Economí­a / DICIEMBRE 30 DE 2020 / 5 meses antes
2020

Armenios perdieron ingresos cercanos a $81.159 millones mensuales por la cuarentena

Autor : Karol Moreno García

Armenios perdieron ingresos cercanos a $81.159 millones mensuales por la cuarentena

Los primeros sectores en reactivarse gradualmente fueron los de construcción y manufactura, el 27 de abril.

El freno a la economía trajo graves consecuencias para un aparato productivo como el local que se constituye principalmente de trabajadores informales y cuenta propia. 

En  marzo se reportó en Colombia el primer caso de Covid-19 y con la misma velocidad con la que se propaga el virus, se tomaron diferentes medidas restrictivas de carácter nacional para hacerle frente a la emergencia sanitaria. 

La primera de ellas fue limitar el número de personas en un mismo espacio, lo que inmediatamente tuvo repercusión en el sector de ferias y eventos; luego, el 18 de marzo, vino el cierre de establecimientos de ocio y diversión, afectando directamente a los empresarios de discotecas, tabernas, bares, cervecerías, así como los locales de juegos de azar —casinos y bingos—, quedando con la única alternativa de vender alimentos y bebidas a domicilio. 

Renglón seguido se decretó el aislamiento preventivo obligatorio y con él la emergencia económica, social y ambiental, pues la medida implicaba que todos tuvieran que quedarse en sus casas y solo un miembro de la familia pudiera salir en determinados días de la semana a realizar compras esenciales. 

En ese momento quedó al descubierto, para el caso del Quindío, una economía muy débil, que no estaba lista para recibir semejante impacto; un aparato empresarial en el que prima la informalidad, donde casi la mitad de la población laboral consigue su sustento como cuenta propia, además, la incorporación de las nuevas tecnologías en los negocios era ínfima. Todo esto dejó a un porcentaje reducido la posibilidad de seguir trabajando desde casa —en Armenia 61.5 % tenía dificultades para hacer teletrabajo—. 

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Las fronteras se cerraron y con ello se frenó el transporte aéreo y el terrestre interdepartamental. Los supermercados, las droguerías, los productores agropecuarios y los transportadores de carga fueron las actividades económicas que nunca pararon, así como los trabajadores públicos, de la salud, de los servicios públicos, los docentes, conductores de transporte público, los vigilantes. Fueron solo 34 excepciones. 

Todos los demás sectores tuvieron que detener su actividad, esperar y sobrevivir con lo que tenían, adoptar estrategias de emergencia como enviar a periodo de vacaciones a sus empleados, reducir la jornada de trabajo a medio tiempo, incluso entregar solo un mínimo vital para no despedirlos; otros tuvieron que reducir sus nóminas y otro tanto tuvo que adaptarse a la nueva realidad, transformar su negocio, apostarle a los domicilios y fijar su mirada en el comercio electrónico. 

Mientras las calles se encontraban desoladas, los gremios del comercio, los restaurantes, el turismo, la construcción, entre otros, daban cuenta de la crisis. 

El comercio reportaba en abril una caída del 94 % en sus ventas, así como incremento de precios y nivel de inventarios; los restaurantes solo podían funcionar con servicio a domicilio, lo que representaba tan solo el 20 % de sus ingresos, derivando en que muchos tuvieran que cerrar definitivamente y se perdieran cerca de 4.000 empleos. 

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El flujo de caja del sector constructor se vio congelado, no solo porque las obras —que generaban 9.854 empleos en el departamento— estaban detenidas, sino porque la Oficina de Registro e Instrumentos Públicos estaba cerrada y no brindaba ninguna alternativa digital para poder seguir adelante con los negocios. 

Fueron cerca de 3 meses de cuarentena estricta. En mayo, cuando ya se avizoraba el inicio de la reactivación económica, la Sociedad de Economistas del Quindío, Seq, preveía un panorama poco alentador, pues la gran encuesta integrada de hogares del Dane dejaba ver una economía local con una base informal que representa el 56 % de todos los ocupados y donde el 49 % de los que trabajan lo hacen por cuenta propia. En el cruce de las cifras, encontraron  que los informales acumulan el 42.5 % de toda la masa de ocupados de Armenia.

Según cálculos de la Seq, mensualmente los armenios perdieron ingresos laborales de alrededor de $81.159 millones por efectos de la cuarentena. “De estos, $44.150 millones serían del sector informal y $38.000 millones del formal. Los informales acumularían pérdidas en sus ingresos de $30.655 millones al mes, el 37.31 % de todos los ingresos mensuales de los ocupados de la ciudad”.




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