Historia / SEPTIEMBRE 09 DE 2022 / 2 meses antes

Del suicidio ‘romántico’ al suicidio infantil, un historial del Quindío y la región

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Del suicidio ‘romántico’ al suicidio infantil, un historial del Quindío y la región

El octavo mes del año 2022, en el Quindío, será recordado por un aumento creciente de los suicidios, pero especialmente los que se relacionan con niños.

Una leyenda española se refiere al mes de agosto -y específicamente el día 24- a la presencia y maldades que puede causar el ser personificado en el diablo en una población cualquiera. Creencia que también se trasladó a otros confines, como son las estancias americanas. Es una superstición que igualmente provocó un dicho popular, “el demonio hace su agosto”

El octavo mes del año 2022, en el Quindío, será recordado por un aumento creciente de los suicidios, pero especialmente los que se relacionan con niños. De allí que podamos retomar lo que escribiera un sacerdote manizaleño, quien escribió una obra singular sobre la muerte autoinfligida, y relacionando ello con la fama diabólica de agosto: 

 “...Burla burlando, el demonio hace su grande agosto entre los hombres necios - cuyo número, en tiempos antiguos - según el Sabio Rey Salomón atestigua - era ya infinito”. 

El padre Ramón María Felip Rosell, autor de dicha obra escrita, pertenecía a la orden misionera del Inmaculado Corazón de María de la ciudad de Manizales en 1938.Y el Viernes Santo de ese año decidió publicar su polémico libro, titulado ‘El Suicidio’, que además lleva como subtítulo una lacerante afirmación, “En el infierno no hay redención”. En las páginas interiores de tan singular edición dedica un capítulo al “club de los suicidas” de Armenia. Este pasaje de la historia regional ya ha sido abordado por otros cronistas recientes, entre ellos don Germán Gómez Ospina, quien publicó 32 entregas sobre esa temática en el desaparecido periódico semanario de la capital del Quindío titulado “La Opinión” en el año 1998. 

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La problemática del suicidio en el departamento del Quindío -y en extensión al Eje Cafetero- prende sus alarmas nuevamente, con relación a las cifras acumuladas hasta los últimos días del mes de agosto y los primeros de septiembre de 2022. En la página judicial del diario LA CRÓNICA DEL QUINDÍO, correspondiente al día 8 de septiembre, esos números son dicientes frente a la gravedad del fenómeno social que compromete a los niños. Esto es lo que se informa en el segundo párrafo: 

“Cabe recordar que en este año en el Quindío se han registrado 26 suicidios -4 de ellos cometidos por menores, entre 9 y 17 años- a los que se suman los 58 casos del 2021 y los 60 del 2020”. 

Estas cifras nos llaman la atención, a todos los habitantes, sobre el flagelo silencioso que carcome las mentes inocentes de niños y jóvenes y quienes contemplan la determinación de atentar contra su vida. Es también preocupante la estadística registrada de conducta suicida entre los menores, la que es manejada por las instituciones encargadas, como el Hospital Mental de Filandia, entre otras. 

La historia del Quindío, en lo que respecta a suicidios consumados, se podría describir de forma patética, solo leyendo los archivos de prensa y colocando especial interés en sus rimbombantes titulares. Sobre este tema de la comunicación noticiosa, también el padre Felip Rosell dedica unos fragmentos en su libro, recordando el compromiso de silencio y el mutismo que muchos locutores radiales -y los que manejaron los medios escritos- asumieron frente a la divulgación de los suicidios en la década de los años 30. Y lo hacían porque muchos jóvenes de la alta sociedad de Armenia habían perecido, después de tomar pócimas de veneno o matándose con un certero tiro de revólver en la sien, al cumplir el escabroso pacto que les imponía el reglamento del “club de los suicidas”

Ese primer segmento suicida de la historia de Armenia comenzó en 1932, como lo asegura don Saúl Parra Robledo, un cronista que abordó el tema en su libro titulado “Armenia en sus primeros años” (Ediciones Gota de Agua, Armenia,2006). Se inició la ronda de muerte en varios lupanares de la ciudad y se extendió hasta finales de esa década. Don Germán Gómez Ospina menciona cómo otros personajes se vincularon a esa “ruleta rusa” fatídica. En efecto, en sus artículos semanales, él describe con pasmosa realidad la historia de algunos adultos mayores que se suicidaron en medio de libaciones de licor y llantos desgarradores, mientras escuchaban música de arrabal. Esto es igualmente abordado por el sacerdote Felip Rosell, cuando se refiere a esa modalidad del suicidio “romántico”, como él lo denomina, ya que la motivación es tácita y cruda y tal cual lo consigna en el siguiente reporte, obviamente no publicado ni transmitido radialmente en aquella época, y que cita en la página 133 del libro: 

“.... Noviembre 5. Suicida X X. Natural de X. Era dueño de una fonda en Puerto Espejo. Causa del suicidio, desengaño amoroso. Desde algún tiempo amaba a la señorita X. Hora, 2 de la tarde. Sitio, “Salón Rojo”, en la galería vieja. Edad, 22 años. Herida, un balazo en el corazón”. 

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La escalada de muerte es pavorosa, si lo evidenciamos en los años posteriores a los hechos del “club de los suicidas” de Armenia. Era común encontrar la noticia en cualquier medio, representado especialmente en los periódicos escritos. Para sustentar esto, transcribo dos titulares de prensa, de dos décadas después, obviamente de forma limitada, por cuestiones de espacio en su publicación:

Diario del Quindío. Septiembre de 1953: 

Día 5: “Al arrojarse al paso de un tren un hombre pereció con la cabeza cercenada”. 

Día 8: “Joven de 17 años trató de poner fin a sus días en Circasia”. 

En el mes de agosto y principios de septiembre de 2022, además del increíble reporte de dos de los suicidios de niños registrados en este año en el Quindío, otros casos llaman la atención. Se trata de una mujer embera que se suicidó en el departamento de Risaralda, el de un empresario quindiano que lo hizo en plena audiencia judicial virtual y el de un anciano de 70 años que se quitó la vida en Pueblo Tapao. Son casos recientes, hacen parte de los miles registrados en la historia de los departamentos del Eje Cafetero y todos pasan prontamente al olvido de la memoria. Pero estos tres hacen parte de aquellas modalidades de suicidio que laceran profundamente a la sociedad. Como los demás, sus ocurrencias y esclarecimientos también pasan al registro que nadie querrá escrutar. 

El primer caso mencionado se ha vuelto frecuente en varias regiones indígenas de Colombia. En el Quindío nunca ha sido tenido en cuenta para su tratamiento diferencial. El segundo es bien particular porque podría corresponder a aquella modalidad de suicidio por honor, que a veces se configura de ocurrencia protagónica porque es cometido por personas vergonzantes. Ellas parten de una premisa que contempla el hecho de considerar su muerte para lavar su honor. Y el tercero -como el del suicidio infantil y juvenil- es doloroso. Es, además, el que menos importa a los ciudadanos. Pues, como lo afirma el antropólogo Louis Vincent Thomas, en su libro titulado ‘Antropología de la muerte’ (Fondo de Cultura Económica, México,1983), el suicidio de un viejo puede corresponder al de un tipo de liberación, “donde se da la muerte para evitar un destino más cruel todavía que la vida” (página 403). Por esta razón esa muerte poco importa. 

Por la misma razón que no importa el suicidio de un adulto mayor, la sociedad se ha vuelto tan indolente que tampoco se detiene en las causas de los otros casos. Por tal razón, Thomas resalta la importancia de establecer “una distinción entre la conducta suicida y el hecho suicida. Éste se refiere a las condiciones del medio y llega a ser materia de estadísticas. En cambio, aquél nos lleva a la experiencia individual propia de cada suicida. En este caso se trata de un caso de “psicología total”, de una “función psicobiológica propia del hombre”

La anterior afirmación nos podría llevar, en nuestro medio regional del Eje Cafetero, a desplegar, con la ayuda de la academia, un verdadero plan de prevención. Allí está la historia del flagelo, que lo amerita con urgencia. 



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