General / FEBRERO 12 DE 2017 / 3 años antes

Lehder hizo llover plata sobre Armenia

Lehder  hizo llover plata sobre Armenia

El narco le regaló una avioneta al departamento del Quindío. Días después se supo que en ese “vuelo” venían 32 millones de dólares en efectivo bien empacados en tulas verde oliva, con rótulos de la Air Force norteamericana. 

Las décadas de los sesenta y setenta fueron súbitamente agitadas por la bonanza marimbera en las regiones de Colombia, producto de la ampliación de un mercado clandestino de marihuana que llegó desde el Caribe colombiano a Estados Unidos en toda clase de vehículos y retornó en forma de abundantes remesas de dólares que circularon en el torrente social, aún entre las gentes más pobres del país. Especialmente en la costa Atlántica y el Eje Cafetero, en donde se tradujo en una rumba monumental que parecía no tener fin.

“En Macondo llovía plata del cielo”, era la forma en que los escritores Darío Jaramillo Agudelo, Joseph Contreras y Juan Gossain y los investigadores de las ciencias sociales Orlando Fals Borda y Diana Marcela Rojas se referían al inédito acontecimiento en el que un sorpresivo y constante flujo de verdes billetes norteamericanos parecía cubrir como tapetes las ciudades de Colombia. 

¿Qué otra imagen podría retratar mejor ese desbarajuste causado por los nuevos ricos y la subcultura consumista a la que dio paso el auge de los alucinógenos, convertida -a falta de educación y cultura política- en un proyecto movilizador de las clases pobres y medias de la sociedad local?
En estas empresas tuvo comienzo la experiencia de numerosos jóvenes quindianos que se  “alistaron” en ese modus vivendi. 1. Destronaron a los Don Juanes y se convirtieron ellos mismos en Narcisos.

En el Quindío, simultáneamente su principal producto agrícola, el café, se vio fortalecido por una extraordinaria alza de precios internacionales. De manera que la abundancia monetaria cayó como un maná sobre un pueblo en el que coexistían un sector productivo moderno y exportador, de altos ingresos, con una agricultura de subsistencia y significativos bolsones de pobreza y miseria. 

Esa situación de “excesos de liquidez” propició un embriagador despilfarro en toda la zona cafetera. El consumo indiscriminado de licores y sicotrópicos, permitía ver el cuadro de una borrachera colectiva de jóvenes sobre los andenes de la ciudad. La irrupción de los valores del hedonismo y de la lúdica ociosa indujo nuevas formas de comportamiento social. En adelante la ciudad tendría más casinos que universidades y los niños aprenderían matemáticas en los tiquetes del juego del Chance y en lugar de asistir a las escuelas se convertirían en vendedores de ese juego maldito. 

Los campesinos cafeteros habían logrado renovar su escaso menaje doméstico y las clases altas adquirieron desafiantes propiedades, electrodomésticos y automóviles de última generación y se fueron de vacaciones al exterior. 2 Se empezaba a experimentar en el  mundo occidental la “era del vacío”, de la civilización consumista, según la cual la estructura de la vida está determinada por la satisfacción inmediata de todos los deseos humanos.

Marimba, café y coca
Entonces la sociedad tradicional que progresaba a un ritmo tranquilo, sin contingencias abruptas, fue repentinamente estremecida en su apacible y sencilla cultura por los efectos de la bonanza marimbera y la irrupción masiva de las divisas derivadas de la cocaína y la marihuana, que irrigaron la economía y destruyeron los seculares patrones de conducta. La común expresión de `dinero fácil´ recoge un poco “el sentimiento de lo que viene ocurriendo, en contraste con lo que venía ocurriendo hasta entonces. Se perdió la racionalidad colectiva y se destacó el ingenio individual, la viveza, la astucia, el rebusque, el enriquecimiento sin causa”. 

La feria equina
Con la desbordada masa monetaria llegaron consumos culturales no tradicionales o refinadas tradiciones modificadas por la fusión del arte, la música y el deporte espectáculo. Uno de esos, tal vez el de mayor convocatoria en la capital quindiana -el de la Feria Equina- se vio enriquecido por las “adiciones” que los beneficiarios de las bonanzas le insuflaron para convertirlo en seductor show. Por su organización y la modernización del coliseo con pista sonorizada y servicios de óptima calidad, fue elevada a la categoría “Triple A”. Un trabajo periodístico del autor de esta nota revela “un encuentro mafioso” en el coliseo de ferias de Armenia, en el que (el 19-10-85) compartieron  viandas y licores Gonzalo Rodríguez Gacha (El Mexicano), el caballista Fabio Ochoa, el rejoneador Dairo Chica, el comediante Hugo Patiño y el entonces director de la Aerocivil Álvaro Uribe Vélez4  

El aterrizaje de Carlos Lehder
Al finalizar esa década, los quindianos habrían de recordar el maremágnum social y político que significó la actividad sociopolítica de Carlos Lehder Rivas (1949) en este departamento.  

Gobernaba el país el presidente Julio César Turbay Ayala, con su principal instrumento de control político y social, el `Estatuto de Seguridad´, cuya inflexible aplicación por la cúpula militar puso en vigencia una época de terror para los opositores y el pensamiento crítico y alternativo, pero de complacencia  con las mafias. 
Desde Nassau, Bahamas, la firma “Air Montes”, le hizo llegar al gobernador del departamento Mario Gómez Ramírez una carta fechada el lunes 20 de noviembre de 1978 en la que le anunciaba la decisión de premiar al departamento por “su extraordinario progreso cívico, con la donación de un avión bimotor”. Se trataba de un “Pepper Navajo”, tipo ejecutivo con matricula N50RK, de color blanco y atravesado por una línea vinotinto en su vientre, en el que había espacio para ocho pasajeros, incluida su tripulación. 
La llegada del “Anofeles de latón”, como fue denominado por el progresista quincenario El Cambio liberal, fue de una apoteosis tal que los medios de comunicación regionales la “cubrieron” en vivo, acompañados por el fasto interpretativo de la banda departamental y un imponente desfile de colegios públicos en traje ceremonial, jolgorio que fue rematado con un cóctel en el salón de actos de la gobernación. 

La aeronave venía piloteada por Jaime Restrepo, Juan Toro, auxiliar de vuelo y su esposa Tatiana Canal, personajes al servicio de Lehder. Su arribo sin contratiempos se logró merced a la presencia de una misión especial de secretarios del gabinete departamental. Días después se supo que en ese “vuelo” venían 32 millones de dólares en efectivo bien empacados en tulas verde oliva, con rótulos de la Air Force norteamericana, y que uno de los secretarios, renunció a su cargo oficial y se convirtió en el feliz administrador de los bienes de Lehder. 

Tiempo después, cuando Lehder, un Latín lover de 32 años de edad, hizo presencia en  Armenia, fue objeto de distinciones sociales y las elites del poder local le prodigaron su aprecio y simpatía en múltiples recepciones, a partir de lo cual fue bautizado lisonjeramente por los periodistas locales como “el industrial colombo-alemán”; en su honor un espacio del edificio del Círculo de Periodistas del Quindío fue consagrado como  “Salón Bahamas” y el periodista conservador Jorge Eliécer Orozco, su presidente, “escribió” una laudatoria biografía que se apresuró a recoger cuando la DEA hizo públicos los antecedentes mafiosos del capo quindiano.

Lehder Rivas, vivía a un ritmo de vértigo, como si cada minuto fuera el último de su vida. Hombre pasional, de ambiciones desmesuradas, proclive a la excentricidad, tenía la corpulencia de un fisicoculturista. Se enternecía con las tonadas de John Lennon a quien por cierto le erigió una escultura postmodernista en la Posada Alemana, encargada al escultor Rodrigo Arenas Betancur. Desde una perspectiva doctrinaria, Lehder se regocijaba con la ideología sombría de Adolfo Hitler, de quien tenía un grande óleo y su Main Kampf, la biografía del partido Nazi, desplegados en un altar y un atril, como las biblias en los hogares cristianos. Con él llegó la narco cultura que a partir de allí se impuso como una moda en la literatura, la música y el arte locales. De este sombrío pasaje escribí en La Crónica del Quindío en abril de 1995 un informe de tres entregas titulado “Quindío Mágico”, reseñado en el libro “El señor de las sombras, biografía no autorizada de Álvaro Uribe Vélez”, del escritor e investigador norteamericano Joseph Contreras.

Lehder, llegó a tener más poder económico y político que el Comité de Cafeteros y la Gobernación juntos. Con el visible influjo de su capital enorme perturbó la paz social, la actividad política y el funcionamiento de la  economía regional, hasta el punto de que las principales actividades empezaron a girar en torno a sus decisiones. Sus ruidosas fiestas en las que obsequiaba drogas y licor sin tasa ni medida, desbarataron la moral de la juventud. 
Creó empresas atractivas en el sector turístico (en esto fue pionero) como La Posada Alemana, una réplica de las campiñas suizas cuya ruina y desmantelamiento es ahora referencia inevitable del auge y caída dramática de los grandes capos, a un costo de 400 millones de pesos de la época; ganaderas, como “Cebú Quindío”, agropecuarias como “Pisamal” y “Airapúa” y de comunicación como el periódico Quindío Libre, que utilizó como instrumento de comunicación para ejercer la actividad política desde el “Movimiento Latino Nacional”. 

En las instalaciones de sus empresas puso en función un montepío a donde los pobres y los profesionales varados o los ricos en descenso concurrían para “empeñar” objetos de uso doméstico, que les eran devueltos cuando cumplían responsablemente con un número determinado de asistencias a las manifestaciones políticas convocadas por el líder mafioso. Aspiraba a altos destinos en la actividad pública y esto lo perdió. Inicialmente contó con la complicidad de los dirigentes tradicionales que lo vieron como un mecenas para financiar sus actividades clientelistas; al tiempo, obtuvo una especie de legitimidad por parte de la Iglesia católica, a través de Monseñor Darío Castrillón, a la sazón Obispo de la diócesis de Pereira, quien percibió por ese entonces las nunca desmentidas “narcolimosnas”, al oficiar la misa de inauguración de la Posada Alemana.

Cuando apareció la segunda edición del `Quindío Libre´ su noticia más destacada se refirió a la adhesión pública de dos militantes del M-19 (`El Loco´ y `la Chilindrina´) al Latino Nacional, colectivo plural al que llegaron masivas deserciones de los partidos tradicionales, que llegó a elegir en las elecciones municipales 12 concejales y dos diputados en el departamento.  

Su incursión en la política regional le causó fricciones con algunas autoridades públicas y dirigentes políticos, pero finalmente logró su complicidad echando mano de sus mejores recursos tanto orales como pecuniarios y pecuarios. Una de estas estrategias fue la de hacerles fuertes donaciones económicas, comprarles todas las boletas de las rifas a las campañas y no reclamar los premios; darles vacas y cerdos para sus asados y festivales comunitarios y enviarles gente para llenar sus vacíos recintos. Así fue legitimado en la práctica su método de incorporación a la actividad proselitista. Estaba jugándoles a los caciques (y cacicas) tradicionales con sus mismos métodos de enajenación electoral.
Después de haber fundado el MAS, (Muerte a Secuestradores), cuyo slogan era “Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en los EE.UU.”), y ofrecer pagar toda la deuda externa de Colombia (en ese momento de US.987.000.000.oo) con socios como Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha (alias el mexicano) y esconderse de las autoridades, anunció que había decidido conformar un ejército de 500 hombres, con quienes pretendía “defender la soberanía continental”. De ese tamaño eran sus ambiciosos sueños.
Lehder, fue capturado en Romeral (Guarne-Antioquia) y el jueves 5 de febrero de 1987, en una operación express, el gobierno del presidente Virgilio Barco lo extraditó a Estados Unidos en donde fue sentenciado a cadena perpetua más 135 años.   

Alpher Rojas Carvajal
Investigador en Ciencias Sociales y Magister en Estudios Políticos
LA CRÓNICA



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