Historia / MAYO 16 DE 2021 / 8 meses antes

Historias de puntas de flecha, de memoria indígena y canción

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Historias de puntas de flecha,  de memoria indígena y canción

Pueblo Kogi.

En una de las funciones musicales recientes del Teatro Azul de Armenia, el cantautor argentino Facundo Cámpora comentó e interpretó una canción que hace honor a la tradición indígena ancestral. Desde la mención de dos hechos de la cultura, nos dio a conocer las facetas del pueblo Talu hét, grupo nómada de la Pampa y la Patagonia de su país natal, cuando incluyó en el repertorio la recordación de las flechas “que brillan como estrellas” y la “harina de pan formada con langostas molidas”, que preparaban como alimento en las temporadas de invasión de estas plagas. El cantante los menciona en los recitales que ofrece, que son memorables por su voz, su postura y la pasión al interpretar historias y vivencias, lo que convierte a este poeta en un pregonero terrígeno del folclor argentino.

La figura alegórica que emplea, al referirse a las flechas “que brillan como estrellas”, se traduce en las evidencias que nos dejaron los pueblos más antiguos, representadas en muchos objetos arqueológicos de fina punta, con retoques en su textura de piedra casi diamantada, en tanto ellos fueron tallados en material muy duro, especialmente sílex u obsidiana. Son, en palabras sencillas, las armas que utilizaron los primeros pueblos americanos, hace diez siglos, en las faenas de cacería de grandes mamíferos, entre ellos los mastodontes, que eran los ancestros del elefante moderno y un poco más grandes que éste. También servían esas pequeñas puntas de flecha, que se anudaban a una vara de madera, formando una lanza, para hundirlas en sus cuerpos y proveerse de la carne de otros animales, como el rincoterio, pariente lejano del rinoceronte, del megaterio u oso perezoso gigante, del tigre dientes de sable, del gliptodonte (un armadillo gigante) y del caballo americano, el más pequeño de todos, siendo también más reducido que el caballo actual.

Con esas puntas de flecha en piedra, también llamadas puntas de proyectil, se remataban los animales en grandes fosos, a los cuales se les conducía cuando los cazadores nómadas los encontraban en manadas. Era la época del final de una era geológica e inicios de otra en el planeta, con un clima que había sido frío y seco y que fue cambiando lentamente, lo que llevó a la extinción de esos animales y que conformaban lo que se conoce como la megafauna en el registro arqueológico.

Las flechas no solo inspiraron en Facundo Cámpora aquella hermosa canción que se refiere al grupo nómada Hét, nombre dado a esos pueblos de Argentina, que desaparecieron en el siglo XVIII, y que vivían de la caza de venados, ñandúes y guanacos.

Esas piezas líticas talladas y pequeñas, de color negro profundo la mayoría de ellas, y también encontradas en muchos lugares de Colombia, nos dejan a todos en su observación simple las más grandes inquietudes sobre su origen y utilización. Son las huellas que se abandonaron en “el paso antiguo tras el verano, buscando frutas, sombra y miel”, como se menciona en la canción poética del artista. Este tema musical hace parte del contenido de su último disco compacto, titulado “Desnudas coplas”. En la carátula se ve la tierra rajada y partida de un guadal reseco por el sol. Guadal es el nombre dado en Argentina a la tierra que, cuando llueve, se convierte en un barrizal.

En los departamentos del Eje Cafetero también se pueden tejer historias sobre antiguas puntas de proyectil y otras evidencias de piedra, encontradas casualmente o en prospecciones y excavaciones arqueológicas. Quedaron ellas depositadas u olvidadas, ya no en guadales, sino en las capas de estos terrenos fértiles, hoy convertidos en potreros y cafetales, y que se enriquecieron además con las cenizas volcánicas.

Las puntas de piedra son, junto con lascas y cortadores, la evidencia del paso de cazadores y recolectores por los diferentes corredores del territorio. Los hallazgos no están asociados a entierros funerarios. Generalmente esas flechas quedaban enterradas en el cuerpo de animales heridos, que luego caminaban y morían en otros lugares. Esta es tal vez la mejor explicación sobre sus hallazgos fortuitos. Recuerdo que, navegando yo en aguas de un río amazónico del Vaupés, al lado de la canoa donde me transportaba pasó flotando un pescado que tenía todavía una flecha de metal clavada en su cuerpo. Seguramente, en un puerto cercano, o en otra canoa, un indígena había perdido el ejemplar de su pesca horas antes, y en esas circunstancias ese arpón de metal llegó a mis manos, el que todavía conservo. 

Son varias las historias de hallazgos de puntas de flecha de piedra en el territorio del Eje Cafetero. En el Quindío, la primera quedó reseñada en la revista Ñawpa Pacha número 14, del Instituto de Estudios Andinos de Berkeley, publicada en 1976. Menciona el hallazgo de una punta de proyectil lítica, lascada y retocada de bordes aserrados, en la vía adyacente al aeropuerto El Edén de Armenia. La encontraron los arqueólogos Óscar José Osorio y Karen Olsen Bruhns, cuando observaban la remoción de tierras en la construcción de la pista de aterrizaje.

También, en la construcción de lo que será el Aeropuerto del Café de Manizales, las arqueólogas Leonor Herrera y Cristina Moreno reseñan en el libro titulado “La historia muy antigua del municipio de Palestina, Caldas”, y publicado en 2011, el hallazgo de otra evidencia en el sitio El Mirador. Así se anota en la página 26:

“Se había terminado la exploración arqueológica y los buldóceres habían atacado las primeras capas de suelo, dejando destapado uno muy antiguo. Durante el monitoreo se encontró aquí una pequeña punta de proyectil de piedra finamente elaborada en un material llamado chert. Este material no es local, sino que es originario probablemente de la Cordillera Occidental en el departamento del Valle del Cauca”.

Pero el hallazgo más significativo del Quindío se hizo en Montenegro, finca Miramar, vereda El Gigante, en el año 2011, cuando se realizaban excavaciones arqueológicas. Se reseña en un folleto publicado por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia Icanh: 

“Durante las labores de monitoreo se excavaron 15 tumbas, se identificó un sitio de vivienda o campamento temprano correspondiente a grupos de cazadores, recolectores y horticultores y una punta de proyectil, utilizada para la caza de grandes mamíferos en épocas de grandes cambios climáticos entre el final del Pleistoceno y el Holoceno temprano, acaecidos entre el 10.500 y el 9.000 antes del presente”.

Lo novedoso de este hallazgo es que dicha punta de flecha se encuentra exhibida dentro de una de las vitrinas de la muestra arqueológica de la Casa de la Cultura de Montenegro. Allí reposa sin que despierte el interés de los quindianos, ignorando que es el objeto más antiguo que evidencia el poblamiento temprano de este departamento.

Las historias reseñadas, con sus relatos derivados, no tendrían ningún sentido si no se contextualizan con lo vivido y actuado por los grupos indígenas actuales de América. Lo arqueológico sirve como alimento y renovación de las tradiciones, que los pueblos amerindios conservan todavía en sus cosmogonías y en su acervo mitológico. Por esa razón, Facundo Cámpora menciona en su canción sobre los Talu hét a las dos figuras míticas, recordadas hoy por otros pueblos descendientes. Son Soychú, el dios tutelar y Gualichú, el espíritu del mal. En Colombia, las culturas indígenas actuales hacen ver también lo suyo, desde sus contextos mitológicos, pero también en el plano de la lucha por sus derechos y el debido reconocimiento que debemos tener todos los colombianos por su ancestralidad.

Por eso es importante traer a colación el siguiente aparte del ensayo titulado “Holderlin y los Uwa”, escrito por el poeta William Ospina, en relación con el grupo indígena uwa de Colombia, un pueblo de origen chibcha que lucha contra la explotación petrolera en su resguardo, al oriente del país:

“Es asombroso que todavía hoy se desprecie y se descalifique el saber que los pueblos tienen de su entorno. Los mitos de los uwa de la Sierra Nevada del Cocuy y de los koguis de la Sierra Nevada de Santa Marta, que no son maneras de interpretar la naturaleza sino maneras de vivir en ella con profundo sentido de la responsabilidad, reconocen la riqueza de sentidos del mundo natural y celebran complejas ceremonias de alianza y de intercambio que es urgente considerar hoy, cuando la actitud meramente utilitaria, lucrativa e irreflexiva de la sociedad industrial amenaza con hacer colapsar el universo natural en tantas regiones del mundo. Por ello es urgente preguntarse cómo, a pesar de las sabidurías de los pueblos nativos en todas las regiones del mundo, de sus mitologías y de los innumerables conocimientos adquiridos por la observación a través de los siglos, hemos terminado construyendo una idea de desarrollo fundada en la imitación de modelos ilustres y la subordinación de unas regiones a las prioridades de otras”. Tomado de la revista Número, Edición 45, año 2005.

Como colofón es bueno anotar que los dos grupos a los que se refiere el ensayista William Ospina viven en regiones donde testimonios arqueológicos de piedra, como las puntas de proyectil, están en su entorno. Ospina menciona en el artículo cómo podría existir relación, en territorio uwa, entre algunos menhires (bloques de piedra) antiguos, sembrados sobre la tierra en rutas de sitios precisos - tal vez lugares sagrados - con la enumeración de palabras de la lengua chibcha. Y tampoco podemos olvidar que en territorio kogui y de otros pueblos que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta se encuentran los vestigios de piedra de las ciudades y caminos de sus antepasados, los tairona.

Todos los pueblos indígenas actuales de este país asumen presencia con sus historias, que les otorgan la importancia de ser los descendientes de aquellos primeros habitantes del territorio, donde lo arqueológico y la lucha permanente de su realidad actual se resumen en un valor excepcional. Ello se llama ancestralidad.


Temas Relacionados: Historia Indigenas

COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net