Peninsula, colegio privado donde se educan los hijos de directivos de Apple, Google y otros gigantes tecnológicos, ubicados en San Francisco, no entra una pantalla hasta que llegan a secundaria. Contrasta esta actitud de estos magnates de la era digital, con lo que pasa en las escuelas y colegios de muchas partes del mundo, donde se esfuerzan por tener en las instituciones educativas, computadores, tabletas, tableros interactivos y demás. 

Últimamente, un filósofo y ensayista que se está posicionando en el mundo académico e intelectual, por su crítica a este surrealismo digital que le está quitando ‘vida’ a las cosas. Se trata del surcoreano Byung-Chu Han -Seúl 1959-, quien afirma que somos demasiados dependientes de la droga digital, y vivimos aturdidos por la fiebre de la comunicación. Critica que la tecnología digital convierte a los otros en objeto y destruye la empatía. 

La ‘droga’ del siglo XXI

El 4 de octubre de este año, el mundo “entró en shock” cuando los servicios de Meta -el nuevo nombre de Facebook- se cayeron, afectando a millones de personas, fenómeno que, si bien podría definirse como tecnológico; en el campo de los estudios sociales sirvió como un gran experimento global sobre el impacto de las redes sociales y el uso de los smartphone en la mente humana. 

En una entrevista realizada por el medio británico de la BBC, el psicólogo especializado en comportamiento humano, Marc Masip, definió la situación presentada, como un gran experimento en el que millones de personas se frustraron al apagarse estos servicios por alrededor de seis horas.  

Ello hizo que diversos expertos prendieran las alarmas sobre el nivel de adicción que producen los servicios digitales. Como parte de su trabajo, Masip desarrolla terapias en clínicas de desintoxicación para adictos a la tecnología. Él y otros expertos afirman que no hay mucha diferencia entre la adicción a las drogas y al teléfono móvil. El referido psicólogo también aseveró: “Tenemos que cuidar al niño de las pantallas para que no las necesite tanto. Para un niño, tener un Smartphone antes de los 16 trae más desventajas que ventajas. Sin formación, sin saber usarlo de forma correcta, en el niño tiene más peso lo malo que lo bueno de un teléfono móvil”. 

Expertos de diversas disciplinas relacionadas con la conducta humana han coincidido en manifestar su preocupación por el impacto del uso indebido e indiscriminado de algoritmos por parte de compañías como Meta y sus secuelas en la salud mental. Además, concuerdan en afirmar que una rehabilitación de adictos a los sistemas digitales puede llegar a ser más difícil que la de las drogas, porque se asume que estas son malas, mientras que las nuevas tecnologías todos las usan desconociendo el daño que hacen. 

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Con la generación Z, aumentó el suicido 

Por otra parte, para la siquiatra Marian Rojas, Meta e Instagram son una droga y los likes -me gusta- son chispazos de dopamina. Firma: “Las redes sociales y la cocaína están reguladas por la misma hormona, la dopamina, que te da placer, pero te genera adicciones. Los likes son micro chispazos de esa hormona. Las redes están constantemente enviándonos noticias de lo que sucede en el mundo, y eso hace que, por nuestro instinto de supervivencia, vivamos siempre alerta”. 

Para añadir más elementos a la preocupación, los psicólogos sociales Jonathan Haidt y Jean M. Twenge, revelan que las tasas de depresión, soledad, autolesiones y suicidio de los adolescentes, empezaron a aumentar de manera drástica en Estados Unidos a partir del año 2012, especialmente en la denominada generación Z, es decir, los nacidos después de 1996. El uso de la tecnología digital se disparó en este siglo XXI, y con este fenómeno se ampliaron los problemas de las nuevas generaciones. 

En el caso particular de la educación, son los niños y adolescentes los más afectados, porque surgió la idea de que si la escuela no tiene tecnologías digitales la formación no va a hacer excelente. Se ha olvidado que el aprendizaje está en buena parte determinado por la emoción, y son los humanos quienes dimanan las emociones. Y ahora, cuando se habla tanto de la creatividad, hay que decir que esta es esencialmente humana. 

Infortunadamente, con el avance de los sistemas digitales hay tecnócratas, que apoyan la idea de acabar con la figura del profesor, tendencia que tomó fuerza con la pandemia y el cierre temporal de la escuela presencial pasando a la formación virtual. Luego se sabrá el daño que hizo.

Aferrados a la tecnología

Retomando al filósofo Byung-Chu Han, tomaré como referencia dos artículos publicados el pasado 3 de octubre en El País de España, bajo el título: ¿Funciona el smartphone como oso de peluche? También menciono a la entrevista concedida a Sergio C. Fanjul -S.F-, el 10 de este mes. 

Los dos sucesos periodísticos obedecieron al hecho de la publicación de su libro No-Cosas. Quiebras en el mundo de hoy. En el primer artículo expresa: “Estamos solos, notamos un vacío. Nos aferramos a nuestros teléfonos, en una relación realmente íntima, como los niños se apegan a sus muñecos. Pero esta tecnología convierte a los otros en objeto, y destruye la empatía”.

También, señala: “Hoy nos llevamos el smartphone a todas partes y delegamos nuestras percepciones en el aparato. Percibimos la realidad a través de la pantalla. La ventana digital diluye la realidad en información, que luego registramos. No hay contacto con cosas. Se las priva de su presencia. Ya no percibimos los latidos materiales de la realidad. La percepción se torna en luz incorpórea. El smartphone irrealiza el mundo”. Luego agrega: “El smartphone no solo tiene aspectos emancipadores. La continua accesibilidad no se diferencia en gran medida de la servidumbre”. 

La entrevista inicia así: “El mundo material que tocamos y olemos está siendo arrinconado por el mundo de la información, alerta el filósofo. En el futuro, avisa, seremos controlados mediante la administración de placer”. Pregunta S.F. “En su libro se establece que, mediante la digitalización, nos convertiremos en homo ludens, enfocados al juego más que al trabajo. Pero con la precarización y la destrucción del empleo, ¿podremos todos acceder a esa condición? Respuesta: “He hablado de un desempleo digital que no está determinado por la coyuntura. La digitalización conducirá a un desempleo masivo”. 

Continúa: “Este desempleo representará un problema muy serio en el futuro. ¿Consistirá el futuro humano en la renta básica y los juegos de ordenador? Un panorama desalentador. Con panem et circenses -pan y circo- se refiere Juvenal a la sociedad romana en la que no es posible la acción política. Se mantiene contenta a las personas con alimentos gratuitos y juegos espectaculares. La dominación total es aquella en la que la gente solo se dedica a jugar. La reciente e hiperbólica serie coreana de Netflix, El juego del calamar, en la que todo el mundo solo se dedica al juego, apunta en esa dirección”. ¿Tendrán futuro las nuevas generaciones?   



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