Cultura / MAYO 09 DE 2021 / 1 mes antes

Verónica y Julián, un amor hallado por el café

Autor : Natalia Delgado Arango - @Nattylovescoffee

Verónica y Julián,  un amor hallado por el café

—Paisa, háblenos del café, que usted es del Quindío.

—No, yo no tomo café, no me gusta — respondía ella.

En ese entonces, Verónica Ríos Gonzales bebía café en pocas ocasiones y por cortesía. En casa de su familia se tomaba café comercial con agua de panela, aquel que aún se prepara en la mayoría de hogares quindianos. 

Por claras razones, ni ella misma se imaginó que terminaría rodeada de cientos de tazas de café, esperando a ser valoradas por sus sentidos; ni mucho menos que encontraría el compañero de su vida entre conversaciones cafeteras.  

Verónica es administradora de empresas, trabajó como vendedora de diferentes productos y servicios, pero en ese camino de encontrarse, se topó con lo que realmente la inspira: el café y su mundo.

Cuando trabajaba en la Cámara de Comercio de Armenia tuvo su primer contacto con el café especial. Allí, además, fue invitada por una amiga a asistir a una tienda de café de especialidad, ubicada en el centro de la ciudad. “Sin que me gustara mucho el café, me empezó a llamar la atención el tema de los métodos de filtrado; allí, Alex me explicaba la historia de cada método y la procedencia del café”.

Fue ahí donde comenzó su interés que se convertiría en lo que hoy llama “su estilo de vida y su bendición”; una pasión que la llevó a trabajar gratis por poco tiempo, para aprender, y a catar más de 200 tazas de café en un día y a conocer a su futuro esposo, otro entusiasta de los cafés especiales.  

Aunque Julián Caicedo Orozco es publicista de profesión y, al igual que Verónica, no era muy amante del café, también se dejó cautivar por las historias detrás de la taza: “Trabajé como fotógrafo para un proyecto de la Cámara de Comercio y allí alcancé a visitar unas 45 fincas, donde se producía café de especialidad. Los caficultores me mostraban el gran proceso que todo eso implicaba y luego me sentaba a tomarme una buena taza con ellos, que a veces preparaban en métodos de filtrado”. 

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Una vez enamorado del campo y de las manos que movían toda la cadena productiva, Julián decidió realizar diferentes cursos en la Escuela Nacional de la Calidad del Café, del Sena, donde después terminó el Técnico en Producción de Café. 

Cuando conoció a Verónica, ella había completado los mismos estudios en el Sena, tenía un increíble espíritu de emprendedora y su misma pasión por los viajes. 

a conexión fue inmediata, así que tuvieron su primer hijo llamado: una marca de café de especialidad que hoy se posiciona en la región. Finalmente, se casaron. 

Los sentidos en taza

Verónica cumplió su gran sueño de toda la vida. Hoy, es instructora Sena en temas de catación en la Escuela Nacional de la Calidad del Café.  “Me incliné por la catación porque yo veía ahí una decisión de compra, es decir, si yo soy un comprador, puedo evaluar la calidad del café y hacer negocio. Me encantó poder adquirir ciertas habilidades y ponerlas en práctica”. 

Además, según explica, la catación le permite determinar defectos y situaciones que pudieron presentarse en algún punto de la cadena productiva del café, de esta manera, es un reto reconocer esas fallas cuando se parte desde la taza. 

Mientras me enseña la Nariz del Café, una cajita con 36 aromas, Verónica habla de su gran habilidad olfativa; desde muy joven tenía como hábito oler alimentos y casi cualquier cosa que tocara. De hecho, hace unos meses, esa costumbre evitó que ella y Julián se tomaran un jugo hecho con cloro.  Para la instructora es importante despertar los sentidos y ese es un propósito de la catación. “Nos pasamos la vida consumiendo una cantidad de cosas que ni sabemos de qué están hechas. No se imaginan las sorpresas que uno se puede encontrar, percibiendo aromas, sabores y texturas”.

Lo que viene para el café

Para Julián y Verónica cada vez hay más entusiastas del café de especialidad, más consumidores, estudiantes y emprendedores. “El tema cada día va mejorando, así como evolucionamos a las especialidades, cuando solo se consumía café comercial y exportábamos lo bueno, seguimos avanzando y, por ejemplo, ahora se habla de procesos diferenciados y demás”. 

Sin embargo, para ellos, hace falta un componente pedagógico que permita difundir el conocimiento del café de especialidad en los hogares y escuelas. 

En ese sentido, y en plena preparación de un sifón japonés, Julián consideró que debería existir una asignatura de café en los colegios. “El café hace parte de la cultura colombiana desde hace más de 100 años, así que se debería enseñar oficialmente, solo por cultura general y sentido de pertenencia”. 

Además, destacó que ese conocimiento debe buscar promover la producción sostenible, en la que se valora el desarrollo social, económico y ambiental.

A Verónica, por su parte, le gustaría participar en un proyecto en el que se capacite a los niños y niñas de escuelas y colegios sobre el universo del café de especialidad que ellos tienen tan cerca, pero que desconocen en muchos aspectos. “¿Quiénes van a ser los compradores y productores? Si no formamos a los niños ahora, será más difícil aumentar el consumo interno”. 

Y es precisamente la difusión cultural la que puede impulsar el crecimiento de este sector económico, en el que muchos emprendedores ponen su esperanza. Por ahora, Verónica y Julián siguen contagiando a más personas con la brillantez de una bebida, que para ellos es la excusa perfecta, la mentirita piadosa que une a los colombianos para conversar, hacer un negocio o por qué no, encontrar el amor de su vida.




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