Cultura / DICIEMBRE 28 DE 2020 / 2 meses antes

Sangre de árbol, hermandad y transgresión sonora

Autor : Juan Felipe Gómez

Sangre de árbol,  hermandad y transgresión sonora

4 personas que piensan diferente, pero a la hora de componer una canción “pareciera que cada uno fuera una extensión del otro”.

Es una canción ambiciosa. Lo nuevo de Sangre de árbol es una canción ambiciosa. 7 minutos y 27 segundos de Psicofonía nos permiten entrar al universo sonoro de esta agrupación que desde hace un par de años viene dando pasos decididos en la construcción de una obra con un sello de identidad propia. Son 4 calarqueños a los que, además de la música, también los unen algunos parentescos: Iván Oquendo en la batería, Christian Lizarazo en el bajo, Diego Alexánder Mora en la guitarra y Harold Baquero en la voz. Psicofonía, puesta a circular en redes el pasado 27 de octubre, es el primer sencillo de un álbum en preparación y da cuenta de los intereses estéticos y la postura frente al quehacer creativo de los integrantes.

2 minutos de intro con guitarras expresivas y contundentes atrapan la atención del oyente y lo conducen hacia una letra que nos sacude con versos de singular cadencia y fiereza: “La agonía está presente en mi camino / la consecuencia de mis actos, mi destino / en un valle de lamentos encerrado mi camino hacia la muerte está trazado”. 

La estructura, los tiempos y el sonido de esta y las otras canciones que han producido a la fecha obedecen a una idea clara de marcar diferencia y explorar al máximo las posibilidades de la música que les interesa. “Lo que creo que caracteriza a Sangre de árbol es la capacidad de darle más discurso a la música mediante la instrumentación, con fragmentos instrumentales más largos. No hemos pensado las canciones como la fórmula tradicional. Hemos tratado de mirar de qué forma no le cargamos la responsabilidad a un solo instrumento, o a una sola lírica, o que necesariamente se tenga que repetir el coro”, dice el guitarrista Diego Mora. 

 Entre esa música que los ha marcado y define su horizonte creativo están las corrientes progresivas del rock norteamericano y británico. “Progresivo es cualquier elemento nuevo que se pueda incluir a los tiempos musicales, a la estructura y a la composición”, apunta el bajista Christian Lizarazo. También es posible pensar en el concepto de lo progresivo como una actitud de tolerancia hacia otros sonidos, como lo menciona el baterista Iván Oquendo, esto teniendo en cuenta el entorno cultural y la penetración de la radio con la música comercial. Así pues, en su espectro de influencias también están la salsa, el funk, el punk, el hip hop y los aires de la música tradicional colombiana.  

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Este sonido al que han llegado es “el resultado de lo que escuchábamos y lo que queríamos decir”, resalta Oquendo, y en ese “decir” de sus letras se reafirma la intención transgresora frente a lo tradicional. “No le escribimos a toda hora al amor, o a toda hora no somos contestatarios socialmente”, dice Mora.   

  Esto encontramos al echar un breve vistazo a las letras de otras de las canciones que han puesto a circular en redes y plataformas: “Nada nos salva de Dios / Nos desangramos en ríos” —Al sol—; “Del sueño a la pesadilla el mañana nunca llegará / Despertar ya me parece absurdo”—Días oscuros—; “¿Cuánto nos cuesta vivir? / Sin hacer ningún esfuerzo en cambiar” —Las luces—. 

La libertad creativa y la certeza de que su música no apunta a los estándares de la radio comercial les ha permitido ser consecuentes en la transgresión: canciones de más de 5 minutos, largos solos de guitarra y alternancia de tiempos y melodías que hacen de cada pieza una experiencia sonora y estética única.  Sobre el proceso de composición dice Lizarazo: “Somos 4 personas que piensan diferente, pero que a la hora de componer una canción pareciera que cada uno fuera una extensión del otro”. Poder decir esto es un signo de madurez y da cuenta del profesionalismo y la entrega del cuarteto al proyecto musical. Componer en conjunto y lograr evadirse de los vicios y los lugares comunes que dicta el mercado siempre será un logro mayúsculo, y si esas composiciones logran conectar con el público y motivarlo a una apreciación más profunda de la música, tanto mejor. Así le han ido dando consistencia a su propuesta en la que aparecen otros elementos que a menudo se escapan a la apreciación del oyente desprevenido, pero no dejan de ser significativos. “Por lo general nos hemos basado mucho en las figuras geométricas para representar lo que estamos diciendo, y a nivel personal siento que cada uno de nosotros se va cargando de cosas y puede ser un compositor en potencia”, dice el baterista. 

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Frente a la actual coyuntura de la pandemia, Sangre de árbol tuvo, como otros músicos y agrupaciones, la claridad de no parar y sacar provecho de las particulares circunstancias. En los meses duros de la cuarentena se embarcaron en la grabación de algunas de las canciones de su repertorio en formato de sesión en casa. “Empezamos con una canción que ya teníamos montada en redes, para mostrar una versión distinta, semiacústica, y la experiencia nos arrojó que se podría hacer mejor”, dice Diego Mora. Vino entonces la posibilidad de poner en práctica la experiencia acumulada y valerse de los recursos técnicos que por fortuna habían ido sumando en años previos. Mas allá de lo anecdótico, la oportunidad y el reto de hacer música en medio de las circunstancias derivadas de la pandemia les ha permitido reflexionar sobre lo que es un imperativo. “Si nosotros como músicos en este momento no buscamos una alternativa para poder virtualizar la música de manera inmediata, lo más seguro es que las bandas se van a quedar un buen tiempo sin que nadie las vea”, señala el guitarrista. “Hay que producir constantemente para no desaparecer”, complementa el bajista. 

Afrontar con entereza y creatividad la crisis es parte de lo que debemos reconocer como una virtud en nuestros artistas. El entusiasmo y la vocación trascienden a pesar de la precariedad y las limitaciones del medio, y como parte de un ecosistema musical como el quindiano los muchachos de Sangre de árbol reconocen que “las pocas oportunidades que se tiene aquí se aprovechan bien desde el punto de vista musical, porque hay buenos músicos, porque hay buenas ideas, y porque la crítica y la autocrítica han hecho que las bandas mejoren”. 

Ser críticos y autocríticos es justo uno de los rasgos que reconocen como esencial del grupo, eso que contribuye a querer hacer las cosas cada vez mejor y aportar al ecosistema cultural local, no solo en lo creativo, sino en la necesaria tarea de cualificar los públicos.     

Existir, llevar la contraria y dejar registro son acciones marcadas en la bitácora de Sangre de árbol. Tendremos noticias de sus acordes y melodías transgresoras, veremos crecer estos versos que envuelven en Psicofonía: “Con los ojos abiertos, juego a estar dormido, / estoy inmerso en mi mundo al hablarme a mí mismo. / Los malos pensamientos me hacen ser más fuerte, / igual de nada sirve cuando despierte. / Con un mundo de mentiras quiero ser más que nadie, / hablan de ser valientes y se arrodillan ante alguien. / Acechando mi cabeza, provocándome ansiedad, / solo quiero que me digan la verdad”. 

*Contenido realizado como parte del proyecto Voces y notas emergentes: una década de nuevos sonidos en la música del Quindío, ganador de la beca de crítica cultural y creativa del programa de Estímulos del ministerio de Cultura 2020.    

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