General / JULIO 15 DE 2012 / 8 años antes

"Asistimos a una revolución del erotismo y del amor": José Zuleta Ortiz

“Asistimos a una revolución del erotismo y del amor”:  José Zuleta Ortiz

 Con un manejo sutil y preciso del lenguaje, José Zuleta Ortiz, hijo del pensador Estanislao Zuleta, ha forjado una obra poética y cuentística que lo ubica como uno de los autores más destacados de la literatura colombiana reciente.
Radicado en la ciudad de Cali, compagina su actividad creativa con la gestión cultural y la promoción de actividades literarias. Entre los reconocimientos que ha tenido su obra se cuentan el Premio Nacional de Poesía Descanse en paz la guerra de la Casa de Poesía Silva, Bogotá 2003, y el Premio Nacional de Literatura modalidad cuento del ministerio de Cultura 2009 por el libro Todos somos amigos de lo ajeno.

Este jueves 26 de julio es el encargado de cerrar las sesiones de la Cátedra Luis Vidales con la charla Tu cuentas, yo cuento, ambos retozamos, en la que reflexionará sobre las posibilidades del género cuento para abordar el tema del erotismo.


-¿Cómo recuerda a su padre y qué tanto influyó en su formación como escritor?

Mi padre era un hombre poderosamente sensible, y por sensible, frágil. Un hombre que vivía de sueños. Era pausado y se tomaba tiempo para todo. Parecía hilvanar, tejer cada pensamiento, cada palabra. Lo suyo era la palabra. No se sentía a gusto con el mundo en que vivía, en consecuencia inventaba sueños, utopías, asideros para resistir. Era generoso, a tal punto, que no dudaba en regalar algo que apreciaba muchísimo. Compartía con entusiasmo todo lo que le producía felicidad. Recuerdo algo que me dijo alguna vez: “todo interlocutor es un interlocutor válido, digno”. Pensar era su propósito, pensar todo lo que llegaba a su vida, lo que acontecía a su alrededor, su propia aventura humana.

Influyó mucho en el origen de mi gusto por la lectura y por el aprecio de la música del idioma. Aprender poemas de memoria y escucharlo leer en voz alta son parte de la extraña formación que poseo. Su voz ejecutando la música de los textos es una influencia que considero decisiva en mi relación con la literatura.
 

-¿Cuál es su opinión sobre las lecturas y la valoración que se ha hecho de la obra de su padre?
Mi padre murió hace más de veinte años, era muy joven para ser pensador, tenía 55 años. Sin embargo, su pensamiento crece con el paso del tiempo. Hoy es leído sobre todo por los jóvenes. Hace poco en la biblioteca donde trabajo escuché a un muchacho decirle a otro que estaba muy agradecido con Zuleta, porque le había quedado muy claro, al leerlo, que “Nos educan para hacernos esclavos”.


 -El programa Libertad Bajo Palabra, que usted coordina,  ha promovido la lectura y la escritura creativa en la población carcelaria a nivel nacional. ¿Qué resultados ha tenido este proceso en el que se comparten experiencias creativas con personas en condiciones de reclusión?

Si algo hemos comprendido al realizar este trabajo es que existe un mundo paralelo y complementario al de la ley: el de la ilegalidad. De algún modo lo que llaman el bajo mundo —que ya no es tan bajo— es menos burocratizado, más permisivo e incluyente. El mundo de la ilegalidad acoge a muchas personas que viven o aspiran a la marginalidad. Este mundo resulta más interesante, apasionante si se quiere, para los que viven en él, que el que ofrece la legalidad. La heroicidad de los criminales atrae poderosamente; el riesgo, la aventura, la adrenalina, propios de la ilegalidad, resultan muy estimulantes para los jóvenes marginados y auto marginados.

La periferia y la marginalidad contienen una ética y una estética en la cual se reconocen más fácilmente estos jóvenes. La exclusión y la ilegalidad son para ellos sentido y pertenecía. El aspecto mítico de los “bajos mundos” es para ellos apasionante, en él emergen de la nada héroes de carne y hueso, seres de un valor y una sagacidad inauditas en los que coexisten la más extraordinarias formas de la amistad, el amor y la humanidad, con la crueldad y la ferocidad más despiadadas.

Para muchos la cárcel es vivida como distinción, como ascenso y como prueba, como reconocimiento o iniciación. Puede y suele ser convertida en forma de vida.

En el trabajo que realizamos los directores del programa Libertad Bajo Palabra en las cárceles vemos con claridad que la sociedad colombiana se ha democratizado de una manera paradójica; nos encontramos en las cárceles a las altas esferas de la sociedad: congresistas, alcaldes y gobernadores, ministros, contratistas del estado, abogados, médicos, sacerdotes; todos los que alguna vez fueron el paradigma de la dignidad humana, ahora se encuentran en las cárceles.

Pero lo más inquietante es que para muchísimos jóvenes de América Latina el mundo del crimen, de la ilegalidad, es una aspiración. Es un mundo fascinante en el cual se sienten reconocidos, un mundo en el cual se realizan sus sueños y en el cual la prisión o la muerte son parte del juego. Conversando con estos alumnos se oyen testimonios inquietantes: “Existen muchas formas de estar preso, casi todas peores que estar preso”, dijo con serenidad una mujer que lleva 14 años tras las rejas. “Yo no me quiero ir de aquí”, le oí decir a otro detenido en la cárcel de Palmira. “Si no fuera porque me cogieron, ya estaría muerto”, aseguró un hombre joven en la penitenciaría de Peñas Blancas en Calarcá. Estos testimonios no hablan bien de la cárcel, hablan de lo terrible que es para muchas personas la calle, la libertad, el país en que vivimos


-Usted ha participado en  proyectos editoriales de revistas literarias como Luciérnaga, Clave y Odradek. ¿Cómo ve el panorama actual de las publicaciones de este tipo en el país?
Las revistas literarias son esenciales en la memoria de la cultura. Generalmente muestran lo que ocurre, el estado de la literatura en determinadas épocas y regiones. Aprendí desde muy temprano que lo que no se registre pasará con pena y sin gloria.

Una revista cultural es un juguete delicioso. Tanto para quién la hace, como para quien la disfruta. En ellas se registran las tendencias estéticas de un grupo o de una generación. Se puede investigar, se puede compartir el trabajo y el talento de muchos artistas. Se hacen hallazgos de escritores anónimos o tímidos u olvidados. Quién hace una revista literaria es un descubridor, un generoso cazador de belleza, de inteligencia, de talento. Una revista literaria también es la manera de ser amigos y registrar y compartir los mejores hallazgos de esa amistad.  


-Usted nació en Bogotá, pero ha vivido y desarrollado su obra en Cali. ¿Qué piensa sobre la idea de que es mucho más difícil surgir como escritor en las ciudades de provincia?  ¿Se ha sentido atraído por Bogotá?
Me temo que es una falsa premisa. Lo mejor de la literatura y del arte en Colombia tiene origen en la provincia. Detrás de esa idea hay algo de otro tenor. Una cosa es el éxito comercial de una obra y otra, la calidad de la obra. No se puede confundir la figuración en los medios de un escritor o de un artista, con la calidad de su obra. Existen muchos quejosos de su suerte porque en los medios nacionales no se ha reconocido su obra. Las obras verdaderamente importantes siempre encontrarán sus públicos. A veces sucede que a más calidad, menos público. También se dan casos en los cuales una gran obra alcanza una extraordinaria popularidad. De lo que estoy seguro es que el artista verdadero sabe, conoce su talento y lo honra con su trabajo. Eso debería ser suficiente fuente de placer como para necesitar loas o aplausos. De Bogotá me atraen las librerías, algunas personas que no sé por qué viven allá, y sus escasos pero poderosamente nítidos cielos azules. “Más ná”.


-A propósito de Cali, ¿cómo vivió el esplendor cultural de la ciudad en los años setenta y cómo la ve, y la vive, en la actualidad?
Pienso que el esplendor cultural de Cali en los años setenta es un mito. Un mito centrado en dos figuras: Andrés Caicedo y Enrique Buenaventura. Que son, a mi manera de ver, los iniciadores de dos grandes temas de la cultura de la ciudad: El Cine y el Teatro. El hecho de que en Cali se realizaran festivales de arte y exposiciones de grandes artistas cada dos años no quiere decir que existiera un gran movimiento de artistas caleños en los años setenta. Creo que es mucho más importante lo que ocurre ahora en el arte de la ciudad. El artista plástico más importante de la actualidad, y que tiene una obra que perdurará, es Óscar Muñoz. Hoy hay grandes músicos, bailarines clásicos en grandes compañías de danza, cantantes líricos en diferentes óperas del mundo. Las producciones de cine que se hacen hoy son mucho más logradas que las que se realizaron en la década de los setenta. Hoy hay más de 10 festivales anuales especializados en distintas disciplinas artísticas, en aquellos años (supuestamente maravillosos) había uno bienal. Siento que la poesía y la narrativa viven en Cali una saludable época en estos comienzos del siglo XXI.


 -Usted ha sido director de talleres de escritura creativa y  hace parte de la red del Ministerio de Cultura (RELATA) ¿Cuál cree que ha sido el aporte de este programa al campo de la literatura nacional?
Los talleres de escritura son la ocasión para que muchas personas que aman la literatura y desean aprender se reúnan. Esto de por sí es importante. Que distintos esfuerzos y búsquedas tengan un lugar de encuentro e intercambio, que sus producciones circulen, que se debata y se indague sobre el arte de escribir es enriquecedor para todos. La posibilidad de que los escritores que comienzan entren en contacto con escritores que están en pleno ejercicio de su trabajo y que ya tienen una obra es muy importante para ambas partes.
 

-¿Qué tanto le ayuda un taller literario o de escritura creativa a alguien que se está iniciando en el mundo de las letras?
Le ayuda en varios sentidos: puede sentir lo que producen sus textos a otras personas, que los apreciarán como textos, sin que medie afecto o relación de amistad. Puede mirar críticamente lo que hace. Si tiene suerte puede darse cuenta del tremendo trabajo que hay detrás de un texto legible. Puede entender, si tiene un director que se lo muestre, que la literatura es pensamiento y música.
También puede tomar la decisión, legítima y honrada, de dedicarse a gozar de la literatura sin tener que escribir.


-Usted ha cultivado la poesía y el cuento. ¿Qué le atrae de ambos géneros?
Son géneros complementarios. La poesía es la más atrevida y eficaz forma de jugar con el lenguaje, de indagar y explorar el mundo. El cuento (prefiero la palabra relato, me parece más generosa) es ante todo eficacia y luz sobre un asunto. El relato generalmente se vale de la poesía para lograr sus propósitos, y como la poesía, una de sus tareas es explorar e indagar.
 

-Este año los ejes temáticos del Quinto Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales son amor y erotismo. ¿Cómo ve ambos temas en la literatura nacional? ¿Qué obras considera significativas?
Son temas universales de la literatura, temas infinitos. Casi todo lo bueno contiene erotismo y ese cambiante y casi siempre maltrecho sentimiento llamado amor. Me gustaría mucho escuchar a los jóvenes, percibo que asistimos a una revolución del erotismo y del amor, y que no la entendemos, sus líderes son los muchachos. No cacarean su libertad como ocurrió en los sesenta, pero sus búsquedas y su forma de vivir el cuerpo y de involucrar la tecnología y el pragmatismo me interesan mucho. En una tertulia alguien dijo que las letras de las canciones antes hablaban de sentimientos y ahora hablan de genitales. Una muchacha le respondió que antes se daban más vueltas para llegar allí.

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