Historia / SEPTIEMBRE 20 DE 2020 / 3 semanas antes

Derrumbe de bustos escultóricos e iconoclastia en la historia del Quindío

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Derrumbe de bustos escultóricos e iconoclastia en la historia del Quindío

Busto de Uribe Uribe en el parque de Armenia, rodeado de cambuches. Foto de febrero de 1999,

El derrumbe de la estatua de Sebastián de Belalcazar en Popayán, por parte de un grupo de indígenas Misak, nos coloca en un posible panorama de iconoclastia  —el desprecio y eliminación de símbolos— no sólo en Colombia, sino en otros países americanos. 

Eso lo confirman, después de la muerte del afroamericano George Floyd en Estados Unidos, el derrumbe de la estatua de un comerciante esclavista del siglo XVII llamado Edward Colston. Y también la destrucción de la estatua de Cristóbal Colón en Minneapolis, la de Washington en Oregon, la del sacerdote español Junípero Serra o la del presidente Jefferson Davis en Virginia. Estos atentados contra monumentos se han dado en el marco de protestas contra el racismo y en rechazo a esos símbolos escultóricos que encarnan, según los manifestantes, el esclavismo importado de África luego de la llegada de los ibéricos al Nuevo Continente.

Las razones esgrimidas por los indígenas caucanos apuntan al hecho de reescribir la historia de crueldades de los españoles, encarnados en la figura de Belalcazar, desde hace 500 años. El mecanismo empleado, el de atentar contra un monumento de estas características, es justificado por muchos y, por supuesto, reprobado por otros sectores de la población.

Derrumbar bustos escultóricos y vituperar símbolos son manifestaciones que también han estado presentes en  la historia de algunos municipios del Quindío, como muestras de iconoclastia motivada por rencillas partidistas de aquellas décadas del siglo XX.

Pero hay situaciones ligadas a esa cadena de acontecimientos, que solo se pueden entender desde el nivel de desconocimiento, o desprecio, hacia los llamados símbolos de la quindianidad. 

Uno de esos emblemas, la palma de cera, está en peligro de desaparecer. Coincidencialmente, el 16 de septiembre de 2020, el día de la caída provocada de la estatua de Belalcazar, se celebraba un aniversario más de la declaratoria de esta especie vegetal como árbol nacional de Colombia, pues ese día del año 1985 fue sancionada la Ley por el presidente de la República. 

Nada representó esa fecha para los quindianos, como tampoco fue importante la conmemoración del 18 de septiembre como el Día Mundial del Bambú, otro símbolo agrario del departamento. Solo 2 defensores ambientales que propugnan por la conservación de la palma y los guaduales, Néstor Ocampo y Ximena Londoño, se manifestaron en solitario en estas fechas. Mientras tanto relictos de palmas de cera en la cordillera y guaduales en la hoya son destruidos todos los días.

El recuento de bustos y estatuas vulneradas en el Quindio —así como el inveterado descuido de estos monumentos del espacio público y algunos de espacios internos de instituciones— es significativo.

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El busto escultórico más atacado fue el del General Rafael Uribe Uribe, caudillo que fue asesinado en Bogotá el 15 de octubre de 1914, cerca del Capitolio, siendo el único senador liberal en la presidencia de José Vicente Concha. Los bustos estaban en Salento, Circasia y Montenegro en sus plazas principales, en Calarcá en la plaza de los Mártires y en Armenia en el parque que actualmente lleva su nombre. Los de Salento y Montenegro fueron dinamitados y los otros 3 fueron vandalizados y arrancados de su pedestal. Todo ello ocurrió entre los años 1948 y 1953.

En su libro titulado Diálogo con Simón Bolívar El Libertador (Optigraf, 2008), don Helio Fabio Henao Quintero escribió, basado en testimonios de ciudadanos, sobre los insucesos de Circasia y Salento. En el primero, el busto fue descubierto en la antigua plaza La Merced, que desde 1920, cambió el nombre por el de plaza Uribe Uribe, según acuerdo número 18 del concejo de Circasia. “Fue dinamitado por 2 policías; uno de los agentes que se encontraba en estado de embriaguez sufrió heridas de consideración, dicen que a consecuencias de las lesiones murió en la ciudad de Armenia”.

Henao Quintero se refiere al busto de Salento, en la página 148 del libro, desde la versión de un ciudadano nacido allí en 1934, llamado Hugo Ocampo González. Según este testimonio, el monumento estaba en la plaza principal y lo botaron en una cañada cerca del matadero municipal. 

Esto afirmó: “Transcurridos varios días, Alejandro Ocampo y otros compañeros lo rescataron y lo llevaron a la casa de don Alejandro Pava y de doña Juana María Ocampo Arango. Cuando cesó la violencia, lo desenterraron y lo pusieron en un lugar especial en la misma propiedad. En este lugar permaneció hasta cuando murieron mis abuelos. Cuando la casa fue vendida por los herederos, retiré el busto y con la ayuda de unos familiares lo trasladé a la residencia de mí tío Joel Ocampo, donde aún permanece”.

En la obra titulada Libro de la Montenegrinidad (Alcaldía de Montenegro, 2019), y escrita por Carlos Aurelio González Restrepo, Jorge Lino González Vergara y César Carvajal Henao, página 73, aparece la información sobre el busto de Uribe Uribe, que estaba en la plaza principal, llamada de Boyacá en 1910, luego parque Uribe Uribe y por último de Bolívar. Fue arrancado y depositado como escombro en el taller municipal, luego de ser arrastrado por las calles. 

Así termina dicha reseña: “Este símbolo fue rescatado en forma clandestina en horas de la noche por un grupo de liberales y escondido en la residencia de Armenia del patriarca liberal Luis Carlos Flórez, para luego ser trasladado a la casa del montenegrino Hugo Tabares y ser instalado en el pedestal que se encuentra desde hace varios años a la entrada de la población en el denominado parque Uribe, ubicado en el barrio del mismo nombre...”.

Según información publicada en el libro Historias barriales de Armenia (Alcaldía, Pixel Publicidad, 2003), escrita por Jairo Olaya Rodríguez, el busto de Uribe Uribe en Armenia fue encargado en su elaboración por el Coronel Carlos Barrera Uribe, familiar del dirigente asesinado, al escultor bogotano Gustavo Arcila Uribe. De acuerdo con lo consignado en la página 140, el busto “fue robado durante la época aciaga de la violencia. La gente creyó que había sido dinamitado, como el de Circasia, pero días después fue encontrado en la entrada de esa localidad, debajo de un puente sobre la quebrada Las Yeguas”.

Sobre la reinstalación del busto en Armenia, el abogado y  escritor Helio Martínez Márquez escribió en su libro titulado Por los caminos del tiempo (Litografía Skrybe, 2009), en la página 290: “En uno de los costados del parque Uribe el busto de bronce desapareció, siendo yo alcalde en el año 1952, lo que echaba sombra de complicidad sectaria de mi administración... Lo rescaté, lo hice retocar y lo coloqué, de nuevo, en el parque. Logré, así, desbaratar una intención proclive”.

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No fue la única vez que el busto fue retirado de su pedestal en Armenia. Según Olaya, fue removido días después del terremoto de 1999, por funcionarios de la Sociedad de Mejoras Públicas, ante rumores que circularon sobre un nuevo hurto del monumento. Años después fue colocado nuevamente en su lugar.

Otros bustos, el del presidente Enrique Olaya Herrera en Filandia y el del gobernador de Caldas en 1954, el coronel Gustavo Sierra Ochoa, también fueron derribados.

Carlos E. Restrepo, en su reseña histórica sobre Filandia (Tipografía Santa Rosa,1963), anota lo siguiente, en la página 30: “La primera obra de modernización de la plaza Bolívar fue el busto del Libertador erigido el 20 de julio de 1953, en el preciso sitio donde estaba el busto de Olaya Herrera, desaparecido misteriosamente una noche. Tal acontecimiento de la desaparición de este busto suscitó algunas polémicas de orden político y se solucionó el impase con el del Libertador del Maestro Carvajal de Manizales...”.

Sevicia, desprecio,arrojo de los bustos escultóricos a las cañadas como desechos,  odio partidista y otras cargas simbólicas de aversión e intolerancia, configuraron una época que parece haberse superado en la ocurrencia de esos hechos, solo después de los años 60.

No obstante, persisten otros males contra ese patrimonio del arte escultórico, fotografías de personajes y otro monumentos del espacio público en los municipios del Quindio, que hoy son también destruidos, vandalizados o desaparecidos. Ni siquiera cumplen el primer proceso de conocimiento y apropiación de los ciudadanos. Esa larga lista de atentados es tema de otro artículo revelador.


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