Fauna / JULIO 27 DE 2020 / 1 mes antes

Tortuga pimpano, amenazada por la deforestación, la cacería y la contaminación  

Autor : Carlos López

Tortuga pimpano, amenazada por la  deforestación, la cacería y la contaminación  

La quindiana Katherine Young Valencia, bióloga de la Universidad del Quindío, ha dedicado 11, de sus 29 años de edad, al estudio de la pimpano.  

Suele habitar en las aguas turbias, es grande y ayuda a controlar plagas. 

La gran riqueza del departamento del Quindío es su naturaleza y diversidad, un clima envidiable y la abundancia en plantas y animales, que ni siquiera han sido documentados en su totalidad. Un ejemplo de ello es la tortuga pimpano, conocida con el nombre científico de Chelydra acutirostris, que es una de las 2 especies de tortuga propias de este territorio, pero que, debido a esa misma falta de información ni siquiera está dentro de las categorías de animales que corren peligro de desaparecer, pese a que la destrucción de su hábitat, la contaminación de las fuentes hídricas y la cacería están afectando gravemente sus poblaciones.  

Gracias al trabajo de jóvenes investigadores, como la bióloga Katherine Young Valencia, que lleva 9 años estudiando estos reptiles, se ha podido avanzar en su reconocimiento, pero todavía queda mucho trayecto por recorrer en aras de la conservación y la protección de la especie.  

“Mi trabajo inicia en el pregrado desde el año 2011 con un estudio sobre la evaluación de las poblaciones de la tortuga pimpano, a partir de la densidad y estructura poblacional en 2 fuentes hídricas, una localizada en la reserva El Ocaso, y en la quebrada Cajones, dentro de las instalaciones del Parque del Café. Terminé mi carrera en el 2013, pero continúo trabajando con la especie, vinculada a una línea de investigación del grupo Ecología Animal de la Universidad del Valle y al departamento de Biología de la Universidad de Luisiana, en Monroe, EE. UU., básicamente estas han sido mis fuentes de financiación para culminar la fase final de la maestría en Recursos Hidrobiológicos Continentales”, relató la bióloga que está finalizando con la fase de campo de su estudio.  

9 años de trabajo le han permitido hacer 4 publicaciones, una adicional, que está por salir, y 5 más que están en proceso de publicación para el próximo año. “Aunque no simplemente buscamos generar textos, sino liberar información científica que permita posicionarla ante los entes encargados de dar categorías de amenaza”.  

 La tortuga que no se esconde 

La tortuga pimpano se caracteriza por su cola larga y su caparazón grande, razón por la que muchas veces suele asociarse con caimanes. A diferencia de la gran mayoría de tortugas, por su diseño natural —plastrón en forma de cruz— es incapaz de esconder sus extremidades dentro de su caparazón, por más que lo intente su cabeza y sus patas quedan expuestas.  

En comparación con la otra tortuga autóctona del Quindío, la llamada ‘tortuga de caja’ —Kinosternon leucostomum—, la pimpano es mucho más grande y pesada, un ejemplar adulto puede llegar a medir 49 centímetros y pesar hasta 34 kilogramos en estado salvaje. 

Es una tortuga muy temperamental, cuando está fuera del agua o se siente agredida, generalmente tiene una actitud agresiva y puede infligir graves lesiones, al punto de que, si estamos hablando de una tortuga adulta, puede amputar fácilmente un dedo o fracturarlo. Es decir, no se recomienda su manipulación sin el debido conocimiento”, explicó la investigadora.  

Hallar los nidos de la pimpano no es fácil, sin embargo, los huevos son saqueados por algunos mamíferos como el guatín, el armadillo, el zorrito, algunas aves e incluso sufren de ataque de las hormigas.  

La tortuga desova 3 veces al año y pone 25 huevos cada vez. Su crecimiento es muy lento, ya que para ser considerado adulto tiene que medir 20 centímetros de longitud recta del caparazón, para lo cual requiere más de 12 años de edad, el promedio de vida se estima hasta más de 46 años. 

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Es una tortuga que no se encuentra en cualquier cuerpo de agua, prefiere los afluentes más turbios donde se camufla de sus depredadores naturales, desafortunadamente las aguas turbias en el Quindío suelen ser las más contaminadas.  

“Debido a la degradación de su hábitat, permanece allí en busca de camuflaje, porque su caparazón tiene un color marrón oscuro, que en aguas claras resulta muy vistoso. La pimpano está asociada a las quebradas en zonas de guaduales, se suele encontrar en los lodos dentro del agua, pero cuando se pierde la cobertura vegetal estos lodos se secan, en ese momento se siente expuesta y se desplaza de la zona, poco a poco está perdiendo su hábitat debido a la deforestación”.  

A pesar de ello hay registros de poblaciones en Calarcá, en zonas bajas de Barcelona, como por ejemplo el río Barragán, en la zona baja de río Verde; en La Tebaida, en las veredas Pisamal, Maravélez; en Montenegro, en la quebrada Cajones y en el río Espejo. “Prefiere los climas cálidos, debido a que regula su temperatura de acuerdo con la radiación solar, si el agua está muy fría afecta su metabolismo”.  

La pimpano es omnívora, se alimenta de peces, crustáceos, moluscos, insectos, pequeños mamíferos, incluso de algunas aves pequeñas, incluso se puede alimentar de animales en descomposición. “También ayuda a controlar las especies de rápida reproducción y crecimiento. Al alimentarse de vegetación acuática ayuda, en muchos casos, a la dispersión de sus semillas y a controlar las especies de plantas que consumen gran parte del oxígeno disuelto en el agua. Hemos notado que contribuye a controlar la rana toro, una especie invasiva, que está ampliamente distribuida en el departamento”.  

 

La cacería, el consumo y las enfermedades 

En el Quindío, los único depredadores naturales en estado adulto son la nutria y el ser humano que la pesca, a veces porque los individuos quedan atrapados en sus redes, y en otras porque ven en ella una fuente de proteína relativamente fácil de obtener.  

“No se trata de estigmatizar, ni dar la razón, ya que logramos entender la dinámica económica y cultural, pero también sabemos que debemos llegar a un acuerdo para que se haga una explotación sostenible de la especie, para que no cacen a las hembras o a los individuos más pequeños”.  

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El consumo de la carne de una tortuga que tiende a habitar los cuerpos de agua más contaminados de la región, se ha constituido en otro de los elementos de estudio de la investigación, ya que generalmente estos cuerpos de agua tienen un alto componente de materia orgánica en disposición, procedente de vertimientos de agua residual doméstica e industrial. También tienen un alto contenido de coliformes fecales, es decir, aguas que son poco aptas para el consumo humano. 

“El problema que ha acarreado esto es que, si bien ella tiene altos niveles de tolerancia a la contaminación, no tiene una inmunidad a las enfermedades, genera efectos secundarios contra su salud. Hemos evidenciado formación de hongos y de edemas en el caparazón, en la piel y parte córnea de los ojos. Enfermedades en la piel y descalcificación por el PH ácido de las aguas, es decir, su caparazón se hace más blando y queda expuesto a fracturas”. 

También se han asociado parásitos a la tortuga que puedan estar generando predisposición de enfermedades bajando su sistema inmunológico, un tipo de sanguijuelas, invaden su piel y se alimentan de su sangre. 

Por si fuera poco, se ha descubierto que la especie hermana, la Chelydra serpentina —de Norteamérica—, es bioacumuladora, lo que quiere en términos simples que su piel conserva parte de la contaminación que le llega por el contacto con agua. “Es algo que se va a evaluar en próximos estudios para ver si hay una relación, es solo una hipótesis de que si la pimpano está expuesta puede bioacumular metales pesados como el mercurio que pueden generar en quienes la consumen predisposición a desarrollar enfermedades cancerígenas, afectación del sistema circulatorio y hasta trastornos mentales”.  

 



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