Historia / SEPTIEMBRE 12 DE 2021 / 1 mes antes

Encuentro ensoñador con dantas: del Nyi en el Vaupés al de Bremen en el Quindío

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Encuentro ensoñador con dantas: del Nyi en el Vaupés al de Bremen en el Quindío

Cuando me refiero a un encuentro ensoñador, lo asumo como el contexto que sugiere una visión chamánica, muy común ella en el panorama estudiado por la etnografía indígena. Es entrar en relación con los animales, entendiendo en su interpretación que muchos son “los auxiliares del chamán” y están en el propio hábitat, sin intromisión de personas extrañas en su medio. Mientras otros animales se dejan ver en condiciones especiales, como transmitiendo un mensaje.

Así considero el avistamiento reciente de una danta de montaña en el bosque de Bremen, y más propiamente en la cercanía de un nacimiento de agua de la jurisdicción limítrofe entre Filandia y Salento. Allí fue registrada por una cámara trampa. Pertenecen estos parajes a un bello relicto boscoso, que se alcanza a divisar desde la carretera central que comunica a Pereira con Armenia y es conocido geográficamente como Morro Azul.

No hay menciones de la existencia de la danta (también llamada tapir) en las crónicas etnohistóricas del siglo XVI o en los relatos del siglo XIX del Camino del Quindío. También es notoria la ausencia de su representación en la cerámica y orfebrería prehispánicas. Aunque sí está en la figuración artística, como lo vemos claramente en los murales del pintor Antonio Valencia Mejía, plasmados en el edificio de la gobernación del Quindío y en las instalaciones del Parque Nacional del Café. En muy escasas ocasiones se ha reportado su existencia en los lugares montañosos y boscosos del departamento.

Al difundir su imagen fotográfica, muy pronto las noticias se generaron con un cariz de regeneración ambiental (como lo presenta la CRQ) o de preservación del bosque.

Independientemente de la efectividad de estas acciones, se ha evidenciado que muchas veces los animales silvestres sufren atropellos cuando acceden a las vías pavimentadas que rodean a estos bosques, conocidos como Distrito de Conservación de Suelos Barbas Bremen. Pero también se entiende que dicho ecosistema es un territorio de gran biodiversidad, con muchas especies endémicas, lo que ha determinado sea clasificado como un santuario de flora y fauna. En estos lugares no deben tener cabida la caza furtiva ni la siembra invasiva de especies arbóreas foráneas en sus fronteras. Así, en aras de su protección, empieza a configurarse una categoría que lleve a pensar en la real aplicación de un mecanismo contemplado en la legislación cultural, dentro de los campos de alcance del Patrimonio Cultural Inmaterial. Es el atinente a los espacios categorizados como sitios sagrados y donde los bosques caben completamente en su consideración.

La imagen de la danta -que fue apreciada por la cámara trampa- nos refleja el momento afortunado que facilita la tecnología en la visualización de la riqueza faunística de los bosques frágiles. Es una intromisión en su medio, pero es también la necesaria testificación de su movilidad y de su presencia, en proyección al conocimiento que, de estos animales, tendrán las generaciones futuras. Será el legado paradigmático para la humanidad (como ocurrió con el ave dodo de las Islas Mauricio) cuando muchos animales silvestres estén en la lista de los ya extintos.

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Hace varios años, en el diario La Crónica del Quindío (ejemplar del 15 de agosto de 2015), se publicó un artículo de mi autoría, referente al tema de los encuentros fabulosos con animales, titulado Tres historias de profunda ecosofía.

Hoy, por cuenta de la danta avistada, rememoro aquellos momentos ensoñadores que motivaron mi escritura. El primero, con un perezoso en una casa del área semiurbana. El segundo, el paso de una tarántula, de un extremo a otro de la vía carreteable. El contacto con una danta amazónica en la región selvática del Vaupés. Los dos primeros, en cercanías del bosque de Bremen de Filandia. El tercero, en una comunidad indígena de las riberas del río Pirá Paraná.

Bremen y Nyi. Son dos lugares de los afectos que han marcado mi identidad. El primero es el nombre dado al bosque frondoso de mi natal Filandia. El segundo es un territorio mítico de la selva del sur del Vaupés. Cuando recorría la periferia del Bremen, con grupos reducidos de estudiantes, sabía que estaba sembrando en ellos la semilla de la sensibilidad ambiental, pues con lo experimentado allí era difícil no salir convertidos en mejores personas y con sentimientos de preservación y cuidado de los recursos naturales. Además de entender que el bosque es el equivalente a una fábrica de agua y es otro recinto de la cátedra ecosófica, leyendo ello como el conocimiento del equilibrio en el manejo del medio ambiental. El bosque es igualmente el disfrute de los sentidos, traducido en la observación de sus helechos en espiral, de la frescura, del aroma, del murmullo, de los colores de sus yarumos, del movimiento del ciempiés y otros insectos. En fin, de la sinfonía de sonidos que le aportan un toque ceremonial. Porque entendemos que el bosque de Bremen es un templo de la naturaleza, como otros del país - incluyendo a Chiribiquete en el Guaviare - que deben estar alejados de la acción del turismo masivo y depredador. Tal cual es la condición de un santuario.

Como lo escribí en el artículo mencionado, en el mes de noviembre de 1985 recorrí el tramo fluvial del Pirá Paraná hasta su desembocadura en el Apaporis. El Pirá es una corriente hídrica que ya aparece en la Lista de Patrimonio Inmaterial de Unesco, desde noviembre de 2011, por cuenta del reconocimiento de los pueblos indígenas asentados en sus riberas y en las de algunos caños tributarios. Tal inclusión en la Lista de Patrimonio Mundial se hizo con el nombre de los “Conocimientos de los Chamanes Jaguares de Yuruparí”.

Fue al mediodía que arribamos al puerto de un caserío del grupo étnico Makuna, conocido con el nombre aculturado de Piedra Ñi. Nos sorprendimos con una escena inolvidable. Una danta joven retozaba con los niños. La visión no quedó solamente allí. A las 5 de la tarde, en el baño vespertino del río, el animal también acompañaba a los adultos que allí se encontraban. No era la imagen de la fiera salvaje, ni la del mamífero domesticado. Era la esencia pura de una situación de zoociedad, entendido ello como la identificación con los animales en el plano de relación simbólica. Entendí eso mejor cuando supe que, en los meses de febrero y marzo se celebra entre los Makuna la fiesta de los animales ,en plena cosecha de chontaduro, y en la que los hombres los representan, ataviados con máscaras de corteza de árbol.

La danta de esa ocasión se iba a su nicho selvático en la noche y regresaba al día siguiente. Para los Makuna, las dantas “son gente, tienen alma, son sus ancestros”. Se considera que si se mata a una danta en un salado (el abrevadero donde el animal bebe agua en la quebrada)se está sacrificando “a un hombre joven con toda la parafernalia de baile o a una joven soltera hermosamente pintada”.

El anterior relato de un viejo habitante llamado Ignacio Makuna, y mencionado por el antropólogo Kaj Arhem en su ensayo titulado ‘Ecosofía Makuna’ (1981), es la comprobación de otro elemento de carácter simbólico y cosmogónico que se encuentra cerca de este caserío del río Pirá Paraná. Allí se ubica el petroglifo más famoso de la selva. Se conoce con el nombre original de dicha comunidad ribereña. Es la piedra de Nyi,”localizada prácticamente en el punto donde el río cruza la línea equinoccial, en ese lugar el rayo fálico del sol cenital no arrojó ninguna sombra” (Gerardo Reichel Dolmatoff en: ‘Orfebrería y chamanismo’, edición de 2005). Por su parte otro investigador, el botánico Richard Evans Schultes, en su libro titulado ‘El bejuco del alma’ (Ediciones Uniandes,1992) hace la siguiente interpretación de la piedra de Nyi, el poblado donde encontré la danta de mi experiencia ensoñadora:

“...Este bello grabado en piedra constituye sin duda el petroglifo más elaborado de la Amazonia colombiana. Es sagrado para todos los indígenas de una amplia área… Los indígenas del presente creen que marca el sitio exacto donde la “primera gente” llegó de la Vía Láctea en una canoa empujada por la serpiente anaconda - un hombre, una mujer y tres plantas: yuca,coca y yagé...”

Las dos dantas de mis vivencias. Las dos visiones del universo chamánico. Los dos mensajes de la naturaleza agredida. Las dos ensoñaciones. ¿Podemos responder a este llamado? ¿Comprenderemos el mensaje del bosque?Si no lo entendemos a través de sus plantas, riachuelos y animales del ámbito sagrado, seguiremos en la marcha de su extinción.


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