Ciudad / JUNIO 23 DE 2021 / 3 meses antes

La dura ‘carga’ que tienen los Jeep Willys

Autor : Gustavo Ossa García

La dura ‘carga’ que tienen los Jeep Willys

Piden que se adopten las medidas anunciadas en la declaratoria, pues sostienen que están ‘ahogados’ entre trámites y permisos, a lo que se suma la disminución de pasajeros.

A pesar de haber sido declarados como patrimonio, son muchas las amenazas para este segmento del transporte, al que muchos señalan de estar en la quiebra ante el exceso de trámites y los pocos pasajeros.

Tener un Jeep Willys se convirtió en un dolor de cabeza para muchos conductores. El exceso de trámites y documentos que deben cumplir ahogan a estos transportadores que durante décadas han sido la mano derecha de los campesinos en la accidentada geografía colombiana.

Reinaldo Sánchez García, conocido popularmente como Chuzo, es propietario de un Jeep Willys. Confiesa que tuvo que ponerse a trabajar mecánica para ayudar con los gastos que año tras año genera tener este vehículo a pesar de prestar un servicio público. Esta condición exige la compra de pólizas y trámites que pueden llegar a valer hasta $6 millones, dinero que también incluye el mantenimiento.

“Yo tengo un carro y casi que lo tengo guardado, pues cómo hace uno para todos estos gastos. Lo tengo en Caicedonia y allá hay una sola empresa multimodal que también tiene vehículos tipo campero”, dijo.

Agregó que las llamadas planillas ocasionales o tablas de abandono de ruta, son un requisito fundamental para poder salir del municipio de Armenia y cuyo costo alcanza los $10.000  con el limitante que se pueden comprar 3 al mes.

 Gerardo Arcila López, líder del club Willys Quindío, manifestó que a pesar de la reciente ley promulgada en el país, que cataloga como patrimonio estos vehículos y ordenaba al Congreso un año para la reglamentación de un régimen especial, el plazo se cumplió y mientras tanto, los conductores siguen estando cerca del olvido y la quiebra.

“El proyecto que luego pasó a ser la ley 2057 de 2020, y que reconoce el enfoque diferencial que requiere el yipao como patrimonio cultural de la nación y establece que el ministerio de Transporte implemente la reglamentación que establezca el enfoque diferencial dirigido a favorecer al campesinado cafetero, agrícola y las empresas de transporte que prestan servicio público a través de este tipo de carros, situación que hasta el momento no se ha logrado”, manifestó.

En contraste

Arcila López afirmó que hay plazas un tanto mejores que otras. En Salento el precio de un Jeep Willys con cupo oscila entre $200 millones y $250 millones, muy por encima a lo que vale un vehículo en otro sector del Quindío. Un carro tradicional en el municipio de Salento puede estar generando $500.000 de producción por día.  

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Crisis que ahorca

Según Hernando Serna Giraldo, representante legal de la Cooperativa de Transportadores Armenia San Francisco, durante este tiempo de declaratoria no se han implementado los beneficios determinados para estos automotores.

“Siguen costosas las pólizas, con incremento cada año y son muy difíciles debido al servicio que se presta destinado al transporte rural, al servicio de la economía cafetera. Los yiperos están en la quiebra y resistiendo con mucho sacrificio y con dineros externos. Hay que señalar que con la pandemia empeoraron las cosas, ante la reducción de las rutas y los horarios por la falta de pasajeros”, señaló.

Por su parte, Diego de Jesús Vergara, conductor de Willys desde hace 18 años, señaló: “Para la tenencia y funcionamiento de estos carros le están ‘metiendo mucha arandela’ que  uno no es capaz de sostener. Esperamos a ver si el gobierno colabora en algo”.

La falta de auxilios ante los costos de pólizas de responsabilidad civil contractual y extracontractual —que se hacen efectivas en caso de afectación a terceros—, hacen casi inviable esta práctica del transporte. Lo anterior sin contar las llamadas revisiones tecnomecánicas preventivas
—adicionales a la anual—, Seguro Obligatorio contra Accidentes de Tránsito, Soat, mantenimiento, gastos de afiliación a la empresa de transporte, entre otros.

Para el mismo vehículo

Según Luis Fernando Villa García, conductor y propietario, “lo poquito que devengamos del carro lo utilizamos para el sostenimiento del mismo; estamos trabajando a pérdidas y en un aguante, pues no hay gente para transportar actualmente ante la situación que se presenta producto de la Covid-19, lo que hace más complicado este trabajo”.

Los Jeep han sido tradición y parte de la cultura de los pueblos del Eje Cafetero. Estos camperos  que aluden al pasado, han sido usados para transportar pasajeros por las zonas rurales de los municipios, para movilizar mercancías de los campesinos, para hacer trasteos, para participar en fiestas representativas de las distintas localidades, estos últimos eventos suspendidos por cuenta de la pandemia.

Manuel González, conocido en el mundo de los piques acrobáticos como Loba,  cuenta los impactos que han dejado las actuales circunstancias de la pandemia y el incremento de los seguros y obligaciones para estos automotores y sus propietarios.

“Las normativas, papeles y obligaciones con las que debe  cumplir quien tenga un vehículo de estos destinado al transporte, están afectando al carro insignia del Eje Cafetero, a pesar de que ha sido catalogado como patrimonio. Yo tengo 4 carros y se me hace muy difícil en las actuales circunstancias comprarle tecnomecánica y seguros, por eso, me tocó dejar guardado uno blanco en la casa, pues no hay qué hacer con este”, dijo.

Cuenta que para quienes se dedican a las acrobacias, la situación ha sido igual o peor de crítica, al señalar que la no realización de las fiestas de los municipios y eventos les ha pasado factura. 

Concluyó que paradójicamente las motos y el arreglo de algunos caminos veredales pusieron en jaque los trabajos que antes habían sido delegados a este medio de transporte.


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