Historia / SEPTIEMBRE 27 DE 2020 / 1 mes antes

De la grima montañera al juego coreográfico de los macheteros de Quindío

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

De la grima montañera al juego coreográfico de los macheteros de Quindío

La coreografía del juego de esgrima con machete —o grima montañera— se convirtió pronto en otro de los referentes patrimoniales. 

Un par de fotos, resultantes del revelado de negativos antiguos, motivaron la pesquisa sobre la tradición dancística más famosa de Quindío, el juego coreográfico de los macheteros, aunque se le conoce más como el baile de los macheteros.

El dueño de las fotos, Aristides Sierra, vivía en el sector de Regivit. Allí, como en otras estancias de Armenia del ayer, existían las fondas, aquellos lugares donde se encontraban los pobladores y arrieros, se libaba aguardiente y se divertían. Uno de esos momentos de esparcimiento se podría interpretar como una situación peligrosa. Consistía en el enfrentamiento de 2 o 3 hombres, con sendos machetes en sus manos. No era aquello un duelo, como se entendería a partir de una primera impresión. Era más bien —como lo aseveran los autores del artículo titulado Grima, el arte de pelear con machete— un “arte espectáculo, orientado al cultivo del cuerpo y el espíritu; no solo es un juego, también es un deporte y una danza que representa la historia, la cultura y el honor” —portal Las 2 Orillas, septiembre de 2018—.

Aristides no era un viejo pendenciero, como se podría colegir de ese proceso histórico que le tocó presenciar. Guardaba con celo las 2 fotografías —las únicas que se conocen— de aquellos juegos de machetes en alguna de las fondas de su vecindario. Se refería a ello —y tal cual lo hacían otros espectadores— con el nombre de desafíos a peinilla. Uno de los pocos autores que escribió sobre este tema, don Saúl Parra Robledo, también lo corrobora en su libro: “....Resultaron ases, como hoy que ganan copas y medallas, y en ese tiempo solo contaban con la satisfacción de sobresalir entre los suyos, como en toda clase de competencias.... Éstos, desde un principio, tenían aptitudes, por agilidad, malicia y entrenamiento”. 

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Los antecedentes históricos de esa tradición se remontan a la época de la Colonia y tiene también extensión a otros países. En San Ignacio de Moxos, Bolivia, se conoce como los macheteros y es una danza guerrera típica. 

En Colombia su origen está en Cauca profundo, en el municipio de Puerto Tejada. Allí se conoce como la ‘esgrima de machete y bordón’. El portal Wikipedia la denomina como “un deporte y arte marcial”, desarrollado por afrocolombianos desde el siglo XVIII.

Se le llama también la grima montañera. En su libro titulado Armenia en sus primeros años —2006—, Parra Robledo menciona los nombres de los juegos que la caracterizaban, el caucano y el relancino. Este último término, de origen venezolano, se refiere a la condición del retador, a quien se le considera una persona mentalmente ágil, inteligente, con cierto grado de desconfianza y de malicia, rápida y muy difícil de engatusar.

En 1980, la Fundación Cultural del Quindío, Fundanza, ya venía desarrollando una importante labor de investigación y recuperación folclórica, con el rescate de los aires musicales tradicionales del Eje Cafetero. Con la recolección de datos, especialmente de labios de los viejos, se fue descubriendo la inmensa memoria musical: pasillos, sainetes, danzones, danzas criollas, vueltas o el juego de esgrima con machete, eran el testimonio de esa riqueza. Esto último llamó la atención de James González Mata, su director, quien se motivó a preparar y crear el montaje, presentando por primera vez en un encuentro nacional, en 1984, lo que el público llamaría luego el baile o danza de los macheteros. 

La coreografía del juego de esgrima con machete —o grima montañera— se convirtió pronto en otro de los referentes patrimoniales. Se cristalizó también gracias a investigación de campo adelantada y por la composición musical, con ritmo del llamado merengue guasca. Se desarrolla como baile de salón, con la actuación de parejas jóvenes ataviadas con trajes campesinos y portando los machetes, como preparándose para un enfrentamiento. El contenido de la coreografía se enriqueció con el conocimiento de las costumbres de arriería.

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Pero este juego coreográfico no se instaló solo con jóvenes. En los años 90, varios grupos de adultos mayores también se conformaron. Un hermano de Aristides, don Elías Sierra, también hizo parte de este despliegue de presentaciones, continuando el espíritu de la tradición que habían vivido sus familiares.

Antaño, la grima permitía la realización de 32 figuras o paradas, que se daban generalmente en los patios de las fondas mientras, al fondo, sonaba la música de cuerda. La mayoría de ‘combates’ ofrecían divertimiento para los asistentes y mucho apasionamiento para los macheteros. Se tenía el cuidado de golpear con el plan del machete, lo que también se llama ‘dar zuncho’, o sea dar planazos con la peinilla. Aunque algunas veces se producían heridas. La información recogida por Fundanza permitió conocer que generalmente la grima se realizaba el día domingo, después del mediodía.

El toque artístico de esta tradición, que dio vida al juego coreográfico, lo caracterizan esas figuras con el movimiento de machetes. Ellas recibían nombres como la engañosa, la medialuna, la cruz, la estrella o el vuelo de ángel, entre otras. Esta última, considerada como la más difícil, cobró muchos cortes que a veces dejaban maltrechos a los contendores.

La tradición de grima inspiró al poeta Baudilio Montoya a escribir el poema titulado La niña de Puerto Espejo. Refleja una mención que el poeta hace de un enfrentamiento entre 2 macheteros, Antonio Gil y Luis Cuervo. Pero la parte más bella del fragmento literario dice lo siguiente:

“Aquella fonda se llamaba Puerto Espejo, y estaba cerca de la hacienda de Constantino Botero.

En ella encontré a la niña cuyo nombre a nadie dejo, porque es reserva que queda en mis escombros de sueños”.

Existían estancias para enseñar las figuras de grima, con maestros famosos, como fue don Pedro Nel Ospina, el último que las transmitió. Contaba la historia del Tuerto Felipe, el más famoso y el más puntual de los peleadores. Se envolvía la ruana en una mano y con la otra tomaba la peinilla. Conocía las 32 figuras, las que manejaba con destreza. Lamentablente perdió un ojo en combate, durante la mejor época de machetero.

Una entrevista realizada por la estudiantes universitaria Angie Juliana Duque Arango a uno de los docentes de Fundanza, Fredy Castro, permite, a través de sus respuestas, dar a conocer la importancia de este juego coreográfico, dentro del espíritu educativo que hoy ya tiene esta institución en el campo de las danzas. Ellas “dan creatividad, dan inteligencia, dan disciplina, dan la parte humana, la parte emocional y son un camino para la enseñanza de cosas que se pierden en una educación formal como es el legado histórico”.

Es también relevante destacar el sentido que despertó la grima en los pueblos afros del pasado —y en los del presente con la enseñanza de los maestros— de esas tierras originarias del Cauca y de otras comunidades a las que se extendió la tradición. Así lo anotan los autores del artículo escrito en el portal Las 2 Orillas: “…Representa una oportunidad de unidad, interrelación e integración de las juventudes. Fomenta el amor y ha sido un puente de transmisión de ideas, tradiciones y detalles históricos de estas regiones. Al final de cada duelo, sin importar los resultados, los contrincantes se deben abrazar”.


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