General / AGOSTO 19 DE 2012 / 9 años antes

Radiografía del proceso minero"¦

En vista de que el departamento aparentemente se encuentra amenazado por intereses de megaminería, en una época en la que los intérpretes de las economías extractivas no son tan sinceros como los necesitamos, y se abusa de la palabra “progreso” para hablar de ganancias que a la postre resultan en pérdidas ambientales al mediano y al largo plazo.
En vista de ese riesgo, aprovecho este espacio para proveer a la comunidad de algunos elementos que podrían ser de ayuda si llega el momento de tomar cartas en algún asunto que amenace la integridad de nuestra fastuosa biodiversidad, lujo de la región y patrimonio sin el que no se construye un futuro sostenible.

Aunque las empresas que se mueven en economías extractivas como la minería suelen ser muy poderosas, también son vulnerables. Y son bien conscientes de que deben obtener la aprobación de las comunidades locales antes de proceder con sus proyectos (habitualmente pautan de manera intensiva en los medios de comunicación tratando de hacer llegar a la gente una imagen pulcra y progresista)

Trazaré un breve esbozo de las diligencias típicas que debe llevar a cabo todo aquel que aspira realizar una explotación minera.
Una vez se compra la tierra (o se pide en concesión) comienza el primer paso:

- Exploración: en este punto se procede a la toma de muestras para estimar qué tanta cantidad del material en cuestión está presente en la zona censada (esto puede durar años y costar mucho dinero). Sólo las autoridades ambientales (las cuales a veces, o sólo muy de vez en cuando, son corruptas) tienen la potestad de conceder esta autorización.

Luego de obtener la autorización para la exploración, hay que ponerse al día con los términos de referencia (TdR) o el plan de operaciones, donde se especifica cómo el proyecto será desarrollado, definido y verificado. Los TdR establecen los elementos sociales, económicos y ambientales que el estudio de impacto ambiental (EIA) examinará a cabalidad. La Asociación Internacional de Evaluación de Impactos define al Estudio de Impacto Ambiental (EIA) como “el proceso de identificar, predecir, evaluar y mitigar los efectos biofísicos, sociales y otros pertinentes de las propuestas de desarrollo antes que se tomen decisiones importantes y se hagan compromisos”

Es posible que el EIA omita o minimice los impactos sociales y ambientales negativos de sus actividades. Por ejemplo podría no mencionar especies amenazadas, presencia de espacios arqueológicos, resguardos indígenas, reservas forestales u otros lugares de inmunidad especial que podrían estar incluidas en el radio de sus actividades. Resulta muy provechoso entender que toda falta percibida en alguno de estos pasos, se convierte automáticamente en una oportunidad para refutar el estudio de impacto ambiental. Aquí pueden llevarse a cabo acciones populares o cualquier otro tipo de manifestaciones ciudadanas que puedan dar cuenta del problema a las autoridades ambientales o a los medios de comunicación.

Licencia social: Para que el negocio funcione sin mayores contratiempos, es preciso estar en buenos términos con la comunidad que se va a explotar, eso ya se dijo. Para esto las compañías a veces están dispuestas a construir escuelas, puentes, mejorar vías, generar empleo y otros beneficios que por muy buenos que sean o parezcan, y por mucho que suenen en la radio propagandas en las que se oyen sujetos “del común” rebosantes de agradecimiento, no compensan los daños ambientales con frecuencia irreversibles que terminan ocasionándose en las zonas de extracción y sus alrededores.

Explotación: Cuando todos los pasos anteriores han recibido el aval de las autoridades ambientales, finalmente llega la hora de recuperar y multiplicar el dinero invertido hasta ese momento.

Durante la explotación los minerales son extraídos de la superficie o el subsuelo (o de los ríos, si es minería aluvial) y aislados (la mayor de las veces con cianuro o mercurio, venenos letales donde los haya) para extraer los metales del resto del material. No es raro que el cianuro y el mercurio terminen en las fuentes hídricas más cercanas. No se les ocurra pescar en el Bajo Cauca antioqueño, cerca a Segovia o al Bagre, los pescados sin trazas de mercurio son la excepción.

La minería a cielo abierto implica hacer cráteres enormes (hasta de 4 kilómetros de ancho y más de un kilometro de profundidad). Cada cráter puede generar decenas de millones de toneladas de residuos en los que pueden contarse metales pesados, que ocasionan daños irreversibles en la salud de cualquier ser vivo.

A lo largo de esta fase, las comunidades pueden ser desarraigadas y reubicadas. Esto si la deforestación y el desecho de materiales tóxicos en fuentes hídricas o lugares de pesca alcanza unos niveles evidentes. Esto se puede evitar si la comunidad informa a tiempo cualquier anomalía causada por la explotación.

¿Fin?, cierre de la mina y operaciones posteriores al cierre: En este paso deben atenderse apropiadamente los problemas de contaminación reales o potenciales. Los altos costos que se derivan de acciones como reemplazar la capa orgánica removida, el relleno de los tajos abiertos y en fin, la rehabilitación de las áreas afectadas, le confiere a este último paso una vulnerabilidad especial en materia de corrupción, pues la empresas podrían optar por omitir este paso de su contabilidad. La comunidad debe estar alerta y debe conocer de antemano qué se le exige a la empresa extractiva como compensación por sus actividades.

Finalmente queda por decir que la minería no tiene que ser necesariamente una economía enemiga del ambiente y la sostenibilidad, aunque un gran número de casos de cuenta de lo contrario. Teniendo en cuenta la poca credibilidad del gobierno y sus instituciones, le queda al ciudadano la responsabilidad de informarse adecuadamente para evitar que en esta región se cometan los mismos atropellos que se ha cometido tantas veces en tantos otros lugares.


Por: Camilo Velásquez




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