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Historia / MAYO 26 DE 2024 / 3 semanas antes

Eduardo López Murillo, el ingeniero escritor que vive y sueña por Armenia

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Eduardo López Murillo, el ingeniero escritor que vive y sueña por Armenia

 Eduardo López Murillo se ha destacado en sus  50 años de ejercicio profesional, por su trayectoria empresarial, gremial y cívica.

Armenia, la capital del Quindío, ha sido la estancia histórica de los contrastes. Los que oscilan entre el recuerdo de sus calles tradicionales y de tranquilos espacios de principios del siglo XX y el progreso creciente de las décadas intermedias de aquella centuria, lo que le mereció ser llamada muy pronto la Ciudad Milagro. Fue también la villa de los deseos del “tigrero”, el apodo cariñoso de su fundador Jesús María Ocampo, y de su esposa Arsenia, quienes los cristalizaron en la explanada adyacente al río Quindío y en linderos conflictivos con Calarcá, caserío éste fundado años antes de sacar adelante esos primeros trabajos de colonización. Y Armenia es la gran urbe que se desprendió del dominio de Manizales, así como se deslindó de la sombra de Pereira, para convertirse en capital de un pequeño departamento en 1966.

Armenia fue, décadas después, el conjunto urbano destruido por un desastre sísmico, en 1999, que le modificó su rumbo y le llenó de espíritu resiliente para sobreponerse a la tragedia. Hoy, Armenia es la gran urbe que atrae a colombianos y extranjeros que no solo vienen de turismo, sino que muchos de ellos se establecieron en sus confines, en gracia de ese estribillo que se repite sin cansancio, como que es y pretende ser “el mejor vividero”. Una condición que la obligó a expandirse en su estructura urbana, pero que, también, la sometió a conceder el privilegio del paisaje a unos pocos, que dominan el horizonte desde sus apartamentos de bloques recientes - donde viven- pero que arrebataron ese gusto de ver las montañas del oriente a los simples ciudadanos. Como va en esa senda, Armenia quedará encerrada en la armazón de cemento y hormigón, mientras sus espacios verdes y sus cañadas serán cosa del pasado añorado. Mientras tanto, seguirá creciendo el milagro, pero “de vivir en ella”, como reza el murmullo popular.

Tales consideraciones —las mías en este caso— podrían seguirse esgrimiendo y anotando, frente a la capital que visitamos los provincianos de municipios cercanos. O las que generan sus habitantes tradicionales, o sea los cuyabros, y los que hace poco trasladaron sus humanidades y esperanzas para residir en ella. Como ocurre con Bogotá ella recibe a sus nuevo moradores, sin preguntar de donde vienen, conformando así la gran urbe que configura un sentido multicultural y diverso.

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Pero es también Armenia la ciudad de amores y sueños de muchos de sus habitantes. En especial, de quienes la quieren a profundidad. Entre ellos está el ingeniero civil Eduardo López Murillo, calarqueño de nacimiento (1942), pero armenita (o cuyabro) de corazón. La ha sufrido, la ha proyectado en su perspectiva de urbanismo humanizado, la ha disfrutado. Pero, lo más importante, la ha planeado. Gracias a su amor profundo a la ciudad que lo acogió —y como lo anota el prologuista de su único libro escrito y publicado— este respetable profesional la recrea “sin haber nacido en ella, en sus problemas, aciertos, frustraciones, pero también en su belleza reflejada en el paisaje y sus modificaciones por el hombre”(Miguel Ángel Rojas Arias, en: “Temas de ciudad y territorio”, Editorial Conceptos Gráficos S.A.S., Armenia, 2023).

Eduardo López Murillo estudió sus primeros tres años en Manizales, en la Escuela Santander, ciudad donde se habían establecido temporalmente sus padres y donde nacieron otros de sus nueve hermanos. De regreso a Calarcá, estudió cuarto y quinto de primaria en la Escuela Olaya Herrera.  Sus progenitores, Antonio López Valencia y Julia Murillo Ocampo, habían llegado desde Pácora (norte de Caldas). Es bachiller del colegio Rufino José Cuervo de Armenia y se graduó como ingeniero civil en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales. Contrajo matrimonio con Clarita Monsalve, hija del doctor Ricardo Monsalve, también de Calarcá. No hay hijos en el matrimonio pero acogieron a un sobrino de la esposa, quien estudió en el ámbito universitario y se dispone, en los próximos días, a viajar al exterior donde se ocupará como profesional. Solo quedará la pareja de esposos, acompañándose y complementándose en el cumplimiento de sus sueños de ciudad en Armenia.

 Eduardo López Murillo se ha destacado en sus  50 años de ejercicio profesional, por su trayectoria empresarial, gremial y cívica, desempeñándose por un corto periodo como profesor de la Universidad del Quindío, posteriormente interventor y director técnico del Inscredial seccional Quindío, gerente de la Villa Olímpica de Armenia, asesor de proyectos habitacionales y perito evaluador del sector financiero y empresarial, así como contratista y constructor de numerosas obras civiles y edificaciones en la región.

El libro escrito por Eduardo López Murillo, con el apoyo decidido de su esposa, compendia la mayoría de artículos publicados en los últimos 14 años en los periódicos La Crónica del Quindío y Nueva Crónica Quindío. La lectura pausada de cada uno de ellos nos coloca en el plano de conocedores de la realidad de la ciudad de Armenia en su desarrollo urbanístico. Nos traslada, también, al análisis sesudo de una capital que ha quedado rezagada en muchas de sus realizaciones. Cada repaso textual nos llena de reflexiones, las suficientes como para perfilar el prospecto de la nueva ciudad que necesitan sus habitantes. Hace pocos meses, el prologuista del libro escrito por el ingeniero López Murillo denotó, en la última de sus obras publicadas, el mismo sentido ciudadano. El de conocer otra historia de Armenia, exenta de elementos románticos y que nos conviertan en protagonistas de su devenir, el que involucre al habitante, con su compromiso. Miguel Ángel Rojas Arias (el prologuista) y Eduardo López Murillo (el autor) sólo pretenden mostrarnos que es urgente “darle una mirada crítica a la ciudad”.

Llama la atención sobremanera el talante de un escritor ingeniero. En el libro ‘Temas de ciudad y territorio’, Eduardo López Murillo plantea el otro tópico del profesional de la ingeniería. El que todo morador de la ciudad desea encontrar en su transcurrir citadino. El de la urbe que tiene en cuenta la problemática social, la vida cultural y el sentido social. En la mayoría de sus 208 artículos (uno de ellos reproduce un editorial del periódico), el autor se preocupa por llegar al lector con un lenguaje sencillo, proyectado a los temas de la rasa ingeniería, el ordenamiento territorial, el catastro, el avalúo o el predial. Temas que a veces miramos con la desconfianza en su –––comprensión, porque creemos que solo son del ámbito de los especialistas. Al imprimir en ellos el tópico de la afectación ciudadana, el lector comprende que ellos también son de su incumbencia. Pero ello solo se logra con el sentido humanístico que debe tener el ingeniero. Quien escribe un ensayo —y en este caso un artículo de prensa—pretende llegar al alma del lector. Y, por fortuna, ello está imbricado en el texto de López Murillo, como que cada una de sus entregas, práctica y desprovista de retórica, dio a conocer el meollo de un asunto que duele al habitante de la ciudad. Por ejemplo, en el titulado “El castigo predial” (página 147), el ingeniero trae a colación el doloroso trance del propietario ante el anual aumento del avalúo catastral, pero también incluye el sentir de los afectados, con el calificativo que el imaginario colectivo emplea, al expresar de manera tácita:

“…en lugar de llamar impuesto predial, el nombre más apropiado es debería ser “castigo predial”.

Otros títulos de sus columnas, en el libro publicadas, nos traduce el sentido social de un ingeniero escritor, que se preocupa por los temas sensibles. Los siguientes son algunos:

 - “La nueva ciudad”.

 - “Ingeniería cuestionada”.

 - “¿Andenes para quién?”.

 - “Ciudades para la gente”.

 - “¿Quindío sin pobres?

 - “Armenia y su lento progreso”.


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