Fauna / NOVIEMBRE 19 DE 2021 / 2 meses antes

El gallinazo, limpiador de la naturaleza

Autor : Alberto Gómez Mejía

El gallinazo,  limpiador de la naturaleza

Foto : Juan Pablo Marín

Se alimentan principalmente de carne en descomposición; tienen además buena visión y buen olfato.

La palabra Cathartidae fue utilizada en 1839 por el barón Nöel Frédéric Armand André de Lafresnaye, un ornitólogo francés, para denominar a una familia de aves que agrupa a los mal llamados buitres de América, porque no son propiamente buitres. El vocablo proviene del griego kathartēs, que significa limpiador, por su característica común de ser aves carroñeras, es decir, que se alimentan principalmente de carne en descomposición; tienen además buena visión y buen olfato; y son exclusivamente americanas.

 La familia está compuesta por 5 géneros y 7 especies. Las 2 aves más grandes del planeta, el Cóndor de los Andes y el Cóndor de California, pertenecen a ella. Un número significativo de catártidos se extinguió en los periodos precedentes. Es importante mencionar que los ornitólogos, que estudian las aves, tienen aún mucha discusión sobre la nomenclatura y clasificación de este grupo biológico.

En 1793, Johann Matthäus Bechstein, un naturalista y ornitólogo alemán, le había dado a una especie de esta familia, el gallinazo común, también llamado chulo (black vultur, en inglés) la denaominación de Vultur atratus. Posteriormente, en 1853 el zoólogo francés Isidore Geoffroy Saint–Hilaire denominó el género como Coragyps, compuesto de 2 palabras: corax, cuervo, y gyps, buitre. Se insiste que no se trata de un buitre, cuya taxonomía corresponde a una familia diferente; y tampoco de un cuervo. Luego, en la revisión científica, cambió esta ave a Coragyps atratus, que es el nombre actualmente aceptado; la palabra latina atratus viene de ater, negro, y significa ennegrecido. 

En el Jardín Botánico del Quindío es fácilmente apreciable que los nidos de los gallinazos se localizan en las concavidades de los árboles viejos, pero a nivel del piso. También se observan inmóviles, con las alas extendidas recibiendo el calor de la energía solar, o volando en círculos, no localizando animales muertos como siempre se dijo, sino ascendiendo en las columnas de aire caliente de la atmósfera para tomar altura. Su vuelo y especialmente la poca energía que invierten al hacerlo es un espectáculo maravilloso para el buen observador.



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