Historia / OCTUBRE 10 DE 2021 / 1 mes antes

Distanciamiento social y suicidio, en las expresiones artísticas de un salón célebre

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Distanciamiento social y suicidio, en las  expresiones artísticas de un salón célebre

La sala de exposiciones Roberto Henao Buriticá, de la gobernación del Quindío, no solo es un espacio artístico, es también un recinto pedagógico, donde se han gestado los procesos de la expresión plástica de muchos creadores del departamento, en las últimas décadas. Lleva el nombre de un célebre artista, oriundo de la capital del departamento, y esa condición también le aporta a dicho lugar un halo de celebridad y de historia. Pues a Henao se le recuerda por ser el forjador, a punta de cincel, de la estatua de Bolívar, entronizada muy alta frente al edificio de la gobernación del Quindío. Y porque tal realización escultórica es la única, en algún lugar de Colombia, que fue lograda por un artista nacido en la tierra donde se levanta el monumento. 

 El recorrido de la Sala, en cuanto a la cualidad -y calidad- de las exposiciones, se refiere también al vuelco total en la mirada y perspectiva tenidas en cuenta para su validación ante el público que aprecia el arte. De un sentido de mera figuración de tendencias o de figuras representativas de la plástica, hasta llegar al análisis crítico de una época como la actual -en el marco de una pandemia-, tal manera de llegar al público, con su aprobación o cuestionamiento, llega a mostrar en esta Sala icónica una transformación en su dirección y montajes. 

Recordamos la exposición de “Los 30 del arte en el Quindío”, en 1996, y vemos en ella la oportunidad acompasada de la expresión creadora, para recordar los primeros 30 años del “joven, rico y poderoso Quindío”. Se vieron reflejadas en las obras exhibidas, no solo la potencia de una vieja guardia del arte, sino que también estuvo mostrado el talento joven. Era una forma tradicional de enaltecer a los artistas en el marco de la fama, y con el ánimo de seguir en la permanencia de un imaginario que denotaba, incluso, el poder político. 

En los últimos años, después de algunos interrumpidos recesos, impuestos por la miopía de administradores de turno, la Sala entró en unos periodos de sueño, que la volvió fría en su espacio y aletargada -casi con riesgo de desaparecer- en el recuerdo de quienes la visitábamos. Las últimas exposiciones, por fortuna dieron un respiro. La del 2016, con motivo del cincuentenario, mostró un cambio sustancial. Se presentó, entre otras muestras, la del poeta Omar García Ramírez, titulada ‘Retrospectiva’. Era el criterio de un poeta nuevo, que había incursionado en el arte y que incluía en sus pinturas “los temas sociales, el conflicto bélico, lo mágico y lo fantástico”. 

En 2018, la curadora Martha González Maya evidenció el desarrollo de “propuestas desde la reflexión sobre ciudad con sus correlatos urbe y territorio”, en un primer salón de la perspectiva institucional llamada “Quindío Sí Crea”. 

En 2019, la segunda versión de tal propuesta se trazó en la línea de la “lucha política, lugares y artefactos como punto de reflexión”. El año 2020, el de la crisis global, nos encerró a todos y también a la “Roberto Henao”, en el condicionamiento de la pandemia. Fue el confinamiento de los espíritus, €de los cuerpos, pero no el de la Ideación de una nueva mirada del arte ante la confusa realidad, la del “biopoder”. Esta visión que cuestiona, que ha sido abordada por el poeta García Ramírez, representó no solo su regreso como curador, sino como gestor del criterio para el 2021, con “Pandemias y Plandemias”, en este Salón de los quindianos. Es la reflexión y la respuesta, desde la perspectiva de varios creadores, algunos de ellos con profesiones y destinos de vida diversos. El tema, lo que fue para la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef, como una verdadera debacle, por las secuelas producidas en la salud mental de muchos habitantes del planeta. Pero en especial, para el estado mundial de la infancia. “Por lo menos uno de cada siete niños y adolescentes de 10 a 19 años en todo el mundo tiene un problema de salud mental diagnosticado y casi 46.000 se suicidan cada año” (Diario El Tiempo, 6 de octubre de 2021). 

Dos respuestas artísticas del Salón 2021 de la Roberto Henao Buritica me llamaron poderosamente la atención. Dos miradas, de profesionales sensibles a la crisis global. Son dos mujeres que centraron su atención en la dirección autoritaria de un biopoder (interesante postura de la curaduría), para el confinamiento obligatorio que se nos fue impuesto y la realidad del suicidio que se nos hereda. 

Margarita María Gil Orozco y Catalina Guevara Carvajal dejan ver en sus instalaciones dos mensajes del arte y la humanidad. 

Gil Orozco, en su obra ‘Tentación’ aborda el cuestionamiento de una estigmatización del suicidio, con una representación que nos debe llevar a su profundización analitica, de algo que es censurado por el acto en sí, pero no reflexionado desde la concepción personal de quien toma tal determinación. Una de sus menciones alegóricas es profundamente filosófica: 

“El suicidio es el final más poético de la amargura...”. Y en la representación de su instalación artística, ella lo refleja en “una muerte tan inocente como una tacita de semillas de manzana”. 

Mientras tanto, mi colega antropóloga, la siempre activa Catalina Guevara Carvajal, aborda en su instalación -y retoma con su título, raso y directo- el dictado que nos condujo, como corderos al redil durante los últimos meses. Se trata del sentido de su obra titulada “Distanciamiento social obligatorio, la ruptura de lo habitual”. Fue merecedora, además, del tercer premio del Salón. El mensaje que signó nuestra existencia, que nos privó de la compañía, que nos volvió más obtusos, se refleja en el cartel del cortante y reducido espacio de nuestra vida familiar y social: “...Conserve su vida y la de los demás. Mantenga el distanciamiento social...”. Un mensaje reproductor del absurdo, con tono reorientador .O de carácter plandémico, como lo retomo del sentido de la curaduría de este Salón, cuyas otras 40 obras exhibidas nos invitan a apreciar en físico y en la presencialidad que nos fue arrebatada y ya es historia. 


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