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Historia / MAYO 12 DE 2024 / 1 mes antes

Me encontré en la vida con… Flor Montalvo Albarracín

Autor : Gabriel Echeverri González

Me encontré en la vida con… Flor Montalvo Albarracín

 

 

Escritora con dos obras publicadas y un tesoro de más de cien poesías aún por desvelar al mundo.

Deslumbrante poeta dotada de talento especial, nacida en Ibagué el 29 de mayo de 1929, sus padres Gabriel Montalvo y María Eulogia Albarracín, agricultores, en dicho hogar varios hijos: Eva, Delfina, Gabriel, Víctor, Adán, Félix, María Aminta, Hermelinda, Flor.

Llegó de cuarenta días a Circasia y nunca más volvió a salir, estuvo medio año en la escuela de Circasia y otro medio en la escuela de Salento y no pudo hacer más estudios regulares, pero con enorme tenacidad aprendió a leer y escribir y se fue convirtiendo gracias a su empeño, en una notable cantora del idioma a través de bellos poemas. Lectora voraz, la lectura la liberó y le dio el instrumento básico para la vida. Juntaba letras y aprendió rápido gracias a su tenacidad.

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Contrajo matrimonio con el ciudadano Gilberto Quintero Arbeláez, negociante y comerciante, diez hijos: Nora, Néstor, Claudia Nobiola, Nidia, Nelson, Julio, Gilberto, Ricardo, Mercedes y Marcela. El señor Quintero murió el 19 de marzo de 1984, y le tocó a la señora Flor asumir los rigores del sostenimiento del hogar.

Su arma vital fue la lectura que le ayudó a superar los sufrimientos y las dificultades cotidianas, sus principales influencias poéticas fueron Rafael Pombo y el gran vate de Circasia Noel Estrada Roldán; Pombo, uno de los grandes poetas de Colombia, con cantos que han superado ampliamente las famosas estrofas de la pobre viejecita y de otras obras inmortales, uno de los padres del romanticismo en Colombia, famoso también por su contribución a la literatura infantil.

Libros de poesía

Autora de dos libros publicados y más de cien poesías inéditas; sus libros: Poesías de la abuela y Los pensamientos vagan en el recuerdo, contienen una inmensa riqueza telúrica y existencial; en un bello poema canta con infinito amor a su bella ciudad de Circasia:

A usted amigo le digo
pero con mucho respeto,
no me hable mal de Circasia,
Porque ahí sí, lo dejo quieto.


Es como si a usted, amigo
le nombraran su mamita,
se le encrespa a uno el alma,
y el corazón le palpita.

Si usted viene hablar mal de ella,
de la vuelta y se me va,
porque yo, con alma y vida,
te hago respetar mamá.

Porque sos Circasia mía,
mi madrecita adoptiva,
pues me criaste desde niña,
y te amaré mientras viva.   

Bien lo dice hablando de sus publicaciones el escritor y erudito Roberto Restrepo Ramírez: “(…) Su primera obra Poesías de la abuela fue publicada el 13 de febrero de 2010, gracias a la ayuda de su nieto César, radicado en España. Su segunda publicación de poemas, se compendió bajo el título Los pensamientos vagan en el recuerdo, con el apoyo de la escritora Noemí Pinto. La presentación se hizo en solemne acto en el colegio San José de Circasia, el 30 de julio de 2016, cuando el gestor cultural circasiano Helio Fabio Henao Quintero- ya fallecido-  organizó un homenaje a los cincuenta años del departamento del Quindío. En esa ocasión brilló el contenido de la poesía popular de Doña Flor, y se recordaron otros poetas, hijos adoptivos del municipio libre, ya fallecidos, como Carmelina Soto, Noel Estrada Roldán, Emilio Gómez Zuluaga, Antonio Sánchez García (…)”1.

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Restrepo amplio conocedor de la vida y obra de la autora, recordó a sus lectores, el poema que Doña Flor dedicó al museo Cipriano Echeverri, que dice así:

“En mi niñez, recuerdo, tenía árboles frutales, sembrada de cafetos, naranjos y guayabales, / que alegraban el canto de los turpiales / Aquella vieja casa fue cambiando de dueño, con extensión muy grande, aquel hermoso predio, quedaba en la vía, bajando al cementerio. / Tuvo una nueva dueña, la llenó de flores de novios, begonias, rosas de colores, doña Aurita se sentía orgullosa del hermoso jardín lleno de mariposas. / En los corredores, los pájaros hermosos alegraban las mañanas, se escuchaba el croar de las ranas, en los potreros se oía el bramar de los becerros y también el ladrar de los perros…/”. El bello homenaje a una histórica casa de la bella ciudad de Circasia. Esta bella casa en mención –de acuerdo con Roberto- es el detalle textual que hiciera el eminente historiador del arte, Néstor Tobón, oriundo de Calarcá, su valiosa obra Arquitectura de la colonización antioqueña.

En la revista Píndaro de enero de 2010, insertó un poema donde expone su ternura de madre, su valiosa condición humana: “(…) Yo sentí una gran ternura / por ese pobre angelito / y pensé por qué la madre / lo abandonó tan bebito. / Acaso sería que el padre / abandonó a la mamá / o ella no quería tenerlo / porque no tenía papá. / (…) Padre, padre no es el que engendra, / y no se vuelve a acordar / que para formar un hijo / hay que darle un buen hogar. / yo te prometo mi niño /que, en mí, si vas a encontrar / todo ese amor y cariño / que te negó tu papá. /”.

En su libro Poesías de la abuela, la autora incluyó su bello y sentido poema a los desplazados, que le mereció un premio destinado a poetas de la tierra, viaje a Cartagena. De esta obra debo destacar el titulado Aquella flor, que dice: “Entre las cosas que encontré tiradas, cuando saliste huyendo, presurosa, / levanté yo  del suelo aquella rosa, ya marchita la pobre y pisoteada…/ Y recordé la vez que te entregué aquella flor, apasionado y loco te la entregué y te dije falta poco, / para no separarnos dulce amada…/ y entonces sobre aquella flor juramos no separarnos nunca en esta vida, / y siguieron los besos sin medida / se unieron los cuerpos hasta el amanecer del nuevo día. / ¿Qué fue del juramento que me hiciste de nunca separarnos en la vida, por qué mi amor, porqué mentiste? / si tenías preparada tu partida. /”.

Flor Montalvo Albarracín, poeta y cantora, con el mérito inmenso de apenas con primero de primaria, poder levantar a su numerosa familia, escribir poemas con el maravilloso empeño de su hermosa existencia. Una dama que aprendió a leer y desde ese momento con la llave mágica de la lectura, descubrir mundos insospechados en su rica vida interior; condecorada por la alcaldía de Circasia, ha representado la ciudad en distintos eventos culturales en el departamento y en Dosquebradas, e invitada a leer algunos de sus poemas.

Rindo testimonio de admiración y gratitud a esta noble señora, por su capacidad de luchadora insigne, por su mensaje vital y poético que enaltece la poesía colombiana; gracias al apoyo del gran amigo escritor Roberto Restrepo Ramírez y la escritora Noemí Pinto, he podido mostrar a los lectores una parte de la producción poética de una madre que representa con creces la tenacidad y dignidad de la mujer de la tierra. Abrazos doña Flor. 


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