Historia / FEBRERO 28 DE 2021 / 10 meses antes

Me encontré en la vida con… Audifacio Toro Patiño

Autor : Gabriel Echeverri Gónzalez

Me encontré en la vida con…  Audifacio Toro Patiño

Distinguido ciudadano que nació en Filandia en 1911 y falleció en Melgar en 1985 por accidente de carretera. Padres: Audifacio Toro, abogado y juez municipal, y Rosario Patiño. 10 hijos: José, Ezequiel, Antonio —famoso pintor , Alfonso —comerciante exitoso y sacerdote por vocación tardía —, Gonzalo —estudiante valioso, abogado y conocido notario de Armenia —, Lola, Margarita, Helena, Ana y Audifacio.

Cursó estudios primarios hasta los 12 años. Gracias a su inteligencia y talento sorprendentes, se convirtió con losa años en un destacado autodidacta e incansable lector. Su amor por la educación hizo que  se esforzara por dársela lo mejor posible a sus hijos, de tal manera que los educó a todos en EE. UU. 

Contrajo matrimonio con la señorial dama de Amagá, Bertha Botero, el 16 de febrero de 1934. De dicha unión nacieron 9 hijos: Beatriz y María Cristina, bacteriólogas; Martha Inés, traductora oficial; María Victoria y  Victoria Eugenia, expertas en hotelería y turismo; Guillermo Fernando, ingeniero civil; Pedro Miguel, economista,  financiero y banquero; Clara Libia, diseñadora de modas en el FIT de NY, y Olga Lucía, graduada en Filosofía y Letras Gustavo Adolfo Ingeniero Civil, en la Universidad Javeriana, con especialización en la Sorbona de París.   En su interés genuino por educar con altos estándares a su familia, primero envió a las 2 mayores al Mount St. Mary’s Academy de New Jersey;  luego a las 2 siguientes y por último a la quinta hija.  Con esta dispuso además que viajara su esposa por la sencilla razón de que las mayores ya se disponían a trabajar en sus profesiones y había que atender dentro de un núcleo familiar a esas 5 hijas mayores. Audifacio por esa época ya le tomaba el pulso al futuro de tal manera que les inculcó la necesidad de aprender varios idiomas. Para su orgullo, todos sus hijos resultaron siendo políglotas y pudieron ejercer en Colombia con las grandes compañías extranjeras de la época. Asimiló todo lo que leyó a tal punto que en su único viaje a Europa con sus hijas, fue el guía que a su paso por sitios emblemáticos repasaba la historia del lugar, recitaba versos o recordaba episodios importantes. 

Los primeros pasos

Desde la escuela se las ingenió para vender dulces a los compañeros. A los 12 años, ante la muerte de su padre, tuvo que trabajar en un almacén de Vicente Giraldo, como domicilio, en donde demostró su talento.  En una ocasión estando el gerente y el contabilista revisando cuentas con calculadora en mano, Audifacio dio  el resultado exacto sacado de su mente privilegiada, lo cual le significo reconocimiento y un ascenso inmediato.

Con suma audacia y talento progresó en el comercio, montó el almacén Lord como distribuidor exclusivo para el Quindío y el norte del Valle de la famosa firma Everfit;  más tarde el almacén Borsalino y otros, con importaciones de ropa  de hombre, vinos, rancho español, muñequería fina, dulcería del Reino Unido y vajillas  Bavaria; por su buen gusto buscó mercancías exquisitas en el mercado exterior. Fue además fundador de Fenalco y trajo a Armenia el Banco del Comercio. Rechazó las gerencias de este y la del Banco Cafetero. Tuvo que ver con la construcción de la plaza de Toros. Su generosidad también contribuyó a que fuera posible la destinación de los terrenos para el parque Fundadores. 

La Marina

Interesado en la construcción, ya destacado en el medio, comenzó a comprar lotes que construía o vendía valorizados. Con ese propósito tuvo la osadía de comprar sin tener con qué, en 1945, la finca La Marina de don José Manuel Jaramillo, cuya casa estaba situada donde es hoy la iglesia del Espíritu Santo. Reunió entonces 20 de sus mejores amigos y con aportes de $1.000 cada uno, pudo pagarse la compra. De inmediato dispuso las bases para la construcción de 20 casas en lo que llamó el barrio Alcázar en 1946, dando inicio al enorme crecimiento urbanístico de la ciudad. Más tarde, con el joven arquitecto Jesús Antonio Niño Díaz, a quien presentó a los estamentos sociales y económicos en  un banquete en el famoso hotel Embajador, continuó con la construcción de otras 30 casas, las mal llamadas de ‘Pintuco’. La empresa constructora se llamó Siar Ltda —Sociedad Inmobiliaria Armenia Limitada—, con otros 2 socios: Luis Tito Gómez y Hermanos, de la organización almacenes El Lobo e Isaíl Mowerman.

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9 de abril de 1948.

La noticia del asesinato de Gaitán se conoció casi al instante y en la fogosa y terrible tarde, fueron quemados sus 5 almacenes. Rápidamente se encerró con su familia en su casona, aún en construcción, donde después funcionó el colegio del Rosario y actualmente es sede de la Universidad Alexander von Humboldt. Tuvo la fortuna de salir ileso aunque con la pena de haber quedado arruinado.

Cali es Cali

Con los dineros del préstamo otorgado por el gobierno a los damnificados, $150.000, puso el almacén de electrodomésticos e importaciones de ranchería y dulcería europea Toro y CIA,  y volvió a progresar. En 1949 cumplió con su anhelo enviando a sus 2 primeras hijas a los Estados Unidos, como ya señalé.

Bogotá-Armenia-Bogotá.

Alternó sus actividades de comercio y negocios. En la capital, en 1952,  ideó la creación de la Casa de Colombia en New York y para tal efecto solicitó a su hermano Alfonso hacerse cargo de su montaje en la gran ciudad; un próspero negocio comercial de exportaciones e importaciones y de relaciones turísticas, que buscaba el beneficio comercial de Colombia. El presidente Laureano Gómez se interesó en colaborar con la excelente idea de Toro Patiño, pero las circunstancias políticas del abandono del poder le impidieron progresar en la idea y nuevamente se vio obligado a “volver a emprender”.  De 1953 a 1956 vivió una época difícil y debió vender algunos lotes de su propiedad. Trabajó en Bogotá activamente en comités procreación del departamento del Quindío. Bajo su iniciativa convocó a sus paisanos para la creación del Club del Quindío, que funcionó en el parque Teusaquillo. Durante varios años fue el principal promotor de este lugar de encuentro familiar, con tardes amenas de música y gastronomía.

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Obra majestuosa.

Con Alfonso Giraldo Tobón, heredero de Vigig, pudo negociar la tierra que hoy ocupa la urbanización María Cristina.  Audifacio pensó en un complejo urbanístico de envergadura, como consecuencia de la construcción del puente sobre la quebrada La Florida, con acceso directo de Calarcá hasta la plaza Bolívar. Con su notable visión acudió al Instituto de Crédito Territorial, entidad con la cual acordó un plan de viviendas con el sistema P3. Se inicia así un programa de planeación urbana valiosa con la ayuda de su hijo Guillermo, reputado ingeniero, que girará en torno a la avenida Centenario considerada hoy con justicia como una de las obras de más visión para el desarrollo de la ciudad, con la concepción y especificaciones de una gran vía: andenes, zonas verdes, ancho de calzadas, buen separador central y generosos antejardines, con la idea de que el tráfico pesado no entrara al centro de la ciudad. Es así como con sus propios dineros y con el ICT, sin otra ayuda pública que la aprobación del proyecto, construyó María Cristina I,  en homenaje a su segunda hija. Fueron 11 edificios con 176 apartamentos y más de 300 metros de doble calzada con sus obras de urbanismo. Todo a pesar de las duras dificultades que tuvo que sortear. En 1982 hizo el programa de vivienda sin cuota inicial del ICT en 12 edificios con 202 apartamentos y obras de urbanismo en María Cristina II. Más tarde hizo María Cristina III de 4 edificios y 80 apartamentos. Su última gran obra fue apoyar empresarialmente la construcción de Torres del Alcázar en 8 edificios con 128 apartamentos, ideada y construida en su totalidad por su hijo ingeniero.

Generoso, altruista, magnánimo, formó a su familia en la excelencia y supo batallar con ahínco en su existencia; cívico y solidario con los más necesitados, culto por su propio esfuerzo, educó el oído para la buena música y el gusto por la buena mesa. Trabajador incansable, supo vivir con generosidad y alegría constante en ejemplo de resiliencia al grado máximo.

Audifacio Toro Patiño fue uno de los grandes baluartes de la región y un ejemplo maravilloso de trabajo constante y honorabilidad; amó a su familia y por ella siempre luchó hasta su muerte; fue sensible con las personas más necesitadas. Quiso al Quindío, un referente vital de todos los días. Un hombre grande en su sencillez y humildad, que hoy queremos recordar a las nuevas generaciones. Un gran ser humano, hecho entre las calles de su ciudad amada.



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