Economí­a / NOVIEMBRE 27 DE 2021 / 1 mes antes

De la pucha y el atado al like y el hashtag

Autor : Daniela Garzón

De la pucha y el atado al like y el hashtag

Buscar al cliente y apostarle a las plataformas tecnológicas garantizó el abastecimiento de la canasta básica  familiar en el Quindío.

Especial 500 empresas que hacen grande al Quindío 

El Quindío, aunque es el departamento más pequeño del país, sobresale a nivel nacional por su verde, reflejado en las montañas que lo rodean; montañas que, a lo largo de la historia, los campesinos de la zona han labrado y cultivado.

Gracias a su riqueza climática y diferentes alturas sobre el nivel del mar, el departamento se ha caracterizado por la producción de café, y por impulsar la agricultura, ganadería, avicultura, apicultura y piscicultura, como su principal renglón económico.

Con el paso de los años, el aumento del turismo en la zona, y la necesidad de ir a la par con los avances y demandas del público, los campesinos han cambiado la manera en la que producen y venden sus productos, adaptándose al entorno.

Caficultores con más de 50 años de experiencia realizando el proceso tradicional del café —trillado, tostado, molido y empacado—, para venderlo únicamente en cooperativas de los municipios, optaron por crear sus marcas, produciendo cafés especiales, los cuales, tienen diferentes procesos de beneficio, según el perfil que el cliente desee para su taza —sabor del café—.

Además, caficultores de los diferentes municipios han convertido sus fincas en destinos turísticos, donde los viajeros conocen y viven la producción del café, desde la siembra, hasta la taza, agregando a esto el encuentro con fincas autosostenibles.

Reinventarse fue la palabra de moda durante el 2020, y es que con la llegada de la Covid– 19 al país y la posterior cuarentena que impedía viajar dentro del territorio nacional, los campesinos tuvieron que generar estrategias para vender sus productos de manera segura, y suplir los ingresos que recibían del turismo.

Muchas de las personas que dedican su vida a cultivar la tierra, lo hacen por herencia de padres y abuelos; algunos por el amor al campo; otros, porque no tuvieron la oportunidad de estudiar y, como ellos mismos dicen: “les tocó”.

Pero los campesinos desde sus saberes heredados y tradicionales continúan enfrentando retos, como el generado por la Covid-19; aunque, para las personas de los sectores urbanos parece básico, lo primero que hicieron los agricultores fue crear WhatsApp para ofertar los alimentos, recibir pedidos y comunicarse con los clientes. 

El segundo paso fue conseguir los permisos para la implementación de servicio a domicilio, y posteriormente, asesorarse con hijos, nietos, vecinos, conocidos o expertos, sobre el manejo de redes sociales —desde el uso básico hasta la creación de contenido para empresas—. La venta por este canal garantizó que muchos campesinos no perdieran sus productos, hoy ellos siguen aprendiendo de estas plataformas, generando contenido de valor, contagiando el amor por el campo, y viendo las fincas como una gran empresa que se adapta a los cambios del mundo.

Para los comerciantes no fue diferente, en la central de abasto mayorista de Armenia Mercar se encuentran alrededor de 600 comerciantes que, desde el inicio de la pandemia y las restricciones de movilidad, se unieron para desarrollar ideas que les permitieran abastecer sus negocios, vender los productos y cumplir con las medidas sanitarias indicadas para la mitigación de la propagación del virus, lo fundamental fue cambiar la manera de vender, dejar de esperar a que el cliente llegara e ir hasta él.

Gran parte de los comerciantes de la central mayorista de Armenia no le apostaban a esto; e incluso no contaban con servicio de domicilio ni números telefónicos, por esto lo primero que hicieron los vendedores de Mercar fue integrar plataformas virtuales.

“Nosotros implementamos las redes sociales, el servicio a domicilio, la propaganda, es decir, nos valimos de muchos medios para que la gente no saliera de casa. También dimos con la buena fe de los clientes y la oportunidad que nos dieron de trabajar, nosotros —gracias a Dios— no cerramos la central”, dijo Nolberto Castellano Jurado, comerciante de la bodega verde de Mercar —pabellón de verduras— y quien fue la segunda persona que se trasladó a la central mayorista, en febrero de 1999, unas semanas después del terremoto.

Respecto a este proceso de evolución, Omar Alberto Martínez Cardozo, gerente de Mercar, afirmó: “Buscar al cliente fue algo innovador, algo que nos hizo cambiar la mentalidad, se la hizo cambiar a los comerciantes, nos hizo pensar que tenemos que ir a la vanguardia del día a día, de cómo se presente un suceso de estos; de todos los cambios que se nos vienen presentando”.

Otros de los retos por los que pasaron los comerciantes fue el paro nacional que inició el 28 de abril del presente año, y que trajo bloqueos en las principales vías del país, durante semanas, y que generó desabastecimiento.

Sin embargo, los comerciantes se unieron nuevamente, en esta ocasión para pagar los altos precios en los fletes —transporte de los productos—. “El paro sí nos afectó mucho, porque cuando hay paro, la gente se pone a dañar los vehículos, por ejemplo, un flete de Bogotá a Armenia vale normalmente $600.000, llegó a valer hasta $2.500.000; porque les dañaban los parabrisas a los carros, los vidrios, les pinchaban las llantas, dañaban la carga, e incluso se robaban la mercancía, pero, de todas maneras, los traíamos. Otras ciudades como Cali no conseguían a ningún precio, nosotros traíamos por trochas, se trasbordaba por el Tolima en Willys”, afirmó el comerciante sobre la compra y venta de los alimentos durante el paro nacional.

Estos elevados precios en el transporte de los productos, sumados a los riesgos de pérdida, hicieron que los alimentos aumentaran los precios, una libra de papa, que se conseguía a $700 u $800, llegó a valer $2.500.

El objetivo principal desde que inició la pandemia, y en el momento que se sumó el paro fue seguir buscando al cliente, nunca dejar desabastecido el Quindío, incluso las regiones cercanas llegaron a abastecerse de productos a Mercar.

“De esto hemos aprendido que tenemos que ir al paso que nos lleve la vida, apostándole a las plataformas, a las redes sociales, a los medios escritos y llegando al cliente”, puntualizó el gerente de Mercar.

Una muestra de que los campesinos, productores, transportadores y comerciantes evolucionan con el paso del tiempo y trabajan para seguir impactando los hogares quindianos.



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