General / SEPTIEMBRE 13 DE 2013 / 7 años antes

Anita, la mujer de los 109 años

Anita, la mujer de los 109 años

Ana Sara Márquez de Ramírez, sigue con su vida feliz, sin preocupaciones y muy serena en la fundación hogar Anita Gutiérrez de Echeverry ubicado en el corregimiento El Caimo de Armenia. 
¿Cómo ha sido su larga vida?
Yo he vivido de una manera muy tranquila y muy serena y ahora que estoy en el hogar me encuentro de maravilla, y no tengo nada de qué quejarme, porque las personas que laboran aquí son muy amables, están muy pendientes de la cama que importa mucho y de todas las comodidades que me puedan ofrecer.

¿Siempre ha vivido en Armenia?
No, yo nací en Salamina, Caldas, y allí viví los primeros años de mi vida que recuerdo que fueron muy felices, aunque en la capital quindiana no me quejo de cómo he vivido.

¿Cómo llegó a Armenia?
Cuando mi familia se vino de Salamina yo estaba muy pequeña y no recuerdo bien por qué nos vinimos para Armenia ni cuántos años tenía cuando llegué a esta ciudad, pero sí recuerdo que no había carro ni nada por el estilo y a nosotros nos tocó trasladarnos en caballos y desde entonces nos instalamos en la zona centro de la capital del departamento.

¿Qué tipo de vida ha llevado?
Yo he llevado una vida común y corriente, ni tan buena ni tan maluca, y aquí sigo.

Cuando llegó a esta ciudad, ¿qué hacía?
Siempre desde que recuerdo trabajaba con la gente, especialmente con la de abajo, yo mantenía en los suburbios, con una compañera que se llamaba Leticia Ocampo, a quien así pasen muchos años nunca la olvidaré.
Nosotras dos íbamos a todos los barrios y yo le ayudaba a asear la gente, a cambiarla de ropa, a acomodarla para que ella aplicara inyecciones y muchas otras cosas.
Por todo este trabajo que hacía la gente me quería y yo también aprendí a querer a todas las personas.

¿Usted era enfermera?
No, yo solamente era una ayudante, pero nunca puse una inyección, solo hacía todo lo que fuera más sencillo como una colaboradora de Leticia.

Aparte de realizar esta labor humanitaria con las personas más necesitadas de aquella época, ¿tenía algún otro trabajo?
No, para nada, yo no trabajaba en nada más, la verdad era muy maqueta, claro que en la casa sí hacía muchas cosas y la mantenía bien arreglada, me gustaba la organización y el aseo, casi que puedo decir que era juiciosa.
Recuerdo que en mi casa a la hora de comer todo el mundo debía sentarse en el comedor o en la mesa, no permitía lo que ahora se ve mucho de personas con la comida en la mano en otras partes de la vivienda o viendo televisión, esa costumbre ahora se ha perdido, ya no hay ni una hora establecida para comer y se ve una persona por allá otra en otro lado, pero eso no era así.

¿Cómo fue su vida con su familia?
Yo vivía acá en Armenia con mi papá y mi mamá con ellos tenía un hogar muy feliz hasta que me casé con Juan Ramón Ramírez, el hombre más querido de este mundo y formé mi propio hogar en el que también vivía muy feliz. Con mi esposo tuve dos hijos: Gonzalito y Lucilita como les decía yo, y ahora me acompaña solo mi hija que está aquí en el hogar conmigo.
Recuerdo que tener a este hombre a mi lado, fue el ‘acabose’ de mi vida, porque lo quise mucho, mucho, mucho y el fue muy bueno conmigo, por lo que duramos casados bastantico tiempo, aunque ni sentí pasar los años.

¿Su matrimonio entonces fue muy feliz?
Fue maravilloso, aunque él tenía sus defectos como cualquier hombre de hoy en día. Le gustaba mucho el trago, pero la ventaja y lo bueno que tenía era que cuando tomaba no llegaba a la casa como una fiera, al contrario, llegaba todo lambetas y yo que sí lo estaba esperando como una fiera, quedaba desarmada por su modo de ser, entonces yo ya no le decía nada porque además sé que a un borracho no se le puede decir nada, entonces no tenía cuentas con él, cuando llegaba a la casa yo mejor me iba para la habitación y cerraba y adiós, hasta el otro día que ya cuando estaba en sano juicio llevaba su sermón, pues yo le reclamaba que siempre hacía lo mismo y después ahí si venía a pedir perdón, pero en definitiva vivíamos una vida bonita, porque yo lo quería mucho y al fin y al cabo era muy alcahueta con él.

¿Por qué cree que ha vivido tanto?
Yo considero que he tenido tres vidas, la de la niñez, la adulta y ahora la de la vejez, son etapas diferentes y las he llevado de una manera tranquila, pero además creo que es porque antes todo era muy natural.

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