Historia / OCTUBRE 04 DE 2021 / 1 mes antes

70 años del siniestro de Montenegro y otros recuerdos ferroviarios

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

70 años del siniestro de Montenegro y otros recuerdos ferroviarios

Reseña del siniestro de 1951.

El 5 de octubre de 2021 se cumplen 70 años de la tragedia ferroviaria más recordada de la historia de Colombia en la década de los años 50. Sucedió el viernes 5 de octubre de 1951 en jurisdicción de Montenegro, municipio que en ese momento pertenecía al departamento de Caldas.

Gracias a la cesión de documentos, conservados juiciosamente por el gestor cultural de esa población, Carlos Aurelio González Restrepo, llegó a mis manos la reproducción de aquella noticia.Con el título de “La catástrofe de anoche”, una edición extra del Diario del Quindío, la número 1024, en su año sexto de circulación, se anotó uno de los éxitos periodísticos de aquellos tiempos en Colombia.Por su trascendencia histórica y por el manejo extraordinario de sus reporteros de ocasión, ese documento debe recordarse y convertirse en testigo del tratamiento dado a la información en aquellas épocas, cuando todavía era difícil arribar a los escenarios de las contingencias presentadas.

El medio escrito llamado Diario del Quindío estaba dirigido en ese momento por Eugenio Alviar R., funcionaba en la carrera 15 No.19 - 42 de Armenia, contaba con Licencia No.1864 del Ministerio de Correos y Telégrafos y era editado por Tipografía América.La recepción informativa del periódico, sobre las espantosas escenas apreciadas en el lugar de los acontecimientos, estuvieron a cargo de Gilberto Navarro como reportero gráfico, Raúl Lotero como auxiliar en la labor periodística y de Hernando Ramírez como conductor del automóvil. Este vehículo los transportó desde Armenia y “cumplió el itinerario en tiempo realmente extra y récord”, tal cual se transcribe de la segunda página de dicha emisión especial, que circuló en la mañana del sábado 6 de octubre de 1951. Vale la pena mencionar que, antes de este año, se le llamaba “Periodiquillo” a dichos tirajes especiales.

Se destaca la minucia lograda, a pesar de la hora nocturna a la que arribaron al sitio aquellos informadores. Lo mismo que las impactantes fotografías de la portada. Quedaron ellas como testimonio de una noticia que dejaría la impronta del más terrible accidente de aquella década. La descripción de las fotos es igualmente desgarradora.La transcripción de los textos que las acompañan denota una intención de informar con claridad, aunque hoy —en pleno siglo XXI— esos detalles se omiten por cuidado y respeto a las víctimas. Así aparecieron las leyendas de las fotos, numeradas de 1 a 5: “...1. El cadáver del niño Aníbal Triana, de 7 años de edad, es rescatado por los bomberos.- 2. Impresionante hacinamiento de cadáveres en el hospital de Montenegro. - 3. Luis Aldana García contempla el cadáver de su esposa Carlota de Aldana.- 4. El cadáver del anciano Belarmino Salazar es sacado del vagón. - 5. Otro aspecto de cadáveres hacinados en uno de los vagones del tren de rescate. Dos de los primeros cadáveres rescatados de los escombros del vagón accidentado.

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Así informó el primer párrafo de la publicación

“El siniestro ferroviario ocurrido anoche a la altura del kilómetro 317 de la vía Pereira - Armenia, sobre el puente de El Roble, un kilómetro antes de Montenegro, y doscientos metros después de la estación de La Carmelita, rebasa todo límite de simple accidente para alcanzar proporciones de catástrofe nacional. Treinta y nueve cadáveres rescatados hasta ahora de los escombros del vagón destruido por el alud de roca, y diez y ocho heridos,de los cuales tres seguramente fallecerán en el curso del día como lógica consecuencia de las graves lesiones recibidas en el cráneo, se levantan en pávido testimonio de dolor y de angustia para numerosas familias humildes, batidas hoy por el signo de una desgracia sin precedentes en la historia ferroviaria del país”.

Más adelante esta noticia incluye la declaración de uno de los sobrevivientes, Nelson Manotas, “homeópata de profesión y residente en el barrio El Jazmín”. El relato expresado al reportero es bien diciente:

“... Haga de cuenta, amigo, una olla de aluminio aplastada por un tractor: así, exactamente igual, quedó el vagón número 3 del tren en que yo viajaba, único de los coches realmente afectado por el impacto de la enorme roca caída sobre él...”.

Fue una noche fatídica para esta población, que presenció la aglomeración en las vías aledañas a la estación del tren y “por las calles atiborradas de gentes que van y vienen en profusión desconcertante”, como anunció el periódico. Nadie durmió, escuchando las sirenas y sintiendo los movimientos transportados de los miembros del Cuerpo de Bomberos de la población. Hasta el punto de acreditar la siguiente mención que de ellos hizo el informativo escrito: 

“... anoche se consagró como la mejor institución en su género en Caldas, inclusive en el occidente del país, por su labor abnegada, por su heroísmo, por su desprendimiento, por su coraje, por su insuperable actuación en el comienzo mismo del rescate, esa entidad, repetimos, dio inicial traslado de las víctimas al Hospital de San Vicente de Montenegro....”. 

Son incontables los recuerdos relacionados con el tren en el Quindio. Algunos son gratos, como los paisajes admirados desde el interior de sus vagones y la llegada a las diferentes estaciones. Y otros son tristes, como el ocurrido en 1969 cuando las autoridades y dirigentes del departamento nada hicieron para evitar el levantamiento de los rieles de la vía férrea. Pero también es indudable que —además de los mejores recuerdos del viaje en tren, del viejo pontón de la carrera cuarta de esos años (existente todavía) y de la nostalgia que inspiran las fotos de su estación— en Montenegro el accidente de 1951 quedó en la memoria como la más impactante remembranza de su historia.

Cuando, en el año 2003, junto con Carlos Aurelio González Restrepo, hicimos el preinventario del Patrimonio Cultural Inmaterial, en los barrios de la población, pudimos constatar que ese fue uno de los sucesos más mencionados. Quedó en el registro histórico como “el siniestro” del tren, uno de los recuerdos “que todavía despierta el horror de muchos visitantes en el puente del Roble, el lugar de los hechos en el kilómetro 317”. También conocimos que otro nombre entró a engrosar la lista de topónimos de la cotidianidad, pues “El Siniestro” es el nombre con el cual se conoce uno de los charcos más famosos del río Roble.

Sobre las causas del accidente, es indudable que la caída de una gran roca lo provocó. Sin embargo la imaginación popular, o el convulsionado momento de La Violencia que vivía la región, ha lanzado otro determinante, así mencionado por González Restrepo en un relato de su obra escrita, página 19, titulada Los relatos del totumo (Alcaldía de Montenegro): “...La noche se convirtió en el telón de fondo de esta tragedia ferroviaria, que algunos hoy en día aseguran fue provocada por la mano criminal de los bandoleros de la época que azotaban la región, alimentando así las versiones que con rocas fue descarrilado el tren y así provocaron una de las leyendas más macabras de un tiempo ya de por sí lleno de acciones escalofriantes”.


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